Tanta lluvia ahogando la primavera puede resultar molesta para la mayoría de los uruguayos, pero para el país es una buena noticia en lo que a energía se refiere. Hace tan sólo unos meses la situación era bien distinta cuando la sequía trajo como consecuencia la bajante del río Uruguay y dejó en sus mínimos históricos a la principal generadora de energía hidroeléctrica del país, la represa de Salto Grande. Esto generó, además, una crisis energética que le significó a UTE un desembolso aproximado de US$ .540 millones para todo 2012 y una campaña de ahorro que pedía a los usuarios lavar los platos con agua fría, calentar la comida en el microondas o comprar lámparas de bajo consumo.

El oneroso gasto se vio motivado por la necesidad de reemplazar la energía vedada por la falta de lluvia con otras fuentes como el parque térmico, que funciona con derivados del petróleo -combustible fósil cuyo precio se ha incrementado significativamente el último año-, la importación de gas natural licuado (GNL) de Argentina y de energía eléctrica de Brasil.

Pero según anuncia con bombos y platillos el gobierno, los tiempos de la dependencia energética no solo pasarán a ser cosa del pasado en un futuro breve sino que Uruguay se convertirá en país exportador de GNL y de electricidad con la próxima construcción de un barco regasificador en Puntas del Sayago y una Central de Ciclo Combinado en Punta de Tigre, los cuales se calcula que comiencen a funcionar entre fines de 2014 y comienzos de 2015, pese a los atrasos y contratiempos que se han sucedido en sus licitaciones (ver recuadro). Se proyecta, además, que para esa fecha Uruguay se convierta en líder mundial en energías renovables.

Precios inflados. De momento la realidad dista de ser tan idílica. La dependencia hacia el gas del país gobernado por Cristina Fernández le impone dos importantes trabas a Uruguay: al ser su único proveedor, el déficit energético que atraviesa Argentina limita la importación de GNL a apenas 300.000 metros cúbicos (m3) diarios, lo que constituyó en 2011 apenas 1,7% del total de la matriz de abastecimiento de Uruguay. Esto incrementó la dependencia hacia el petróleo, que es un combustible más caro y contaminante que el GNL y que el año pasado representó 53,3% del consumo energético del país. No obstante, las fuentes renovables tuvieron una posición importante: el uso de energía por biomasa fue de 30,7% y la hidroeólica de 13,3%, según el Balance energético 2011 del ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM).

De acuerdo al director de Energía, Ramón Méndez, si no existiera la restricción de Argentina, Uruguay pasaría a consumir en semanas unas 2,5 millones de m3 por día. El jerarca aclaró que confían en que Argentina no cortará el suministro de gas, utilizado mayormente para consumo residencial. Sin embargo, hay ejemplos en el pasado de que el país vecino dejó sin gas a empresas que contaban con contratos de servicio interrumpible.

Por otro lado, Uruguay paga el gas a costos muy altos. Según explicó Méndez, al precio de venta, que en Argentina es de unos US$2 por millón de BTU, se le sobrecarga un impuesto a la exportación por el cual el precio termina en US$17 o US$18, que sumado a otros gastos como el de transporte hacen que el gas entre a Uruguay por unos US$ 20. Este precio es diez veces más alto el del mercado interno argentino y más del doble del que pagan Brasil o la propia Argentina por el gas que importan de Bolivia, el cual suelen adquirir por el millón de BTU po rUS$8 o US$9.

De acuerdo a César Briozzo, vicepresidente de UTE y presidente de Gas Sayago, el costo de abastecimiento de la demanda con centrales térmicas y con importación de Argentina fue de US$ 6,02 millones por día, habiéndose llegado a un máximo en ocasiones de US$ 9 millones por jornada. A esto se le suma una perspectiva aun peor si se mantuvieran las actuales circunstancias, debido a que el crecimiento económico del país redunda en una demanda creciente de energía eléctrica en el orden del 4% y 5% anual.

La central de ciclo combinado y la regasificadora representan dos piezas fundamentales de una política energética hasta el año 2030 acordada por todos los partidos políticos en el Parlamento en 2010. La misma hace hincapié en las energías renovables y en el uso del gas, en detrimento del petróleo, en un contexto mundial en el que GNL está cobrando cada vez más protagonismo.

De acuerdo a Méndez, se espera que para 2015 las energías renovables produzcan por encima de 50% de la energía que produce el país (el año pasado fue de 44%, entre la de biomasa y la hidroeólica) y que el gas constituya entre 15% y 20% de la matriz energética para 2030. “Con la incorporación de energía eólica que se está haciendo, el aumento de los biocombustibles para 2013-2014, más la incorporación de energía solar se va a superar ampliamente el 50% y eso hará que Uruguay sea el primer país del mundo que las energías renovables representen más de la mitad de su matriz energética. Esto es un récord absoluto. Europa se plantea como meta alcanzar el 20% de energías renovables y en el mundo no supera hoy el 12%”, explicó el director de Energía.

No obstante, la imprevisibilidad climática inherente a las energías renovables hacen que estas inversiones tengan que se ir complementadas por la llamada “energía firme”. Es allí donde toma un papel fundamental la apuesta del gobierno por el GNL.

El avance del gas. Hasta hace poco la supremacía del petróleo parecía algo indiscutible. Pero el descubrimiento hace unos años de reservas de gas de esquisto (shale gas) en EE.UU. junto al incremento del orden de 45% desde principios de 2010 en el precio del crudo ha posicionado al GNL a la cabeza de los pronósticos energéticos. “EE.UU. desarrolló una técnica que permite la ruptura de la roca y la perforación horizontal y eso hizo que cambiaria la perspectiva. Hace cinco años se pensaba que iba a ser un importador de gas natural y ahora va a ser un exportador”, explicó José Luis Pou, director ejecutivo de XDT Ingeniería.

“Seguramente en 2030 el gas va a ser el combustible más importante de consumo en el planeta”, destacó.

El gas todavía no es considerado un commodity, por ende no tiene un precio internacional, y aún se comercializa menos que el petróleo por la dificultad que implica su transporte por la carestía de barcos para tal fin. Sin embargo, es más barato, contamina menos que el crudo y dispone de más reservas. Países como Rusia, Canadá, China, EEUU, Arabia Saudita, Qatar e Irán son los líderes actuales, pero también se han descubierto grandes proporciones de gas en Argentina. Se estima que el subsuelo argentino posee las terceras reservas mundiales de gas de esquisto después de EEUU y China, lo que equivale a 11% de los depósitos estimados a nivel mundial. Sin embargo, la falta de credibilidad del gobierno kirchnerista va en contra de la inversión extranjera necesaria para poder desarrollar una empresa de esta magnitud, comentó. Paradójicamente, Argentina tiene que importar gas de Bolivia por suplir su deficiencia energética.

El gas se transporta generalmente a través de gasoductos (la forma en que el vecino país se lo pasa a Uruguay) pero para grandes distancias se lo transporta mediante barcos en los que el gas es licuado y transportado en forma líquida. Para ello hay que llevar el gas a temperaturas de menos 163 grados, lo que reduce 600 veces el volumen original de esta fuente de energía. Es en este proceso donde entran en juego la planta de regasificación y la central de ciclo combinado que el gobierno de José Mujica ha convertido en una de sus prioridades.

La planta de regasificación vuelve a estado gaseoso el combustible que se encuentra liquidificado. El proceso se complementa con la central de ciclo combinado. Según explicó Briozzo, esta cuenta con dos turbinas, que son alternadores de energía eléctrica, que funcionan quemando gas y generando energía a partir de ella. “En el proceso de funcionamiento de la turbina, una parte importante de la energía se pierde en forma de calor. La central de ciclo combinado lo aprovecha y lo utiliza para generar vapor y mover con él una tercera turbina que produce energía eléctrica”, aumentando la eficiencia del proceso, indicó el presidente de Gas Sayago. Esta central térmica permitirá elevar el respaldo térmico en unos 540 Megavatios, esto significa alrededor del 30% de la demanda energética que tiene el país hoy.

La construcción de estas dos plantas significará para Uruguay, al decir de Méndez, independizarse de la región. “Podemos comprar el gas licuado en barcos, que hay más de 20 proveedores, con lo cual tenemos un acceso totalmente diferente al mundo energético”, destacó. Con respecto a los posibles proveedores de GNL, entre los que se baraja Angola, Méndez sostuvo que están teniendo muy buenas ofertas y que aun no descartan ninguna opción, pero que para principios del año que viene se tomará la decisión. Empero estima que el precio se verá severamente reducido en comparación al pagado a Argentina en la actualidad, con un costo aproximado de US$13 el millón de BTU para los primeros años y US$10 u US$11 a partir de 2017-2018.

El incremento del uso del gas le significaría al país un ahorro de US$100 millones al año, dado a que uso resulta actualmente 75 % más barato que los derivados del petróleo. No obstante, explicó Méndez, esa cifra puede trepar hasta US$500 millones por año si el país atraviesa un déficit hídrico como el que tuvo en 2009 o este año.

Aunque en principio la planta regasificadora para 10 millones de metros cúbicos de capacidad (m3) estaba prevista para ser construida junto a Argentina, y tras sucesivas idas y venidas, el gobierno de Mujica decidió continuar el proyecto en solitario, y continuar con ese cantidad de producción, pese a que la demanda que Uruguay podría alcanzar en el corto plazo es de 5 millones de m3. Esto significa que la otra mitad se transformaría en excedente posible de ser exportable.

Pese a que el secretario de Energía de Argentina, Daniel Cameron, declaró a Búsqueda hace unos meses que no era seguro que se importara gas desde Uruguay porque su país tenía yacimientos no convencionales de hidrocarburos para explotar, para acceder al gas el país vecino debería invertir cifras millonarias para su extracción que no se ven factibles en el corto plazo. Por otro lado, el gasoducto, explicó Briozzo, llega muy cerca del anillo de distribución de gas de Buenos Aires, que es donde se consume el 40% del gas de Argentina.

Méndez aseguró la rentabilidad del proyecto más allá de que Argentina compre o no el gas sobrante y especificó que el plan de negocios del gobierno incluye también la exportación a Brasil de gas en forma de electricidad, ya que no hay un gasoducto que una Uruguay con este país, y “como la energía eléctrica generada por gas tiene un costo muy conveniente muy probablemente Argentina nos compre energía también”, señaló.

La planta de ciclo combinado tendrá un costo de US$500 millones y la construcción de la regasificadora rondará los US$ 900 millones y recibirá durante 15 años (su tiempo estipulado de duración) un canon de US$120 millones por la operación y las obras de infraestructura en el lugar, que incluye el dragado de un metro más de profundidad en el Puerto de Montevideo y la escollera de protección para el barco regasificador. Al respecto, Pou cuestionó que la planta se haga en Punta de Sayago y no en un puerto de aguas profundas, como el planificado para Rocha, porque hacerlo en Montevideo representa un costo muy alto que hace inviable el proyecto. Briozzo, no obstante, indicó que las prisas de la necesidad energética del país demandan que se haga en el puerto de Montevideo. “Estimamos que el sobrecosto diario por no tener la central alcanza a US$1 millón diario, sostuvo. “Además no tendríamos el costo del dragado pero si un costo importante de un gasoducto mucho más extenso”, agregó.

Las idas y vueltas de la licitación de UTE. Cuando el directorio de UTE aprobó el pliego del llamado para construir una segunda central térmica a ciclo combinado en mayo de 2011, jamás pensó que dicho proceso le iba a demandar casi un año medio en resolverse. Quizás porque se trataba de la mayor obra individual de su historia (supera los US$ 500 millones) y los técnicos y jerarcas del ente se vieron “desbordados” ante un sinfín de reclamos y cuestionamientos por parte de los distintos oferentes que participaron del proceso competitivo.

El último capítulo de la novela, al menos para UTE, se cerró el pasado jueves cuando el directorio respaldó por “unanimidad” el informe de la comisión asesora de adjudicaciones que recomendó la firma del contrato de la obra con la coreana Hyundai Engineering & Construction (HDEC).

Ahora UTE espera la opinión del Tribunal de Cuentas (TCR) sobre el procedimiento que realizó el ente para realizar una compra directa millonaria y proceder a la firma del contrato con Hyundai para comenzar de inmediato con la construcción de la central térmica.

Periplo. El primer capítulo de la licitación de UTE comenzó en diciembre de 2011 cuando abrió las ofertas y la coreana Hyundai Engineering Co. (HEC) quedó en primer lugar con un oferta de US$ 470 millones para construir la central. Pero cuando UTE se aprestaba a redactar el contrato para adjudicar la obra a esta compañía, el diputado nacionalista Jorge Gandini denunció que esta empresa había presentado antecedentes falsos para quedar en primer lugar.

UTE decide no correr el riesgo de enfrentar un probable litigio con el resto de los oferentes y opta por realizar un segundo llamado a través de un Índice Comparativo de Ofertas (ICO) en junio de este año. En agosto, el ICO deja a la firma argentina Electroingenería en primer lugar. Empero, cuando la empresa debe respaldar sus antecedentes como contratista principal no cumple con los requisitos de UTE y es descalificada. Luego el ente energético procede a negociar con el segundo precalificado del ICO, Hyundai Enginnering & Construction (HDEC), en esta oportunidad se trata de la casa matriz de la firma coreana y no de una subsidiaria como fue HEC en el primer llamado.

UTE dio por cerrada la negociación con HDEC, pero la firma argentina Electroingenería amenaza con realizar un juicio civil millonario contra el ente por dejarla fuera de llamado.