Aunque no todos los amagos de Donald Trump se podrán concretar con la industria automotriz mexicana, sí es probable que México difiera por unos años más la posibilidad de colocarse como el quinto productor mundial de vehículos, luego de que Ford Motor Company cancelara la construcción de una nueva planta en San Luis Potosí (SLP), afirmaron especialistas automotrices.

Tanto el gobierno mexicano como la industria establecida en México se han planteado la meta de que en el país se lleguen a ensamblar 5 millones de automóviles hacia el 2020, con lo que la nación superaría a India y Corea del Sur en la producción de vehículos ligeros, situación que no se veía lejana en función de la llegada de nuevas plantas al país, de marcas como BMW, Audi, Kia, Mercedes Benz o la malograda factoría de Ford en SLP.

El costo económico de esta decisión para Ford será “alto” al haber preferido ampliar sus inversiones en Michigan, Estados Unidos, debido al costo de la manufactura, que le resulta en 14 dólares la hora trabajada en la planta, que comparado con México plantea una diferencia abismal, toda vez que aquí pagaría un promedio de 90 centavos de dólar a un trabajador, dijo Arturo Rangel, vicepresidente de Comercio Exterior y Asuntos Internacionales de la Canacintra.

A decir de Rangel y de José Antonio Quesada, director de la Escuela de Negocios del EGADE del Tecnológico de Monterrey, las inversiones de las compañías automotrices americanas continuarán en México “sin listones rojos”, porque será difícil que Estados Unidos pueda competir con un costo de manufactura alto contra los asiáticos, de modo que, en poco tiempo, Trump se dará cuenta de que requerirá de México.

A decir de Rangel y de José Antonio Quesada, las inversiones de las compañías automotrices americanas continuarán en México “sin listones rojos”, porque será difícil que Estados Unidos pueda competir con un costo de manufactura alto contra los asiáticos, de modo que, en poco tiempo, Trump se dará cuenta de que requerirá de México.

La decisión de Ford se ve como un acto de replegarse a la presión gubernamental y como un costo político, pero en México “sí nos impactará en inversión, empleo y derrama económica”, ya que, por cada empleo generado por una armadora, se generan ocho de manera indirecta, coincidieron.

Entrevistados por separado, Arturo Rangel que es especialista del ramo automotriz en la industria afirmó que la amenaza del presidente electo de imponer aranceles a los autos de empresas estadounidenses hechos en México no es una toma de decisión inmediata ni le corresponde solo a él como jefe del Ejecutivo, sino tendrá que pasar por el Congreso estadounidense y enfrentarse a la organización Mundial de Comercio (OMC) porque no existe daño a su industria nacional.

“Tendremos que pasar por un periodo de adaptación de declaraciones, porque no todo lo que diga a través de mensajes se podrá realizar, deberá pasar por un análisis frío y evaluar el daño a las inversiones”, abundó.

El director de la Escuela de Negocios de la EGADE del Tec de Monterrey instó al gobierno mexicano a emprender una acción disruptiva ante dicho escenario, en el que busque nuevas herramientas para atraer inversiones, el cual no sólo se base en mano de obra barata, sino en un plan más agresivo de menores impuestos y colocación de talento mexicano.

Mencionaron que urgen medidas para fortalecer el mercado interno y voltear a países como Centroamérica y Sudamérica, que son socios descuidados por atender a las empresas estadounidenses.