Mientras el peruano Mauricio Robalino, gerente general de La Llave, empresa de soluciones industriales, recorre el amplio almacén para mostrarnos la variedad de válvulas, bombas, montacargas y compresoras, realiza una serie de coordinaciones para abastecerlo nuevamente. “Cada semana tenemos que renovar el stock de productos”, dice el ejecutivo. “Desde que llegamos al Perú, la demanda de nuestros clientes para proveerles nuestros equipos no para”.

La Llave llegó al Perú en 2002, cuando el grupo industrial ecuatoriano Fadesa decidió iniciar su plan de expansión regional con miras a convertirse en el primer distribuidor industrial de América Latina.

Así desde su arribo al país, la compañía se ha enfocado en cuatro mercados objetivos: industria de manufactura, agroindustria, energía, minería y saneamiento. “El Perú es muy atractivo por la gran cantidad de inversión que hay a futuro y por la demanda de tecnología que sectores como el de minería requiere”, dice Mauricio Robalino, de La Llave. “Muestra de esto es que en el primer año facturamos US$1 millón y este año esperamos cerrar con US$20 millones”.

Y el techo para seguir creciendo es bastante alto tomando en cuenta que según cifras del Instituto Peruano de Economía, la brecha de infraestructura en el país supera los US$37.000 millones. Para José Gallardo, catedrático de la Universidad Católica del Perú, si bien el Perú ha avanzado, aún persisten deficiencias para acortar esta brecha. “Es necesario coordinar las inversiones que han anunciado en diferentes sectores, para que tanto el Estado y la empresa privada salgan ganando”, dice. “Hay muchos proyectos en cartera que van a contribuir a la competitividad del país y que representan inversiones interesantes para los contratistas, proveedores y comunidad en el general”.

El próximo paso para La Llave es llegar a todos los países de América Latina hacia 2018.

Por lo pronto, ante el rápido crecimiento que ha registrado la operación peruana de La Llave, la compañía tiene previsto invertir US$10 millones en la ampliación de sus oficinas administrativas en la zona industrial del Cercado de Lima, y en la adquisición de un terreno en Lurín que servirá de almacén adicional al que tienen también en el Cercado de Lima.

Además, este año inaugurará una sucursal en Arequipa (ya tiene una en Trujillo donde atienden principalmente a la industria azucarera) que incluirá un showroom con los equipos de todas las marcas que representa en una zona donde la minería es la actividad principal. “2009 fue un año duro, pero nos enseñó que nunca debemos sentirnos cómodos, sino que hay que estar siempre alertas”, dice Robalino, de La Llave. “Este año ha sido de recuperación y esperamos que en los próximos tres años duplicar los ingresos de La la Llave en el Perú”.

De esta forma, la empresa de origen ecuatoriano ha venido al Perú a quedarse y a ganar rentabilidad. Según Martín Dassum, director de la Cámara de Comercio e Integración Ecuatoriano-Peruana (Camepe), inversiones ecuatorianas en Perú como la del Grupo Fadesa es resultado del buen clima de negocios que presenta el país junto a una gran variedad de oportunidades para inyectar más capital. “Muchas empresas empezaron a invertir cuando el Perú no tenía el crecimiento que empezó a tener a partir de 2002”, dice. “Hoy definitivamente están rentabilizando esta inversión”.

Asimismo, según información de ProInversión, a diciembre de 2009 las compañías ecuatorianas invirtieron en el Perú alrededor de US$70 millones. Asimismo, se han abierto alrededor de 35 oficinas de empresas ecuatorianas en nuestro país, según datos de la embajada de Ecuador en Lima. “En los últimos años la relación bilateral ha mejorado bastante y ha sido un factor importante para dinamizar las inversiones entre ambos países”, dijo recientemente el agregado comercial ecuatoriano en Perú, Alejandro Dávalos. “Muchas empresas ecuatorianas están aprovechando el buen momento de la economía peruana para invertir sin mayor riesgo”.

No obstante, los planes de La Llave no se limitan solo al Perú. Hace dos años ingresó a Bolivia con gran éxito atendiendo a la industria de petróleo y gas y soya en Santa Cruz, y a la de cemento en La Paz. Además, la experiencia de proveer equipos a los grandes productores de soya en Bolivia ha llevado a que la empresa inicie operaciones en Paraguay, país donde la industria de soya es bastante fuerte.

Además, antes de que termine el año La Llave también se instalará en Panamá. “Este país tiene una inversión enorme de US$5.500 millones en la ampliación del canal (de Panamá), la cual es lo suficientemente atractiva por sí misma. Además tiene reservas comprobadas de cobre por lo que pronto se iniciará proyectos mineros y también de transporte y refinación de petróleo”, dice Mauricio Robalino, de La Llave.

“La Ciudad de Panamá tiene cerca de un millón de habitantes y va a construir un metro, ese es otro proyecto atractivo. Otra razón por la que vamos ir allá es que por su ubicación se convierte en un hub logístico para la región y estamos evaluamos la posibilidad de centralizar la logística en un punto y Panamá podría ser una opción”.

El próximo paso para el negocio de la Llave es llegar a todos los países de América Latina hacia el año 2018, a excepción de México y Brasil. “Estos dos mercados son todo un reto”, dije Robalino. “México está cerca de Estados Unidos y pueden comprar directamente a ese mercado, mientras que Brasil tiene una economía muy proteccionista, por lo que tendríamos que instalar plantas o hacer alianzas más sofisticados con proveedores”.

En tanto, La Llave en el Perú se consolida. A ocho años de establecerse en el Perú aporta con el 42% de los ingresos del total de la compañía, detrás de Ecuador con 45% y delante de Bolivia con 12%. “Mi propósito es que 2010 sea el último año en que Perú ocupe el segundo lugar”, dice Mauricio Robalino, de La Llave. “En 2011 vamos a ser más grandes que la filial de Ecuador”. Al parecer, su plan estratégico se ha convertido en una llave que les ha abierto muchas puertas, sobre todo en el ámbito de negocios.