La tradicional industria cervecera alemana constató que el consumo de cerveza continúa descendiendo de manera imparable tras registrar en 2017 sus peores resultados de ventas desde la reunificación del país en 1990.

Así lo comunicó este jueves la Oficina Federal de Estadísticas (Destatis).

El pasado año, los cerveceros germanos vendieron un total de 93,5 millones de hectolitros de la tradicional "rubia", un 2,5% menos que en 2016.

Los malos resultados registrados se debieron tanto a la contracción de la facturación en el mercado doméstico como a la caída de ventas en el extranjero.

Pocas cosas despiertan tanto orgullo entre los alemanes como su querida cerveza, protegida por la ley de alimentación más antigua del mundo, el "Reinheitsgebot" (ley de pureza).

El consumo nacional fue un año más el principal pilar sobre el que se sostuvo la industria cervecera germana, que absorbió el 82,6% de la cerveza producida en el país. En total, en 2017 se comercializaron en Alemania 77,2 millones de hectolitros de cerveza, lo que supone un 2,3% menos que un año antes. 

Además, a diferencia de ejercicios anteriores, ni la exportación consiguió en 2017 compensar el balance y dar un impulso a los malos resultados. De hecho, las ventas a países que no son miembros del mercado común europeo sufrieron el pasado año una caída del 4,1%. 

Los datos publicados hoy por Destatis confirman la tendencia que se venía registrando en la primera economía europea en los últimos años, en los que de forma continua ha caído el consumo de la tradicional "rubia" mientras que aumenta la venta de bebidas refrescantes elaboradas a base de cerveza sin alcohol. 

Pocas cosas despiertan tanto orgullo entre los alemanes como su querida cerveza, protegida por la ley de alimentación más antigua del mundo, el "Reinheitsgebot" (ley de pureza), una norma que desde 1516 fija los ingredientes que puede contener esta bebida para poder ser llamada cerveza en Alemania.