El sonido que se escucha podría compararse al de un centenar de grifos abiertos al mismo tiempo que vierten agua las 24 horas del día, siete días a la semana, los 365 días del año, y esto sucede desde el 28 de mayo de 2009 en la Central Hidroeléctrica Francisco Morazán.

En estos cinco años el volumen de las filtraciones existentes pasó de unos cuantos litros de agua a mil litros cúbicos por segundo. En un minuto se pierden 60.000 litros; en una hora, 3,6 millones de litros; y en un día, 86,4 millones de litros de agua.

El incremento de estas microfiltraciones pone en riesgo la operatividad en el cuarto de máquinas de la principal represa de Honduras y Centroamérica. Aunque la situación se encuentra bajo un estricto control, existe entre las autoridades y técnicos de esta planta la incertidumbre que de ocurrir un sismo de una magnitud considerable en el país se podrían acrecentar las filtraciones.

Otra poderosa amenaza en contra de la estable operatividad de la central se encuentra entre los cielos y el mar. Los efectos directos o indirectos de un huracán o de una tormenta tropical pueden elevar el nivel de este embalse de una manera abrupta y generar una mayor presión que eleve el flujo de agua hacia el cuarto de máquinas, donde se encuentran transformadores valorados en millones de lempiras, los paneles de control, las instalaciones de las cuatro turbinas y equipo.

Las autoridades de la presa advirtieron que existe información confiable y certificada sobre un aumento del caudal de agua que mana en forma de manantiales desde el suelo rocoso, desde una fisura en el techo y las paredes de los túneles.

Todas estas filtraciones están identificadas y técnicos las monitorean a diario, así como los instrumentos, manantiales y la inclinación natural que sufre la cortina de la central. Además se analiza la composición química del agua.

La autoridades de la central sostienen que la situación está controlada, pero ante un incremento en la actividad sísmica en los países de la región se podrían activar nuevas fallas cercanas a la hidroeléctrica.

En los últimos días se han reportado un enjambre sísmico en Nicaragua y algunos microsismos en el territorio nacional. El nivel de observación de todos estos indicadores en la hidroeléctrica se agudizó luego de que en la madrugada del 28 de mayo de 2009 ocurriera un sismo de 7.1 grados en la escala de Richter que sacudió la estructura de la central hidroeléctrica.

El movimiento telúrico generó nuevas filtraciones y acrecentó las existentes en la roca. En la actualidad existen varios puntos que están plenamente identificados entre túneles, piso, techos y paredes, así como en el manto rocoso por donde se filtra agua a razón de mil litros por segundo, o sea, un metro cúbico de agua.

Sin embargo, existen otros que se encuentran ocultos y para conocer dónde están es necesario detener las turbinas de manera total. Una de las principales filtraciones aporta 127 litros cúbicos de agua por segundo y se encuentra en un túnel abierto en la roca que dejaron sin el revestimiento de concreto para que los técnicos de la ENEE realizaran estudios geológicos e hidrológicos.Este túnel se ubica en el estribo derecho de la represa y está a pocos metros del cuarto de máquinas.

Los daños

El encargado del mantenimiento y la seguridad de la central hidroeléctrica, Samael Alvarado, condujo a un equipo de periodistas de EL HERALDO a través de los túneles, cuarto de máquinas y galerías, así como por el exterior de la cortina en pliegue, que está empotrada en la roca.

Con mapas, diagramas y documentos especializados se confirmó el estricto control a que está sometida la central que tiene la capacidad de aportar hasta 300 megavatios a través de sus cuatro turbinas. Alvarado expresó que en el estribo derecho, bajo el manto rocoso, se concentra el mayor riesgo para la operatividad de la central.

El agua mana desde el suelo a través de manantiales, por las paredes y el techo a través de filtraciones. Todo este panorama se encuentra a unos 300 a 500 metros de donde está el cuarto de máquinas de la central.

“Se trata de una pérdida que oscila entre 127 y 140 litros cúbicos por segundo en la galería derecha de uno de los dos túneles que no fueron revestidos de concreto, y la pérdida total de esta hidroeléctrica anda en 1.000 litros por segundo”, indicó.

Además existen microfiltraciones a través de la juntara en la roca donde está empotrada la cortina de la hidroeléctrica, que también aportan a la pérdida de agua en esta central. “De acuerdo al historial que manejamos hay un incremento en lo que son los caudales”, expresó Alvarado, mientras iluminaba con su linterna una serie de gráficas que porta en su tablero y que consultó para luego responder que existe un incremento hasta cierto punto natural de los caudales.

“En este momento la central trabaja de manera normal, pero estos niveles podrían elevarse de existir un sismo o un incremento brusco del caudal debido al paso de un huracán o de una tormenta tropical”, indicó. Como un punto a favor del este patrimonio nacional es que en los últimos tres años se reporta una reducción en el régimen de lluvias en el territorio nacional, lo cual ha contribuido a tener estabilidad en la administración de la hidroeléctrica.

Millonarias pérdidas

Por su parte, Manuel Palma, director de la Central Hidroeléctrica Francisco Morazán, confirmó el incremento en las filtraciones y en el volumen de pérdidas de agua. “Sabemos que las filtraciones están en aumento y se trata de mil litros por segundo, que es una cantidad grande de agua que ya amerita controlarla”, indicó.

Además del riesgo, Palma estima que “El Cajón” deja de generar energía estimada en 40 millones de lempiras (US$2 millones). “Cuando las filtraciones son de 10 a 200 litros por segundo, se consideran como pequeñas, pero al hablar de mil litros el riesgo es considerable, porque se nos puede inundar la casa de máquinas”, dijo el director.

Cuando El Heraldo visitó esta central se evidenció que el nivel del embalse se encontraba en 252.15 sobre el nivel del mar y la tendencia era hacia la baja. Debido a esta situación se encontraban operando tres de las cuatro turbinas y cada una de ellas generaba 50 megavatios, o sea la mitad de la capacidad instalada de la planta.

“Creo que la infraestructura de la presa no sufriría daños de consideración, pero algunos equipos se dañarían, se paralizaría la generación y se tendría que depender en una gran medida de la energía vendida por las plantas térmicas”, estimó Palma.

Observadores

Las autoridades del Colegio de Ingenieros Mecánicos Eléctricos y Químicos de Honduras (CIMEQH) se han pronunciado de manera oficial respecto a la reparación de esta infraestructura porque existe el riesgo de una inundación que puede afectar el cuarto de máquina e inutilizar la hidroeléctrica más importante de Honduras y Centroamérica.

Similar advertencia han realizado autoridades del Colegio de Ingenieros Civiles de Honduras (CICH) y el presidente de la Cámara Hondureña de la Industria de la Construcción (Chico), quienes en los últimos meses mostraron su preocupación ante el incremento en el volumen de las filtraciones en “El Cajón”.

Entre las opciones de seguridad que tiene la central están la existencia de un sistema de bombeo que se encuentra diseminado en la caverna de la presa para proteger la casa de máquinas ante una potencial inundación. Además se dispone de un drenaje de presa para proteger zonas en donde se encuentran las principales filtraciones identificadas.

El origen de las fisuras de “El Cajón”

La historia de las fisuras en la Central Hidroeléctrica Francisco Morazán comenzó hace casi cinco años. El Servicio Geológico Nacional de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) informó de manera oficial en su página electrónica que el terremoto en Honduras ocurrió el 28 de mayo de 2009 a las 08:24:45 UTC , (02:24:45 AM hora local).

El epicentro fue ubicado en el mar Caribe, 64 km (39 millas) al noreste de la isla de Roatán y 130 km (80 millas) norte-noreste de La Ceiba. El terremoto se produjo a una profundidad de alrededor de 10 km en una zona de fallas transformantes situada en la Fosa del Caimán, que forma el límite tectónico entre la Placa Norteamericana y la Placa del Caribe, y continúa hasta la falla de Motagua. “El poderoso sismo duró 30 segundos y fue sentido en Guatemala, Nicaragua, El Salvador y Belice; e inclusive Cancún y Chetumal en México. En los primeros reportes se mencionaron seis fatalidades y varios heridos en Honduras, al igual que un número no determinado de edificios destruidos o dañados”.

Un aviso de tsunami fue puesto en efecto en las costas caribeñas de Honduras, Guatemala y Belice, después de que el Centro de Aviso de Tsunamis del Pacífico emitiera un aviso de la “posibilidad de un tsunami local que podría afectar las costas”, luego pasó el efecto 90 minutos después.