La sugerencia hecha la semana pasada por el presidente Nicolás Maduro para que las automotrices nacionales destinen parte de su producción a la exportación se topa de frente con una apabullante realidad: la casi total paralización de la industria por falta de insumos tras el recorte en la asignación de divisas.

En efecto, desde 2008 y a raíz de la implementación de la nueva política sectorial, la industria automotriz no solo ha venido perdiendo su capacidad para generar riqueza (llegó a aportar cerca de seis puntos al Producto Interno Bruto), sino la posibilidad de abastecer el mercado nacional, y con ello cualquier oportunidad de exportar.

Las cifras son elocuentes: entre enero y agosto de este año, las siete ensambladoras privadas solo produjeron 8.508 unidades, un retroceso de más de 83% respecto a las 50.967 del mismo lapso de 2013, lo que significa que la industria labora a 3,4% de su capacidad instalada de 250.000 vehículos anuales.

Y si de exportaciones se habla, estas se han visto afectadas por la salida del país de la Comunidad Andina (CAN), hacia donde se dirigía 100% de los autos hechos en el país.

De hecho, la industria ensambladora local en su conjunto llegó a exportar 13% de su producción hacia los países andinos, en particular a Colombia y Ecuador, naciones con las cuales mantenía un acuerdo de complementación que permitía un transparente y eficiente intercambio entre las industrias locales.

“Para que Venezuela pueda volver a exportar no solo se debe recuperar la producción nacional, sino que se tendrían que reactivar mecanismos de intercambio muy precisos, porque otros mercados protegen al extremo su industria para evitar que los autos importados resten espacio a los productos locales”, señaló una fuente del sector a condición de anonimato.

Recordó, además, que de concretarse los planes de exportación que el Gobierno prevé poner en marcha con los autos ensamblados por Chery (de la cual es socio mayoritario), el Estado estaría violando lo establecido en el Decreto Presidencial 625, que ordena que todos los vehículos producidos en el país deben ir directamente al sistema de comercialización.

La situación también atañe a los autopartistas, cuyos productos fueron bien cotizados en el exterior, pero hoy no pueden ser exportados por la poca competitividad que pueden mostrar debido al diferencial cambiario.

De hecho, hasta hace poco este sector exportaba unos 260 millones de dólares al año, de acuerdo con la Cámara de Fabricantes Venezolanos de Productos Automotores (Favenpa).