El gobierno hondureño apostará por un mayor apoyo a la agroindustria en el mediano y largo plazo. Lo anterior requerirá de una estrategia que le permita elevar los niveles de productividad.

Para lograr ese objetivo, la administración del presidente Juan Orlando Hernández creará un comité presidencial en donde participará el sector privado. El comité, el que se encuentra plasmado en el documento “Plan estratégico de gobierno 2014-2018”, tendrá la participación de los sectores bancarios, industrial, agropecuario y el gobierno.

La realidad nacional e internacional actual impone un planteamiento estratégico para el sector agroindustrial basado en un enfoque distinto al tradicional, sostiene el documento. “En vez de utilizar el excedente agrícola para financiar el desarrollo industrial, la estrategia hondureña pretende posicionar un número determinado de productos durante el período de gobierno, que utilicen al sector industrial como promotor del desarrollo agrícola. La agricultura se reconceptualizaría alrededor de unidades productivas de un tamaño óptimo, de acuerdo al manejo de economías de escala”, subraya.

La estrategia para el desarrollo agroindustrial posee dos elementos: el primero se refiere al rol que debe jugar el gobierno en su función de normador y facilitador y el segundo en un enfoque que establezca el rumbo concertado de la agricultura para aprovechar el potencial de crecimiento construido por la sinergia del sector privado y gobierno, mediante políticas y proyectos que en su conjunto construyan una visión moderna de la agricultura.

Subraya que la misión tiene como objetivo vincular los sectores agrícola e industrial de la economía para impulsar el desarrollo de la agricultura y, por ende, acelerar el crecimiento para suplir una proporción creciente de la demanda final interna por productos alimenticios elaborados, establecer una orientación exportadora basada en la diversificación y un incremento de la cantidad y calidad.

Para lograr esos objetivos se requiere de reformas estructurales como una planificación intersectorial de la agroindustria bajo la nueva estructura de gobierno; un marco regulatorio claro y transparente; la diversificación e innovación agroindustrial; suplir una proporción creciente de la demanda final interna por productos alimenticios elaborados y promover la exportación y expansión de mercados de exportación. También, adoptar un sistema de asistencia y formación técnica normado por el gobierno y basado principalmente en la participación del sector privado y no gubernamental; promover alianzas público-privadas comunitarias; fortalecer la eficiencia a todos los niveles del sector público agrícola; fortalecer el recurso humano; realizar inversiones en infraestructura productiva, logística y mejoras en los sistemas de tenencia de tierra, financiación rural, generación y transferencia de tecnología.

Las políticas

De acuerdo con el “Plan estratégico de gobierno 2014-2018”, las políticas sectoriales adoptadas durante el período 2001-2012 indujeron repercusiones sobre la producción de la agroindustria.

Las acciones de gobierno favorecieron a una ganancia de 4,5% en la contribución del sector servicios, a expensas de una ligera caída de la contribución de la agricultura en 0,8%, y una disminución de 3,7% en la industria (incluye la agroindustria).

En términos de empleo, la agricultura ganó espacio de contribución en 4,8%, a cambio de una caída en la industria (2,2%) y los servicios (2,6%). En este sentido, los principales instrumentos de la política macroeconómica usados fueron: tipo de cambio, política de tasas de interés y un marco limitado de regulación al financiamiento.

“Cabe señalar que la personas que se concentran en la agricultura en 2012, poseen 5,1 años de estudios promedio, inferior al promedio de 8,7 años del resto de actividades”, revela el documento. A pesar de que las actividades agropecuarias concentran un fuerte peso en el mercado laboral, su aporte al valor agregado de la producción es desplazado a la tercera posición, reflejando en principio menores niveles de valor agregado y productividad laboral.

La producción agropecuaria en el período 2001-2012 generó alrededor de 15% del total de valor agregado, es decir 15 de cada 100 lempiras corresponden a este sector, inferior a servicios (cerca 55% del PIB) y la industria (30%).

Sin embargo, un significativo peso laboral, desplazado en términos de producción, sumado a los bajos niveles educativos en el sector, se traduce en bajos niveles de productividad laboral.

Esto a su vez implica que el campo agropecuario registra los menores niveles salariales, ya que en teoría, la productividad laboral constituye el límite del salario que las empresas pagan a los trabajadores. En otras palabras, si la productividad laboral aumenta se induce un incremento del salario real, y por ende reactiva el crecimiento económico con generación de empleo o inclusión.

La estrategia agroindustrial plantea como objetivo la modernización agrícola y el desarrollo de industrias mediante al menos dos pilares competitivos: integración vertical y horizontal del sector, donde se pretende consolidar y expandir sobre las experiencias agroindustriales exitosas en el país y el valor agregado de la agroindustria, donde se desea asignar los recursos financieros y reales a sectores estratégicos, buscando de esta forma elevar la productividad de la mano de obra, de la tierra y del capital.

La transformación estructural del sector agroindustrial de Honduras como estrategia para acelerar un crecimiento económico inclusivo se convierte en un compromiso del gobierno Hernández, en donde el establecimiento de una visión única compartida entre el sector privado y el gobierno, la participación de un sector publico agrícola eficiente, la innovación, la adopción de normas de calidad y la implementación de acciones complementarias para un clima de negocios favorable, son directrices ineludibles para el éxito de esta estrategia.