En el año 2020 China importará más de 100 millones de toneladas de soja. Comprará también más carne y lácteos que en la actualidad. En gran medida, el desempeño del agro uruguayo dependerá de mantener una inserción exitosa en el país que será cada vez más el mayor importador de alimentos del mundo.

La presencia creciente de China en el comercio de Uruguay se percibe desde hace años. En 2007 representaba el 3,6% de las exportaciones en valor y se ubicaba 7º en el ranking de destinos. En 2013 pasó a estar en segundo lugar con 16,4% –por debajo de Brasil– y este año casi seguramente será el principal cliente. En lo que va de 2014 se ha afianzado en el primer puesto con una participación que supera el 18%. ¿Se mantendrá China como el principal mercado de los productos agropecuarios uruguayos? ¿Sus compras sostendrán los precios internacionales?

Paradojalmente su economía muestra indicios de desaceleración que –entre otras cosas– se ha reflejado en una merma en el ritmo de crecimiento de sus importaciones totales. En setiembre el valor de las importaciones de China fue 2,7% menor al del mismo mes de 2013. Pero con cierta independencia del ritmo de crecimiento económico, en los próximos 10 años su demanda de alimentos seguirá expandiéndose y China se consolidará como uno de los principales compradores de soja, carne y maíz, según proyecciones del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por su sigla en inglés).

El gigante asiático pasará a concentrar el 70% de las importaciones mundiales de la oleaginosa, el principal producto agrícola que compra a Uruguay y al mundo en general. Ya en el presente los volúmenes totales adquiridos por China son récord.

Con una estimación para 2014/15 de 74 millones de toneladas, superará en 7,2% a los 69 millones del año pasado. El ritmo de crecimiento de las importaciones se mantendrá cercano a cinco millones de toneladas cada año con lo que en 2021 superará los 100 millones de toneladas y en 2024 estará en 112 millones.

La persistencia en las compras de carne y granos parecen permitir un piso de precios aceptables en el mediano plazo como para sostener el crecimiento agrícola y ganadero que ha caracterizado la pasada década.

Dado que no habrá un crecimiento en la producción estadounidense de largo plazo respecto a la de este año, se espera que el Mercosur cubra la gran mayoría de las demandas asiáticas. El USDA prevé que los países de la región sigan creciendo en producción. Aunque no tiene proyecciones para Uruguay, pronostica un aumento de 25% en área para Brasil y de 17% para Argentina.

Lo que está por detrás de estos aumentos es el cambio de dieta en la población china que eleva el consumo de carne y dispara la demanda por raciones. Para el USDA el uso combinado de soja y maíz en la alimentación animal llegará a 300 millones de toneladas después de 2020, lo que significa un aumento en el orden de 50% sobre los niveles vigentes. De esa demanda vendrá el crecimiento en las importaciones de maíz –este cercanas a los 5 millones de toneladas– que llegarán a 10 millones en 2017 y a 20 millones en 2022/23.

Aún con más producción de cerdo y pollo, la demanda de carne de China seguirá creciendo, algo que Uruguay ya percibe. En lo que va de este año las compras de carne vacuna uruguaya por parte de China suman 68 mil toneladas por US$ 209 millones, de acuerdo al Instituto Nacional de Carnes (INAC); por segundo año consecutivo será por lejos el principal comprador, en volumen, de la carne uruguaya. Y China ocupa el segundo lugar como mercado de la carne ovina uruguaya, después de Brasil, con compras por 3.728 toneladas al 22 de octubre, que reportaron US$ 12 millones.

Si bien la producción china de carne a 2023 crecerá 30% por encima de los volúmenes generados en 2012, los altos costos, las enfermedades, las regulaciones ambientales y la escasez de recursos que debe enfrentar la ganadería conducirán a un robusto crecimiento de las importaciones hasta 750.000 toneladas anuales.
Se estima que al final de la siguiente década las importaciones de Hong Kong y China serán 55% superiores, ya que los mayores ingresos y la creciente demanda sobrepasarán el crecimiento de la producción.

Lácteos con su débil demanda. La importancia de China puede verse hoy. Este año el mercado de productos lácteos fue el que sufrió la cara negativa del protagonismo chino en el comercio, como consecuencia de la decisión de ese país de abastecerse fuertemente en los primeros meses y bajar las compras desde entonces. Esto se reflejó en las exportaciones uruguayas. Los volúmenes enviados en los primeros cuatro meses fueron entre 150% y 300% superiores a los de 2013, con un precio promedio 120% mayor. Sin embargo, desde mayo la variación interanual ha sido negativa en ambos casos. Las compras frenaron y tanto las empresas uruguayas como las restantes a través de la baja de los precios internacionales lo sintieron.

En el acumulado a setiembre las exportaciones al mercado chino totalizaron 19.991 toneladas –6,9% más que el año pasado– y US$52,7 millones –7% menos–, según datos de Aduana.
La relativa ausencia en el mercado –al menos con el peso que había mantenido– junto a muy buenas producciones en Oceanía y la Unión Europea, desencadenaron fuertes reducciones en los precios internacionales, cuya alza no se consolidará sino hasta después de mitad de 2015, de acuerdo a Rabobank, banco holandés especializado en materias primas.

La vuelta al mercado de China como fuerte comprador, en conjunto con una menor producción y el levantamiento de prohibiciones establecidas por Rusia –sobre algunos países de Occidente en el marco del conflicto ucraniano– serán los impulsores de los precios.

La persistencia en las compras de carne y granos parecen permitir un piso de precios aceptables en el mediano plazo como para sostener el crecimiento agrícola y ganadero que ha caracterizado la pasada década. Pero la exigencia de costos más bajos para mantener la presencia en China, así como armonizar normas sanitarias que den fluidez al comercio, seguirán como tareas para competir con los países vecinos y EEUU.

Luces amarillas en la economía china. A pesar de su consolidación comercial y de que –según el FMI– pasaría a ser la mayor economía del mundo (desplazando a EEUU), al medir el PIB en términos de poder adquisitivo, China enfrenta señales de enfriamiento, de la mano de un desacelerado sector inmobiliario; y busca apuntalar su economía.

El FMI recortó la tasa de crecimiento a mediano plazo para los países emergentes de más de 6% hace dos años a 4%. Un cuarto de ese descenso se debe a la desaceleración de China, que podría incumplir su objetivo oficial de crecimiento anual por primera vez en los últimos 15 años.

Persisten presiones deflacionarias en el país, frente a una tasa de inflación que se encuentra en el menor nivel en cinco años y descensos en el consumo doméstico ante una mayor incertidumbre económica. Asimismo, ante una tasa de crecimiento de 7,4% en el primer trimestre y de 7,5% en el segundo (la misma que en 2013) los productores se enfrentan a excesos de capacidad, costos salariales al alza y un nivel de inversión débil.

En tanto el crecimiento del período julio-setiembre de 7,3% –el menor desde 2009–, dado a conocer la semana pasada, significó otro indicio más de que el gobierno chino deberá seguir actuando para estimular la economía. De todas maneras, dicha cifra fue superior a lo esperado en el mercado, ya que se preveía una caída a 7,2%.

Por su parte, en setiembre sus exportaciones aumentaron 15% y las importaciones 7% en valor, en relación al año pasado, pero el aumento de la demanda interna se mantiene débil. Los datos de comercio fueron sorpresivamente mayores a lo esperado, pero no permiten considerar que exista un repunte, ya que el incremento en los números podría deberse al aprovechamiento de los bajos precios de productos primarios a nivel internacional para recomponer stocks de fábricas.