El gerente de GEO, una unidad de la empresa ALTO, dedicada a georreferenciación, Daniel Encina, proyecta desde la pantalla de su computador un complejo software que permite identificar cómo y qué comercios visitan miles de personas en distintas partes de Santiago. De dónde vienen, a dónde van y con qué frecuencia actúan, entre muchos otros datos. Un programa perfecto para elaborar estrategias de marketing. Con la diferencia de que aquí la “compra” es reemplazada por el “hurto”, los consumidores son delincuentes y el mensaje no es una invitación a gastar, sino una “persuasión” para dejar de robar.

Con un modelo de gestión territorial, ALTO logró hacer lo que las policías y compañías de seguridad no logran en mucho tiempo: reducir los robos en el retail. Según datos de la compañía, en 2010 los hurtos en grandes tiendas disminuyeron 15% respecto del año anterior, y más de 30% en supermercados.

La clave está en combinar tres factores: asesoría legal, inteligencia de datos y marketing disuasivo. “No somos un bufete de abogados, ni una empresa de comunicaciones ni una empresa de software; nuestra clave es combinar las tres cosas”, dice Jorge Nazer, CEO y fundador de la compañía. ¿Qué hacen? Generan sistemas que les permitan tener en línea y cruzar mucha información de sus clientes sobre los delitos que se cometen en sus locales. A eso se suma una gestión legal para condenar a los culpables, y la capacidad para comunicar directamente a su “público objetivo” estos resultados, para disuadirlos.

Por eso, la meta de la marca ALTO no es que la conozcan los consumidores, sino los delincuentes. “Y la conocen bien”, dice Nazer, quien asegura que los letreros que la empresa pone en las dependencias de sus clientes hacen pensar dos veces a los “mecheros” si van a cometer un robo. Según la empresa, sólo el 7,3% de los infractores reinciden en la red de protección de ALTO.

El hurto en el retail en Chile es un problema. De hecho, el país muestra una de las cifras más altas del mundo en pérdidas porcentuales sobre las venta: 2,6% en contra de números del orden del 1,5% en los países desarrollados, dice el presidente de la Comisión de Seguridad de la Cámara Nacional de Comercio, Jorge Lee. Las pérdidas anuales del sector podrían superar los US$ 1.500 millones al año. Según la última encuesta de victimización del comercio de Adimark, de marzo de este año, el 47% de los locales en Chile ha sido víctima de un delito. De éstos, más de la mitad corresponde a robo hormiga.

El éxito ha permitido a ALTO expandirse. Entró a Colombia hace dos años pensando en que la instauración de una reforma procesal penal similar a la chilena sería la clave, como lo fue en Chile. Pero al poco tiempo la reforma fue declarada inconstitucional y ALTO siguió con buenos resultados. “Eso nos mostró que el modelo sirve para cualquier ambiente”, dice Nazer.

Incluso en otros negocios. Nazer creó hace un año la empresa Inmune, destinada a reducir el fraude en licencias médicas en Chile que genera pérdidas por cerca de US$ 100 millones al año al sistema de salud. Inmune ya tiene serios planes de instalarse en Colombia y Miami, esta última, uno de los lugares en que se cometen más fraudes médicos en el mundo. Y ALTO ya tiene casi listo su plan de entrada a México.