Santiago. desde la Cuarta hasta la Séptima región, Chile estuve a oscuras por una falla en el Sistema Interconectado Central dejando sin luz a casi la totalidad del país, afectando seriamente a industrias y retrasando el quehacer de actividades claves como la minería.

El corte de luz o black out comenzó a las 20:30 horas de ayer y se prolongó en algunos sectores hasta las 23:30 horas (hora de Chile) con un servicio bastante intermitente.

La Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC) inició de inmediato en el Centro de Despacho Económico de Carga (CDEC) el análisis de los factores que llevaron al corte.

La primera información entregada el sábado fue que una falla en un transformador de 220 kV en la subestación Ancoa provocó el apagón.

Pero esa no fue la única dificultad, pues el ministro de Energía, Rodrigo Álvarez, explicó que se cayó el moderno software computacional que tiene interconectadas a todas las empresas eléctricas que operan en el Sistema Interconectado Central (SIC), lo que en la práctica hizo más complicado volver a suministrar energía al sistema.

Alvarez estuvo durante toda la noche monitoreando la situación, trasladándose luego hasta la Oficina Nacional de Emergencia (Onemi), organismo que fue blanco de críticas por el escaso manejo de información durante los primeros minutos de la crisis.

"Hubo un problema grave en el sistema de recuperación remota, por lo que se tuvo que recuperar (la energía) manual y localmente (...) esta falla no había pasado nunca. El sistema computacional, que en la práctica son utilizados por varias compañías y por el propio Cedec falló, no pudimos recuperar la energía rápidamente a distancia", dijo el ministro que entregó las primeras informaciones a través de twitter.

El apagón provocó la suspensión del servicio del Metro y la consiguiente saturación de los servicios de buses. A ello se suma hechos de violencia menores en Santiago, como una turba que aprovechó la oscuridad absoluta para saquear un supermercado.

Mención aparte fue el problema vivido por los teléfonos móviles cuyas líneas primero se saturaron por la alta demanda, pero luego se cayeron siendo extremedamente complejo comunicarse en varios puntos del país.

El gobierno dijo que buscará a los responsables y reiteró que no se puede vivir una situación de este tipo. Durante 2010 se vivió otro black out en Chile, aunque en aquella ocasión se extendió por no más de 30 minutos, en aquella oportunidad el gobierno insistió en que no se puede vivir una situación de esta magnitud considerando el grave riesgo que implica dejar de contar con suministro eléctrico.