Un equipo de gerentes de la Industria Nacional del Cemento (INC) está abocado a la tarea de conseguir fondos, ya sea crédito externo o local, para agilizar los proyectos de cambio de combustible, la nueva enfriadora, optimización de la fábrica de cal y otras inversiones previstas.

El gerente técnico de la INC, Fernando Gaona, hizo referencia a la Resolución 145/2012, que dispuso la conformación de un equipo de trabajo para realizar un análisis técnico, económico y financiero de las inversiones mencionadas.

Entre las tareas del grupo, conformado por los titulares de todas las gerencias, se encuentra la captación de capital operativo.    

El principal proyecto de la INC es la adecuación del horno de clínker para que en lugar de fueloíl utilice coque de petróleo (subproducto sólido del proceso de refinamiento del crudo), carbón vegetal o mineral, ya que esto implicará una reducción de costos del 34% (US$17 millones al año).

Actualmente, el combustible representa el 60% del costo de producción del insumo de referencia.   

Este emprendimiento fue adjudicado a la empresa FL Smith, representada por Miguel Aranda, por valor de US$6,3 millones.

La firma ya recibió un anticipo de US$5 millones en la administración anterior de Optaciano Gómez, y ahora la INC debe pagar el resto, además de la contrapartida de US$12 millones en obras civiles y montaje eléctrico, electrónico y electromecánico.  

Según lo explicado por Gaona, luego de negociaciones sobre las condiciones del contrato, la estatal consiguió un nuevo cronograma de pago que prevé transferencias bancarias en lugar de carta de crédito, de modo a adecuarse a la capacidad financiera real de la INC.   

“Es que si se utilizan las cartas de crédito, la cementera ya debe tener en el banco el dinero comprometido, que en realidad el ente no posee. Por eso, se abonará en cuotas durante 24 meses, desde abril próximo  y con la salvedad de que los trabajos se agilizarán si la contratista acelera los pagos”, explicó.   

Teniendo en cuenta este cronograma, el cambio de combustible estará listo recién en el 2015, debido a la falta de disponibilidad financiera de la INC.

En ese sentido, el gerente técnico hizo hincapié en la necesidad de conseguir aval del gobierno para obtener créditos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) o del Banco Mundial, de modo a que el proyecto esté culminado en un año y medio.    

Otras inversiones. Entre las obras está también el cambio de enfriadora en la planta de Vallemí, que fue adjudicado a la empresa Claudius Peters, representada por Rodrigo Pinho.

Este contrato tiene un valor de US$6.368.000, más una contrapartida de INC de US$2 millones en obras civiles y montajes.

La empresa de referencia ya recibió un adelanto de US$1,9 millones y para la realización de los trabajos se conformó un nuevo cronograma de pago, también en cuotas, que inició en enero pasado.   

La idea es terminar el pago de esta inversión en diciembre del corriente año debido a la necesidad de tener una nueva enfriadora, ya que la actual está totalmente deteriorada, explicó.   

En cuanto al proyecto de optimización de la molienda de cal agrícola, adjudicado a la empresa “Daca”, representada por Carlos Meyer, tendrá un valor aproximado de US$1.500.000.

En principio, la administración anterior había planeado destinar US$6,7 millones a este emprendimiento, previendo mudar la fábrica de cal a la zona de Tres Cerros.

Pero como esta área fue declarada reserva natural, el plan inicial se tornó imposible.   

La empresa “Daca” ya tiene en su poder US$320.000 que se le otorgó en la administración de Gómez, por lo que ahora se deben confeccionar nuevos términos del contrato que solo impliquen el mejoramiento de la planta actual.

También está vigente el contrato con la empresa “Haver & Boecker”, cuyo director es Adrián Norberto Gamburgo, para la instalación de nuevas embolsadoras en Villeta, cuyo valor asciende a US$7 millones. Este caso fue judicializado y ahora las partes siguen en etapa de negociación.

Buscan reducir altos costos. El principal proyecto de la INC es la adecuación del horno de clínker para reemplazar el fueloíl por otro combustible, como el  coque de petróleo, carbón vegetal o mineral, etc.

La idea es reducir el alto costo que hoy implica la utilización de este combustible y los abrumadores inconvenientes en los procesos de contratación del mismo.

Si se logra modificar el sistema de combustión del horno, podría significar una reducción de costos en el orden del 34%, lo que equivale a unos US$17 millones anuales. Actualmente, el combustible representa el 60% del costo de producción.