El Observador de Uruguay. Una característica que marcó al mercado eléctrico uruguayo el año pasado fue la fuerte expansión que registraron las exportaciones, principalmente con destino a Brasil. En lo que va de este 2018 la foto es algo distinta. Las colocaciones al país norteño están prácticamente paralizadas y hacia Argentina se concentran en las ventas que realizan operadores privados.

Otra diferencia sustancial está en el comportamiento de las importaciones. En marzo pasado Uruguay volvió a comprar energía en el exterior por primera vez desde 2015. La operación se repitió en abril con una particularidad: en ese mes la cantidad de energía eléctrica importada superó a las exportaciones.

Según datos de UTE, en el cuarto mes del año Uruguay compró 10.588 megawatt/hora (MWh) equivalentes al 1,2% de la demanda. Esas adquisiciones se realizaron a Argentina y se concentraron el día 20 con 4.070 MWh y el día 21 con 6.197 MWh. Una semana después el día 27 Uruguay importó desde Brasil 321 MWh.

La otra cara del mercado mostró que se exportaron 6.054 MWh, en su mayoría con destino al sistema eléctrico argentino.

Las proyecciones de exportación de excedentes a la región para este año que realiza UTE son de US$ 132 millones en un escenario optimista, algo por encima del año pasado cuando los ingresos por este concepto totalizaron unos US$ 115 millones.

A diferencia de lo que ocurría años atrás, las compras realizadas por Uruguay en la región no responden a una situación de emergencia, dado que la diversificación de la matriz eléctrica -impulsada por el desarrollo de las energías renovables- ha dotado al país de autosuficiencia.

En estos casos puntuales lo que se pone en la balanza son los costos operativos. Uruguay bien podría haber cubierto ese tramo de la demanda con despacho de la central térmica de Punta del Tigre a US$ 144 MWh (costo variable para esa semana de abril), dado que no disponía de agua y viento en cantidades suficientes en ese momento. Pero le resultó más conveniente desde el punto de vista económico hacer uso de la oferta realizada desde la vecina orilla y comprar a US$ 120 MWh. De esa forma la operación le reportó a Uruguay un margen de ahorro de US$ 24 MWh.

Algo similar pasó en marzo cuando Uruguay le compró energía a Argentina a un precio similar, según había informado El País. Eso le permitió sustituir generación térmica que durante esas horas puntuales hubiera tenido un costo de US$ 146 MWh.

Pasa lo contrario cuando Uruguay dispone de excedentes de energía, ya sea de fuente hidráulica o eólica. Si los costos de generación en Brasil o Argentina son mayores, antes de incrementar el uso de térmica los vecinos evalúan la conveniencia de aceptar las ofertas que realiza Uruguay.

En el caso de Brasil dejó de comprar energía uruguaya en diciembre. Si bien la Administración del Mercado Eléctrico (ADME) realizó ofertas durante buena parte de este año, no fueron aceptadas. Ello porque su sistema cuenta con recursos de generación a costos que le resultan más convenientes de los que Uruguay le puede ofrecer.

La baja demanda del vecino norteño se refleja en el acumulado anual con apenas 3.836 MWh. De todas formas se espera que durante el invierno los costos de generación vuelvan a subir en Brasil y el gigante norteño aumente su demanda por los excedentes del sistema eléctrico uruguayo.

En el caso de Argentina, las únicas exportaciones realizadas hasta el momento a través de Salto Grande pertenecen a operadores privados con 22.719 MWh. El primer habilitado para vender fue la empresa Ventus a fin del año pasado. También está habilitada la firma Ceosa de Rocha, que pertenece al empresario argentino Alejandro Bulgheroni.

Las proyecciones de exportación de excedentes a la región para este año que realiza UTE son de US$ 132 millones en un escenario optimista, algo por encima del año pasado cuando los ingresos por este concepto totalizaron unos US$ 115 millones.