Si los bajos precios del petróleo nos hubieran agarrado sin reforma energética, “la situación sería terrible”, diagnostica David Penchyna. “Hoy estamos en una posición donde la inversión que no haga Pemex la puede hacer la Iniciativa Privada”, afirma el presidente de la Comisión de Energía del Senado. “Los malos precios tienen sus cosas buenas. Una de ellas es que acelerarán los cambios en la industria energética”, argumenta.

Los cambios vendrán de lo que hagan las empresas del Estado, Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE). También dependerán de lo que defina el gobierno en forma de políticas públicas, pero por primera vez reflejarán las decisiones de empresas privadas, incluyendo algunas de las más grandes del mundo.

Hay espacios de inversión que sin la reforma energética no se darían, argumenta. “Te pongo un ejemplo: en Hidalgo se inauguró un ramal de gas en Tula y se va a dejar de usar combustóleo que tiene contaminado un pueblo”, detalla el senador por Hidalgo.

La mayor preocupación no debe enfocarse en el precio del petróleo, sino en la caída en la producción, afirma. Es de más de 1 millón de barriles diarios respecto del 2004 y “eso sí está o estuvo en nuestras manos, es nuestra responsabilidad (...) Los bajos precios son causados por factores geopolíticos que no controlamos”.

El reto es aprovechar las oportunidades que ofrece la reforma, enfatiza: “Si pudiera hablar de un riesgo, está en el sistema de pesos y contrapesos que la reforma establece. El reto es que funcione bien. Estoy pensando en los órganos reguladores y su interacción con el proceso de toma de decisiones, pública y privada”.

La reforma en su conjunto va a tardar una década en permear en toda la economía y la sociedad del país. Algunos beneficios de la reforma se verán antes. En el caso de la industria eléctrica, ésta se verá beneficiada por los bajos precios de los combustibles fósiles. “Es una excelente noticia para la CFE y una oportunidad. Hay margen para bajar las tarifas eléctricas. En el caso de la gasolina, la reforma prevé que en el 2017, va a cambiar todo el esquema. El precio responderá a los precios de mercado; si el petróleo baja, los petrolíferos también”. Los sectores industriales que son consumidores intensivos de combustibles fósiles se encuentran en una posición donde sus costos han mejorado radicalmente.

Velocidad 
de los cambios. Los cambios se están haciendo de la manera más rápida posible, asegura: “Estamos hablando de poner fin a casi 80 años de monopolio, donde sólo había inversión pública. Tomando en cuenta eso, creo que están haciendo muy rápido el cambio”.

Los cambios que vienen serán enormes. Se reflejarán también en la forma de captación de impuestos para el gobierno. “Las empresas privadas, como Shell, BP, ExxonMobil, etcétera, pagarán los mismos impuestos y derechos que Pemex. Ya no es sólo una empresa haciendo aportaciones, serán muchas más; el dinero que no se puede obtener por parte de Pemex se puede sacar del resto de la industria”.

David Penchyna agregó que el recorte de 62.000 millones de pesos (US$4.200 millones) que Pemex ha anunciado es algo que están haciendo todas las petroleras en el mundo: están revisando su portafolio de inversiones, sus planes de negocios y sus opciones. En ese sentido, Pemex lo tiene que hacer también. “Lo extraño es que Pemex no lo estuviera haciendo, eso sería populista y más propio de otros tiempos”, dijo.

El presidente de la Comisión de Energía del Senado manifestó su preocupación porque está predominando un tono de pesimismo, donde parece que un solo ciclo de bajos precios “borrará” las posibilidades que ofrece la reforma energética. “En este momento se necesita salir a defender la reforma alcanzada el año pasado. Se trata de darla a conocer y presentarla de manera mucho más agresiva a todo mundo, no sólo a los inversionistas”.