En estos días se han hecho públicos detalles reveladores sobre el escándalo HSBC Suiza: la corte de París ha acusado formalmente al banco de asociación ilícita y blanqueo y asociación para cometer fraude fiscal ya que se han autenticado los documentos en los que se constata que el banco suizo ayudó a clientes franceses a evadir cerca de US$5.418 millones al fisco de su país.

La causa, que comenzó en 2008 cuando un ex empleado de HSBC entregó a la justicia francesa una lista de clientes evasores, ha tomado un giro dramático al cotejarse la veracidad de los datos presentados en los archivos originales y al confirmarse la participación activa del banco, que hasta este momento había negado su participación en el hecho.

Los magistrados que elevaron las acusaciones, Renaud Van Ruymbeke y Charlotte Bilger, afirmaron en su escrito que el dinero recibido por HSBC Suiza es producto de la evasión al Fisco francés, además aseguraron que el banco es partícipe necesario al dejar que cerca de 3.000 clientes desviaran fondos para burlar los mecanismos impositivos. Sin embargo, el punto más grave de la acusación radica en las pruebas del complejo sistema de empresas ficticias y cuentas offshore que el banco habría puesto a disposición de sus clientes.

La justicia gala ha dictaminado también la congelación de los activos de algunas de las cuentas, poniendo a HSBC entre la espada y la pared y creando una tensión incómoda entre los dos países, ya que Suiza acusa a Francia de falsificar los documentos originales, cosa que el Gobierno de Hollande ha negado rotundamente.

Por último, cabe agregar que los jueces de la causa han firmado un acuerdo de entendimiento el pasado 4 de junio con su par Michel Claise de Bruselas para organizar un equipo franco-belga de investigación, lo que le daría una imagen de imparcialidad y transparencia al lado francés difícil de sortear para HSBC.