Al gobierno le empiezan a salir bien las cosas con Pluna, ya que pudo sortear el principal obstáculo con la venta de siete aviones que tenía con garantía estatal tras la subasta, y luego del anuncio de los compradores de que se los llevarán del Uruguay, quedó con las manos libres para buscar un inversor que permita recuperar la conectividad con la región  y asegurar puestos de trabajo para los exfuncionarios de la aerolínea.

Además, hizo un acuerdo con el otro banco canadiense con el que tiene contratos, lo que le permitirá reducir el pasivo en US$135 millones. Ese convenio, de todas formas, lo embreta a corto plazo. Ahora tiene dos semanas para crear, si es que encuentra un socio privado interesado, una nueva aerolínea de bandera uruguaya con los seis aviones Bombardier CRJ900 que aún mantiene tras la subasta.

Para ello, una nueva empresa debería tomar la iniciativa de negociar directamente con el propietario de esos aviones, el banco Export Development Canadá, quien había entregado las aeronaves a Pluna en sistema leasing (arrendamiento con derecho a compra), para hacerse cargo de las amortizaciones por los contratos de compra de los aparatos.

Según explicó el titular del fideicomiso creado para la subasta, Javier Liberman, si existe un interesado que acuerde con el banco canadiense hasta mediados de octubre la trasposición de los seis aviones en leasing, se formaría una empresa; de lo contrario volverían a Canadá.

Una resolución de Pluna Sociedad Anónima de la semana pasada determinó el pasaje de los seis aviones Bombardier con contrato de leasing al fideicomiso que remató los otros siete. De esa forma, se quita del proceso concursal iniciado en la Justicia ese activo, por lo que se reduce el pasivo en US$135 millones y ningún acreedor podrá recurrir contra ellos.

La sesión de Pluna fue presidida por el titular del ente, Fernando Passadore. El representante del Partido Nacional en la empresa, Daniel Delgado Sicco, votó en contra de la resolución por entender que afecta el proceso judicial.

Antes de la decisión, el directorio de Pluna junto a la sindicatura negociaron con el Export Development Canadá la exoneración del pago de las amortizaciones, con la condición de devolver los aviones antes de mediados de octubre si no se decidía instalar una nueva empresa de bandera.

“Lo ventajoso del acuerdo –en el que participó Pluna S.A. en liquidación y la sindicatura– es que por ese mecanismo la masa de acreedores vio disminuida en US$135 millones el monto que se debe”, explicó Liberman.

Tres de los seis aviones llegaron a Uruguay en 2010 para sumarse a la flota de Pluna, que en ese momento era de diez aeronaves. En noviembre de 2011 terminaron de llegar los otros tres bajo el mismo régimen de arrendamiento con derecho a compra.

Es por ello, que son seis contratos diferentes. De algunos Pluna cumplió con la amortización, mientras que otros, tras el cierre, ya vencieron. Pero la negociación con el banco que financió la compra incluye la quita de ese pago incumplido. 

En estas dos semanas, hasta que los aviones se devuelvan o se incorporen a una nueva empresa de bandera, el fideicomiso será responsable de realizar el mantenimiento.

En tanto, este martes la empresa española Cosmo, que ofertó US$137 millones por los siete aviones Bombardier en el remate del lunes, explicó en un comunicado que se llevará las aeronaves a Europa para utilizarlas en vuelos charter.

Esa decisión termina de abrirle el camino al gobierno, que esperaba noticias de qué harían los compradores con los aviones. Como moneda de cambio para conformar una aerolínea, el Poder Ejecutivo tiene en reserva las frecuencias de la ex Pluna.

Allí se encuentran entre otros los 60 vuelos semanales del puente aéreo (Carrasco-Aeroparque), que era el negocio más rentable para Pluna. También otros destinos en Argentina, Brasil, Paraguay y Chile. A su vez, debe encontrar una salida para los casi 900 empleados de Pluna y recuperar la conectividad del Uruguay, afectada (sobre todo desde y hacia Brasil) por el cierre de la aerolínea.

En ese camino hay algunos palos en la rueda. Uno es el que podría poner el gobierno argentino, al competir por los horarios más rentables del puente aéreo. Ambos países tienen por tratado binacional 60 frecuencias semanales. 

Al quedar sin uso las uruguayas desde julio, Argentina comenzó a utilizar la totalidad de las que le pertenecen, pero en los horarios más rentables. Por ello, la empresa BQB, propiedad del empresario argentino Juan Carlos López Mena, no pudo completar las 14 frecuencias provisorias del puente aéreo que le otorgó el gobierno uruguayo tras el cierre de Pluna.