Roberto Cid recuerda como anécdota el artículo que AméricaEconomía publicó hace ya una década sobre el negocio que en el año 2000 estaba emprendiendo en el Ecuador. En plena crisis económica y cambio de moneda, el empresario de origen chileno había decidido invertir US$5 millones en la adquisición de la planta que hasta entonces operaba la multinacional Schering-Plough en el país.

Cid recuerda el artículo porque recogía -dice- las metas que entonces tenía para Pharmabrand, la empresa que constituyó para empezar a competir en el mercado 10 años “se han cubierto un poco farmacéutico ecuatoriano, y que transcurridos más allá de las expectativas que tenía”.

El negocio empezó con 60 empleados, un nivel de ventas de alrededor de US$200 mil y la producción de medicinas para otras compañías.

Actualmente, la empresa tiene una nómina de más de 250 personas, ingresos por unos US$10 millones al año y, además de seguir fabricando fármacos e inyectables para multinacionales como Merck, Schering y Grünenthal, produce cerca de 90 presentaciones con marcas propias, ha obtenido localmente tres patentes por invenciones en el área médica y ha empezado a exportar a los Estados Unidos, Chile, Perú y Bolivia.

“Fabricamos productos que antes eran importados; esa es la base del negocio y por eso hemos crecido”, sostiene Cid, quien es el presidente de la farmacéutica.

Las primeras marcas propias con las que Pharmabrand salió al mercado se mantienen -el endulzante dietético Dieta Sweet y el colirio oftálmico Viclar-, pero su producción se centra ahora en las áreas terapéuticas: medicinas para el dolor, antibióticos, cardiovasculares y fármacos para gastroenterología.

El crecimiento de la empresa está relacionado además con la decisión de reinvertir las utilidades e inyectar recursos constantes en las áreas de investigación y desarrollo.

“A partir de 1995 y hasta mediados de esta década, la industria farmacéutica ecuatoriana se esforzó por alcanzar estándares internacionales de producción; a partir de 2005, da un salto importante hacia la investigación (…) No puedo afirmar que sea un escenario de todas las empresas nacionales, pero sí puedo decir que una parte importante del sector está haciendo fuertes inversiones en
este sentido”, comenta Juana Ramos, directora ejecutiva de la recién integrada Cámara de Industriales Farmacéuticos del Ecuador.

De las ocho empresas afiliadas al gremio, tres -según Ramos- dedican esfuerzos y recursos a la investigación y desarrollo; la Cámara es una de las cuatro asociaciones que integran a 30 empresas del sector -nacionales y extranjeras-, en cuyas manos está el 98% del mercado
local. El 2% restante pertenece a cerca de 100 laboratorios pequeños.

El salto al que se refiere Ramos se comprueba también en el crecimiento constante que ha experimentado el mercado en los últimos cinco años. Según IMS, una firma estadounidense que realiza estudios sobre el sector a nivel mundial, las empresas farmacéuticas en el Ecuador facturaron un total de US$820 millones en el 2009, 13,8% más respecto al 2008, cuando vendieron US$720 millones. En el 2007, los ingresos se ubicaron en US$618 millones, 66 millones más que lo recibido en el 2006.

Las cifras de ventas de Pharmabrand replican la tendencia. En 2009 facturó US$10 millones, 25% más que en el 2008, y su proyección es llegar a los US$15 millones.

Con patentes en mano. Las inversiones destinadas a la investigación
ya le han generado frutos a la farmacéutica nacional. Tres invenciones han logrado patentar en el Instituto Ecuatoriano de Propiedad Intelectual (IEPI).

La primera patente protege, desde diciembre de 2008, los derechos sobre un medicamento antiinflamatorio para el
rápido alivio del dolor que, al disolverse en la boca, se absorbe sin afectar al estómago.

El producto se llama Artrox. En febrero último, el IEPI le otorgó
a Pharmabrand una segunda patente por el descubrimiento de un producto regenerador de las células de la piel que está elaborado sobre la base de plantas de la Sierra ecuatoriana.

Y el tercer descubrimiento, con patente otorgada en el Ecuador, es un extracto de plantas amazónicas que eleva las defensas naturales del cuerpo humano y ha sido utilizado, por tres o cuatro años, en pacientes con cáncer de mama y de próstata. Denominado Bioinmune, estará en percha -según el ejecutivo- en los primeros
meses del próximo año.

Los directivos persiguen ahora una meta adicional: comercializar alguno de estos productos en los Estados Unidos, Canadá y los países miembros de la Unión Europea.

Entre marzo y abril de este año, las patentes ya ingresaron a una fase de aprobación definitiva ante los organismos en cada país o bloque luego de pasar por la oficina internacional de patentes, con
sede en Ginebra (Suiza), y de recibir un criterio favorable de la oficina europea de patentes, con sede en España.

“Algunas multinacionales ya están conversando con nosotros porque ven potencial comercial en el desarrollo de una de esas patentes”, comenta Cid. De concretar con éxito una estrategia de ventas, la compañía lograría apuntalar su crecimiento en el exterior. Sus exportaciones representan 20% de su cartera total, mientras el 80% está afianzado en un mercado local dominado a nivel privado por las farmacéuticas extranjeras. Las ecuatorianas tienen 22% del negocio.

En octubre de 2009, Pharmabrand recibió el aval de la FDA (Food and Drug Administration) para comercializar productos basados en componentes naturales al mercado estadounidense; desde enero exporta a ese destino una docena de presentaciones. Instaló además
una sucursal de la compañía en el estado de Delaware, y decidió concentrar sus esfuerzos en La Florida y Texas.

A Chile y Bolivia envía desde hace unos cuatro años colirios oftálmicos y productos inyectables; el mercado peruano se abrió este año. Colombia y Venezuela están en los planes a corto plazo.

Juana Ramos, de la Cámara de Industriales Farmacéuticos del Ecuador, cree que la industria nacional se enfrenta, sin embargo,
a un hito que promoverá su expansión local: “la decisión gubernamental de dar prioridad en las compras públicas a los productores locales”. Se trata, dice, de un momento crucial; la representante calcula que las adquisiciones del Estado representan un tercio de todo el mercado nacional.

Ramos no mira con recelo la creación de la estatal Empresa Nacional de Fármacos del Ecuador (Enfarma), a través de un decreto ejecutivo de finales de 2009. “Siempre necesitará -sostiene- de otros productores porque no podrá cubrir todo el arsenal terapéutico”; por ello, propone una alianza público-privada.

Enfarma, dice la representante, puede aportar al desarrollo de la investigación y convertirse en una pieza fundamental del sector siempre y cuando, advierte, no se la vea como una simple comercializadora de medicamentos para el Estado.

Como hace 10 años, Roberto Cid tiene sus metas. Mira a Pharmabrand como una multinacional ecuatoriana con presencia en Sudamérica, en la Unión Europea y en los Estados Unidos bajo el paraguas de alianzas con las extranjeras.