Tegucigalpa. Gobiernos centroamericanos, afectados por el alza mundial en el precio de los alimentos, están recortando aranceles a la importación, congelando precios y otorgando subsidios para tratar de evitar el impacto de una crisis alimentaria.

Con dificultades todavía para mantener equilibrio en sus finanzas tras la crisis financiera global, los países más pequeños de la región enfrentan el riesgo de mayores déficits presupuestales y distorsiones en los mercados locales por lo que toman medidas para proteger a las familias más pobres.

Los precios globales de los alimentos tocaron un récord en enero, incluso mayor a los niveles vistos en 2008, cuando una crisis mundial de alimentos despertó violentas protestas en algunos países.

Los pronósticos señalan que los precios no bajarán en 2011 y la Organización para la Alimentación y la Agricultura de la ONU (FAO, por sus siglas en inglés) estima que 925 millones de personas tienen hambre o están mal alimentadas en países en desarrollo.

Los países de Centroamérica, exportadores de café y azúcar, están en una mejor situación que algunas naciones en Sudáfrica y el sur de Asia, pero son dependientes de las importaciones de maíz y trigo, además de que tienen algunos de los mayores índices de pobreza en América.

Las medidas en Centroamérica para frenar el hambre colocan en un serio dilema a los gobiernos de la región. La reducción de aranceles baja los precios pero sólo de manera temporal y eleva el riesgo de expandir déficit presupuestales.

En Honduras, un 70% de la población es pobre y 40% de los habitantes en zonas rurales en Guatemala y Nicaragua viven en extrema pobreza, de acuerdo con Naciones Unidas.

Mientras los altos precios de los granos están ayudando al "boom" económico de grandes productores de granos como Argentina y Brasil, pequeños productores y pobres en zonas urbanas en América Central están vulnerables, especialmente después de inundaciones que afectaron cosechas el 2010.

Productores hondureños perdieron casi la mitad de su cosecha de frijol rojo en 2010 debido al mal clima. El precio del frijol, alimento básico en la dieta de los hondureños, subieron casi tres veces en la segunda mitad del año pasado hasta que se impusieron controles de precios.

Incluso ahora están un 75% arriba y hasta más en algunas áreas del país.

"Antes compraba una medida (5 libras) de frijoles cada 10 días y ahora sólo compro media (2.5 libras)", dijo Amada López, una mujer jubilada de 66 años, en un popular y céntrico mercado en Tegucigalpa.

"Si la cosa sigue así vamos a tener que dejar de comer un tiempo (una de tres comidas diarias)", subrayó.

Para suavizar los efectos del alza en los precios, el Congreso de Honduras congeló en noviembre los precios de 33 productos, incluyendo frijoles, maíz, productos lácteos, carne y huevo. El 19 de enero, legisladores extendieron la medida por 20 días más a pesar de reclamos de la industria agropecuaria.

El Gobierno de El Salvador, que ha visto duplicar el precio del frijol rojo desde junio del año pasado, decidió comprar cinco millones de frijoles libres de arancel de China y venderlos con descuento.

También planea incrementar el gasto en programas de combate a la pobreza en un 30% este año.

Inequidad, decisiones difíciles. Guatemala está considerando recortar aranceles a la importación de trigo y está repartiendo comida y vales a trabajadores rurales que ganan menos de US$5 al día cortando caña o recolectando café.

Guatemala es la mayor economía de Centroamérica pero profundas desigualdades han dejado a alrededor de 45% de la población con desnutrición crónica. Este es el único país en América Latina en donde la población mal alimentada se incrementó entre 1990 y 2007, según la FAO.

La inflación está colocando a algunos alimentos básicos, incluyendo el azúcar, pollo y la carne fuera del alcance de muchas personas en países sudamericanos, incluyendo a Bolivia, que no tiene salida al mar.

El izquierdista presidente boliviano, Evo Morales, culpó al capitalismo y al calentamiento global por el fuerte alza de los precios de los alimentos en Bolivia y advirtió que severas heladas podrían provocar hambruna en la zona andina.

Las medidas en Centroamérica para frenar el hambre colocan en un serio dilema a los gobiernos de la región. La reducción de aranceles baja los precios pero sólo de manera temporal y eleva el riesgo de expandir déficit presupuestales.

La FAO advierte que el control de precios puede distorsionar el mercado local y los subsidios provocar el indeseado efecto de agravar el déficit.

"El problema es que algunos de los granos, dado que están subsidiados, han escapado a otros países debido a que los precios son bajos, dijo Maximo Torero, experto del International Food Policy Research Institute, con sede en Washington.

La calificadora Standard and Poor's rebajó este mes a El Salvador, con menores tasas de crecimiento que el resto de la región, su calificación crediticia para el país en un escalón, a "BB-", debido a la creciente división política en el país entre el presidente Mauricio Funes y el Congreso local.

La agencia dijo que los bajos ingresos del Gobierno, sólo 18% del Producto Interno Bruto (PIB), restringen la flexibilidad fiscal de la nación centroamericana, dado que su deuda se ha elevado rápidamente de un 35% del PIB en 2008 a un 46% en 2010.

"Es un tiempo muy difícil ahora para muchos de esos gobiernos pues apenas están empezando a recuperarse del impacto de la crisis global", dijo Heather Berkman, una experta latinoamericana de Eurasia Group.