Tras el desastre de Fukushima Japón ha volcado parte de sus esperanzas en las fuentes de energía alternativas. Y en la solar ha puesto especial empeño. No en vano el estado nipón se encuentra entre los líderes en cuanto a instalaciones. Solo en 2014 cedió la segunda posición del ránking a Estados Unidos (el primero es China). Sin embargo, uno de los retos para construir estos complejos es el problema del espacio. No es ningún secreto que las islas del país del Sol Naciente adolecen de superpoblación.

Por este motivo las autoridades y las empresas del sector tienen que buscar los espacios cuidadosamente. Esta necesidad llega al punto de tratar de crear nuevos espacios, como el mar. En la parte oeste de Japón, concretamente en la prefectura de Hyogo, está ya planificada la construcción de dos plantas solares sobre el agua. Cada una de ellas desplegará una potencia de 2MW, si bien el objetivo es que se pongan en marcha 30 centrales de este tipo, llegando a un total de 60 MW.

La compañía que se ha encargado de este proyecto es la Kyocera Corporation, que se caracteriza por encontrar espacios donde parecía no haberlos. Pues esta misma empresa es la que se está ocupando de dar nuevo uso a los campos de golf abandonados en Japón. Su primer proyecto, que se encuentra en construcción en estos momentos, será una planta solar de 23 MW en un campo de la prefectura de Kyoto. Está previsto que empiece a funcionar en 2017 y genera la suficiente energía como para aprovisionar a 8.100 hogares.

La transformación de campos de golf en plantas solares puede dar más de sí. El siguiente proyecto de Kyocera será una central de 92 MW, que podrá dar electricidad a 30.000 hogares. Será en un campo de la prefectura de Kagoshima (en el extremo sur del país), aunque en esta ocasión no hay fecha de apertura prevista.

Convertir los campos de golf en plantas solares tiene sentido desde el momento en que hay muchos que hoy en día no se utilizan en Japón y cuyas instalaciones ofrecen una superficie amplia para la instalación de paneles. Se trata de un vestigio de los años 80, cuando el deporte se puso de moda en el país y se empezaron a construir a un ritmo frenético. En cambio, la práctica del golf ha descendido 40% desde los años 90.