La oficina del piso Nº 23 del edificio corporativo de Petrobras, en Rio de Janeiro, tiene un nuevo ocupante. O más bien, una ocupante. Maria das Graças Foster, directora de la división de gas y petróleo de Petrobras, pasará a ocupar el puesto de José Sérgio Gabrielli, quien multiplicó los ingresos de la empresa por seis en los años en que estuvo a cargo de ella.

La llegada de Graça, como le gusta que la llamen, agradó en un primer momento al mercado. La nueva presidenta es una funcionaria de carrera, algo bien visto en una empresa en la que se ha acusado insistentemente la interferencia política del gobierno de turno. Una paradoja, pues el nombramiento de Foster tiene la firma de la presidenta Dilma Rousseff. Petrobras tendrá accionistas privados, pero el que da las cartas sigue siendo el gobierno federal.

“Graça era una candidata fuerte para asumir el cargo”, dice Osmar Camilo, analista de la corredora Socopa. El 20 de enero, cuando comenzaron los rumores sobre el inminente cambio de mando, las acciones de Petrobras subieron levemente y tras la confirmación de Foster saltaron un 3,6% (las ordinarias). Además del nombramiento de Foster, los analistas atribuyen el hecho al embargo petrolero impuesto contra Irán por la Unión Europea.

Para Marco Aurélio Barbosa, analista de la corredora Coinvalores, además de sus capacidades técnicas, la ejecutiva tiene a su favor buenos resultados en todas las áreas donde se desempeñó. “Ella se hizo cargo de divisiones que perdían dinero, y consiguió hacerlas ganar”, dice.

Barbosa y varias de las fuentes consultadas por AméricaEconomía coinciden en que, pese a las diferencias de estilo con su predecesor, no cabe esperar grandes cambios en la petrolera, que se posicionó durante la gestión de José Sérgio Gabrielli como una de las más importantes del mundo, fundamentalmente gracias al descubrimiento de vastas reservas de crudo en aguas profundas.

“Creo que hará una gestión muy positiva. Ella tiene un perfil bastante técnico y no debería alterar mucho la composición de la alta gestión de Petrobras, formada hoy por profesionales de alta competencia”, dice el parlamentario Luiz Fernando Ramos Faria, quien preside la comisión de Energía y Minas de la cámara baja.

Para Pedro Dejneka, director de nuevos negocios para América Latina de la consultora Futures International, un elemento importante en la percepción positiva de los inversionistas es su experiencia, y los posibles cambios deberían limitarse a la eficiencia en la gestión. “Será algo semejante a lo que está haciendo la presidenta Dilma, en cortar costos innecesarios e invertir en donde hace falta”, dice.

Los líderes sindicales de la empresa creen lo mismo en lo que atañe a las relaciones laborales. “Durante la gestión de Gabrielli tuvimos enfrentamientos en varias ocasiones; es normal en las relaciones entre trabajo y capital”, dice João Antonio Moraes, coordinador general de la Federación Única de Petroleros (FUP).

Para Ademir Gomes Parrela, coordinador general del Sindicato de los Petroleros del Litoral Paulista, un punto de optimismo es que Foster es más directa en las negociaciones que le ha tocado enfrentar. “Graça no es una dama de hierro, ella no hace jueguitos para seducir a los trabajadores. No queremos una presidenta buenita, sino una presidenta justa”, dice.

Nuevo estilo. De origen humilde, Foster estudió ingeniería química, con maestría en ingeniería mecánica y nuclear, además de un MBA en la Fundación Getúlio Vargas. Entró a Petrobras en 1978 como estudiante en práctica y fue ascendiendo de puestos hasta que, en 2003, la entonces ministra de Energía y Minas, Dilma Rousseff, la invitó a ocupar la secretaría de Petróleo, Gas Natural y biocombustibles. En 2007 asumió la estratégica directoría de gas y petróleo de Petrobras.

De temperamento agresivo, Foster se ganó el apodo de “Maria Caveirão”, en alusión a los vehículos blindados que utiliza el batallón de operaciones especiales de la policía militar en Río de Janeiro. Es militante del PT y de perfil técnico, dos características que comparte con Dilma Rousseff.

Pero esta cercanía con la jefa del Planalto también tiene lecturas negativas, especialmente en un mercado sensible a la injerencia política en los asuntos corporativos. Para Dejneka, de Futures International, ése ha sido “uno de los mayores obstáculos para la empresa en lo que respecta a los inversionistas internacionales”.

Ildo Sauer, profesor de la USP, es aún más crítico: “El gobierno quiere una institución dócil”. El académico y ex director de la empresa dice no poder afirmar nada de la proximidad entre Graça y Dilma, en términos de aumentar o reducir la injerencia estatal en la compañía, “pero espero que Petrobras no se torne una empresa que tiene por único objetivo atender a la base política del gobierno”.

Para el politólogo David Fleischer, profesor de la Universidad de Brasília, “todavía hay mucha oposición a la llegada de Graça por el hecho de ser mujer. Durante mucho tiempo su ascenso fue bloqueado por José Dirceu, el ex jefe de la Casa Civil (caído en desgracia por el escándalo conocido como O Mensalão, el caso de corrupción más importante de la era Lula). Sin Dirceu el camino quedó libre”.

Otro aspecto polémico de Foster, antes que asumiera la presidencia, fue el que reveló el año pasado el diario Folha de São Paulo. Según una nota publicada por el periódico, la empresa C Foster, de propiedad de Colin Vaugham Foster, marido de la nueva presidenta, firmó 42 contratos con la empresa estatal entre 2007 y 2010. De éstos, 20 fueron firmados sin licitación y comprendían la adquisición de componentes electrónicos. La empresa informó que la falta de licitación se debió a los bajos montos involucrados. El Financial Times (FT) profundizó la información revelando que los contratos ascendían a US$ 350.000. Contactado por el FT, Colin Foster respondió lacónicamente que su empresa “no tiene contratos con Petrobras ni con ninguna de sus subsidiarias”.

En los próximos meses Foster deberá demostrar que éste no será un tema de preocupación. Todos los pros y contras de su nombramiento se relacionan con el sistema de gobierno corporativo de una empresa estratégica para Brasil y para el mercado financiero. Los accionistas han visto caer el valor de la acción, y el repunte de las mismas es una buena señal. Pero los temores persisten frente a un accionista mayoritario que tiene siempre la última palabra.

“Eso es algo natural en cualquier empresa. Después de todo, el gobierno federal posee la mayor parte de las acciones de la compañía y, por lo tanto, siempre tendrá una influencia sobre ella”, reconoce el diputado Ramos Faria, del Partido Progresista (centroderecha).

Para Adriano Pires, director del Centro Brasileiro de Infraestructura (CBIE, por sus siglas en portugués), el mercado esperaba el nombramiento. “La salida de Gabrielli ocurre en un momento en que la presidenta Dilma se apresta a realizar una minirreforma ministerial, y como el nombramiento del mando en Petrobras es atribución personal del presidente de la República, ella llamó a alguien de su confianza para el cargo”, dice.