México fue uno de los países más afectados por la crisis económica mundial. Además de una disminución de 6,5% en el PIB y una caída similar en el consumo privado, el país también sufrió un descenso en el conjunto de operaciones financieras en 2009. El monto total del pago de los consumidores en el país disminuyó 2,4% en términos constantes (en efectivo y tarjetas). 

Esta caída, según un estudio realizada por la firma global de investigación Euromonitor, se debió principalmente porque casi el 70% de las transacciones mexicanas se realizan con dinero en efectivo. Las transacciones con las tarjetas financieras, incluidas las de débito, crédito, de pago de almacén y tarjetas prepagadas cayeron 1% en el mismo año. Asimismo, el número total de tarjetas financieras en circulación se desaceleró 10%. Desde entonces, las operaciones financieras de los consumidores en México comenzaron a tambalearse debido, en parte, a la renuncia de los bancos locales y las instituciones financieras para facilitar el crédito.

 Los préstamos brutos de consumo, que se componen principalmente por hipotecas, cayeron casi 20% en 2009, en términos de valor constante. Estos son sólo algunos indicadores macroeconómicos de la situación que prevalecía en el país, donde los fondos y la liquidez desaparecieron de la economía.

Tarjetas de crédito: un sistema poco desarrollado. Aparte del negativo escenario económico y financiero experimentado durante la crisis, México sigue siendo un país poco desarrollado cuando se habla de créditos de consumo, especialmente cuando se de las tarjetas de crédito. El promedio per cápita de éstas en América Latina se mantuvo en 0,5 tarjetas por habitantes en 2009, mientras que en México la cifra fue de 0,2 tarjetas. Esta falta de desarrollo se atribuye a los altos costos de los préstamos en el país, la inadecuada cultura de crédito y un pobre ambiente competitivo, compuesto por pocos bancos e instituciones financieras. 

Se estima que en México, en 2009, sólo cuatro bancos tenían el 84% del mercado de las operaciones con tarjetas de crédito. La situación elevó las tasas de los préstamos y, una vez más, la mínima cantidad per cápita de los créditos brutos. Por ejemplo, el préstamo bruto per cápita para las tarjetas en México llegó sólo a US$176 en 2009, mientras que el promedio para América Latina, durante el mismo periodo, fue de US$470.

Los bancos líderes, que son en su mayoría filiales locales de empresas multinacionales, obtienen sus ganancias en México gracias a las altas comisiones por las prestaciones que otorgan a través de las tarjetas de crédito. La razón de los significativos cobros sería el alto riesgo de las entidades por no pago, lo que finalmente termina desalentando el uso de las tarjetas.

De acuerdo a la Condusef (Comisión Nacional para la Protección de los Usuarios de Servicios Financieros), la tasa de comisiones de tarjetas de crédito, en términos de porcentaje, oscila entre 21% y 88%, dependiendo de cada banco. 

En general, la relativa falta de uso de tarjetas de crédito se origina por dos razones fundamentales:

*La informalidad de la economía desalienta a los bancos a prestar dinero.

*La mayoría de los mexicanos trabaja en actividades que no están reguladas y sólo un pequeño porcentaje de ellos tiene un historial de crédito.

Almacenes Coppel y Famsa, son buenos ejemplos de la diversificación de negocios.

De los más de 43 millones de trabajadores ocupados a nivel local, sólo alrededor de 15 millones están registrados en el sistema de seguridad social.

Además, hay una gran cantidad de poblados rurales y remotas zonas en el país, donde para los bancos es difícil prestar servicios. Aproximadamente ocho millones se desempeña en estas áreas y es prácticamente imposible contar con una infraestructura cambiaria, tales como sucursales o cajeros automáticos, porque para los bancos, que buscan maximizar sus ganancias, no es negocio.

En resumen, la cultura del crédito es pobre en las dos partes, en las instituciones financieras y en los consumidores. Ésta situación ha dado lugar a una gran brecha en los préstamos, que se ha ido superando con la aparición de nuevas instituciones financieras.

Nuevas alternativas. Un número considerable de nuevas instituciones financieras están apareciendo en el mercado, algunas de ellas se consideran más negativas que positivas, ya que se aprovechan de la necesidad de la población y les cobran altos impuestos por créditos bajos, como lo son las casas de empeño. 

Pero no todo es malo. Algunas empresas minoristas están estrechando la brecha y están entrando rápidamente en el mercado de los créditos de consumo. Almacenes Coppel y Famsa, son buenos ejemplos de la diversificación de negocios.

Se dirigen a la población de bajos ingresos y no parecen estar muy preocupados por los altos riesgos de los préstamos. Es probable que su experiencia previa en el crédito de las tarjetas de tiendas les proporcionó un conjunto completo de conocimiento del mercado y del nicho. En este caso, Almacenes Coppel está bastante desarrollado en términos de emisión de tarjetas de compra y operación, con más del 80% del crédito total de las ventas al por menor.

Esta tienda cuenta con un sistema de cobro eficaz, que consiste en un equipo de 8.000 empleados, cuya misión es visitar a todos los clientes cuando sea necesario. Bancoppel, que actúa como banco ofreciendo servicios financieros y préstamos de consumo, es el más importante. Este modelo de negocio es también seguido por Grupo Elektra, que también participa en el ámbito minorista. Sin embargo, el problema de los altos costos de los préstamos continúa.

De hecho, el consumo financiero en México se vio muy afectado por la crisis internacional de 2009. Sin embargo, eso fue sólo temporal. Se espera que los bancos continúen siendo cautos con los créditos de consumo durante 2010 y se espera que a partir de 2011, la creciente disponibilidad y consolidación de nuevas instituciones financieras y bancos, como Banco Wal-Mart, Bancoppel y Famsa, ayudarán a que el mercado de las tarjetas financieras alcance un crecimiento de 5% anual entre 2010 y 2015, en las transacciones de valor constante.

En términos del entorno competitivo, aunque el mercado seguirá siendo dirigido por algunos bancos, por lo menos, más consumidores de bajos ingresos podrán participar en las operaciones financieras y dejar atrás su cultura basada en dinero en efectivo.