Bagdad. El Ejército de Estados Unidos se mantiene firme en su objetivo de reducir el número de soldados en Irak a 50.000 para el 31 de agosto, cuando la misión de combate de siete años y medio lanzada por el ex presidente George W. Bush llegue a su fin oficial.


La última brigada estadounidense oficialmente clasificada como unidad de combate traspasó sus responsabilidades a sus contrapartes iraquíes el 7 de agosto, pero los soldados han ido saliendo del país en aviones y por vía terrestre durante un año.

"Mi experiencia personal es que valió la pena. Pagamos un alto precio", dijo el sargento primero Christopher Hush, del 1er. Batallón del 116 regimiento de Infantería que salió hacia Kuwait a principios de esta semana.

Los medios estadounidenses dijeron este miércoles que las últimas tropas de combate estadounidenses habían dejado Irak, pero funcionarios aclararon que todavía quedan 56.000 soldados en el país, por lo que la reducción a 50.000 efectivos para el 1 de septiembre prometida por el presidente Barack Obama todavía no concluyó.

En realidad habrá pocos cambios en la misión estadounidense en Irak cuando llegue el 1 de septiembre, ya que muchas unidades militares han empezado a focalizarse en entrenar y ayudar a las tropas iraquíes y a la policía hace más de un año, cuando dejaron las ciudades iraquíes el 30 de junio de 2009.

Gran parte del material bélico estadounidense y muchos de los soldados que están saliendo de Irak se desplegarán en Afganistán, donde las fuerzas de la OTAN están combatiendo un resurgimiento de la insurgencia talibán.

El final de la misión de combate de Estados Unidos en Irak supondrá un hito en la guerra que comenzó en 2003 con la invasión que derrocó al dictador Saddam Hussein, cuyo gobierno estuvo marcado por una guerra con Irán, la invasión de Kuwait, el declive económico y el aislamiento diplomático.

Más de 4.400 soldados estadounidenses han muerto desde la invasión, y hasta 106.071 civiles iraquíes también fallecieron en el feroz conflicto desatado entre la mayoría chiíta y la minoría sunita que gobernó el país con Hussein.

La violencia sin embargo ha caído abruptamente desde su punto más alto en 2006 y 2007, cuando las tropas estadounidenses llegaron a sumar unos 170.000 efectivos.

Pero una resistente insurgencia sunita liderada por islamistas sigue llevando a cabo atentados devastadores e Irak continúa siendo un lugar frágil.

Sus líderes no han resuelto aún una serie de asuntos políticos explosivos que fácilmente podrían provocar nuevos enfrentamientos, como las tensiones entre la mayoría árabe y la minoría kurda y la reconciliación entre sunitas y chiítas.

Tampoco han sido capaces de formar un nuevo gobierno cinco meses después de unas elecciones que no arrojaron un ganador claro, y las tensiones se han avivado por una serie de atentados suicidas obra de los insurgentes, que tratan de aprovechar el vacío de poder de cara al fin de la misión estadounidense.

Obama prometió a los votantes estadounidenses que detendría las misiones de combate el 31 de agosto, y completaría la retirada a finales de 2011, como se acordó en un pacto bilateral de seguridad firmado por su predecesor.

El mandatario ha dicho que no quiere que ningún soldado siga en Irak después del 1 de enero de 2012, incluso aunque sea imposible para Irak mantener su propia fuerza aérea y estar listo para proteger su integridad territorial para entonces.

Con encuestas que muestran que los estadounidenses están cansados de casi una década de guerra en Irak y Afganistán, cualquier decisión a favor de extender la presencia militar de Estados Unidos en Irak sería enormemente riesgosa para Obama, que está en carrera para la reelección en 2012.