El trasiego ilegal de carburantes no es un tema nuevo en Honduras. Uno de los escándalos más sonados y que terminó con el despido de varios funcionarios de la Dirección Ejecutiva de Ingresos (DEI) por su probada participación fue el bautizado como el “gasolinazo”, el que sucedió en 2002.

Fueron 519 cisternas documentadas de gasolina superior introducidas de manera ilegal desde Guatemala y El Salvador, lo que provocó pérdidas al fisco por 75 millones de lempiras (US$3,7 millones) al burlar el pago de los impuestos respectivos.

Una década después la industria de Honduras del petróleo ha denunciado el trasiego ilegal de diésel marino en el muelle de cabotaje de La Ceiba, Atlántida.

Los resultados de la investigación están en poder de varios funcionarios, los que dejan al descubierto cómo embarcaciones que usan esa instalación portuaria introducen enormes volúmenes de ese carburante, ante la vista y paciencia de varias autoridades que tienen sus oficinas en ese plantel.

El diésel marino es una mezcla de hidrocarburos formada por fracciones de combustibles procedentes de diferentes procesos de refinación del petróleo tales como destilación atmosférica y ruptura catalítica, de acuerdo con lo explicado por expertos hondureños.

Este producto puede contener pequeñas cantidades de aditivos que permitan mejorar las condiciones de su desempeño y una sustancia química llamada “marcador”, que permite obtener información sobre la procedencia del combustible sin que implique modificación en la calidad del producto.

Este derivado puede usarse como combustible en motores tipo diésel de embarcaciones marinas o fluviales, para generar energía mecánica y eléctrica, en quemadores de hornos, secadores y calderas, pero no es recomendable utilizarlo en vehículos por el impacto ambiental de sus emisiones.

Sin embargo, la industria petrolera investigó que ese producto es usado por automóviles dedicados al transporte público (taxis, autobuses del corredor interurbano), así como por personas particulares, al comprarlo a precios más bajos.

La Ceiba. El informe documenta que los primeros casos de contrabando de diésel denunciados se remontan a principios de 2010, cuando se comenzaron a ver camiones cisternas o “pipas” que llegaban al mencionado muelle a descargar el citado carburante.

Luego de cargar el combustible en el muelle de cabotaje de La Ceiba, las cisternas se ubican en las principales calles y avenidas de la cabecera departamental de Atlántida a la espera de compradores, relata el documento.

“Los contrabandistas ofrecen descuentos a los compradores que van de 8 a 12 lempiras por galón, monto atractivo para cualquier consumidor”, revela el informe.

En La Ceiba, el galón de diésel tiene un precio de 84,79 lempiras (US$4,2) en las estaciones de servicio, mientras que los contrabandistas lo ofrecen a 72 o 76 lempiras por galón.

Se ha calculado que semanalmente entran de contrabando unas 20 cisternas de combustible, equivalente a 160.000 galones, causando una evasión de impuestos de más de 100 millones de lempiras anuales.

Honduras importa unos 5,2 millones de barriles, equivalente a 218,4 millones de galones. Por cada galón de diésel, el gobierno recibe 12,23 lempiras en impuestos.