Cuando se analiza la empresa Enel Green Power es difícil decir cuál es el color verde que la moviliza: el verde de la sostenibilidad ecológica o el verde de los dólares. Y es que la filial de la eléctrica italiana Enel dedicada a la generación eléctrica a partir de fuentes renovables no convencionales (ERNC), y con fuerte presencia en América Latina, se ha transformado en uno de los negocios más dinámicos de la multinacional que adquirió los activos de Endesa.

“Enel Green Power será una historia de éxito: una buena compañía no tiene miedo al mercado”, dice Fulvio Conti, CEO del grupo Enel, desde Roma. De hecho, su discurso convenció a los inversionistas, que decidieron pagar casi US$ 4.000 millones por el 35% de las acciones de Enel Green Power (EGP), ofrecidas al público en las bolsas de Milán y Madrid en noviembre de 2010. Se trató de la mayor apertura en bolsas europeas en cuatro años, y en medio de la crisis de los mercados europeos. Según los analistas, y siguiendo la estrategia corporativa del grupo, gran parte de los recursos frescos serán utilizados para proyectos de energías renovables en América Latina. “Enel va a seguir creciendo con aún más fuerza en la región”, dice Claudia Introvigne, analista del banco de inversión italiano Leonardo, con sede en Roma. “América Latina es y será el foco de crecimiento de Enel”.

Hoy EGP tiene 4.500 MW en capacidad instalada en todo el mundo, de los cuales 700 MW (el 15%) está en América Latina. El objetivo que se ha planteado EGP es sumar, para 2014, 4.700 MW adicionales de potencia instalada a nivel mundial. De ello, sólo los proyectos que tiene en Chile y en Brasil representan un 20% de esas inversiones. Una muestra de que, pese a las habladurías del mercado, la compañía no ha decidido vender los activos latinoamericanos que absorbió luego de adquirir la española Endesa.

Según Javier Suárez, director europeo de utilities del banco de inversión milanés UniCredit, cuando Enel compró Endesa España, los analistas apostaban que la italiana iba a vender la eléctrica Enersis, la cual administra la mayor parte de sus activos en la región, y se iba a enfocar en Europa del Este, luego que invirtiera en Rusia y Eslovenia. Pero el italiano Conti dio una vuelta de tuerca: no vendió Enersis (con ingresos anuales por US$ 12.000 millones), dándoles un apoyo explícito a la compañía y a las operaciones de Enel destinadas al desarrollo de ERNC en Latinoamérica.


INVIERTO ALLÍ PARA CONTAMINAR ACÁ. Por ello Conti sigue muy de cerca América Latina. En una presentación ante inversionistas, el gerente general de Enel señaló que de todas las operaciones de la compañía, Latinoamérica será la que registrará el mayor crecimiento anual en la demanda de energía, llegando a un 4% para los próximos cuatro años.

No obstante, el interés por América Latina no sólo viene por el crecimiento en la demanda. Tal como lo explica el físico nuclear y jefe de la Unidad de Recursos Naturales y Energía de la Cepal, Manlio Coviello, “la región concentra gran parte del potencial de generación de energía renovable del mundo”. El 40% de los recursos hídricos del planeta están en América Latina; el potencial para la energía solar que presenta el desierto de Atacama y el norte de México y Brasil, está entre los más altos del mundo, mientras que de Panamá al sur está el mayor potencial geotérmico del planeta. “Enel Green Power desea participar en el desarrollo de las ERNC de un continente de gran dinamismo y con un potencial enorme de energías verdes”, dice Óscar Valenzuela, gerente general de Enel Chile. “A todo esto se suma que existe una mano de obra más barata”, dice Coviello, de la Cepal.

“Enel va a seguir creciendo con aún más fuerza en la región”, dice Claudia Introvigne, analista del banco de inversión italiano Leonardo, con sede en Roma. “América Latina es y será el foco de crecimiento de Enel”.

Esa menor mano de obra, no obstante, no alcanza para hacer el negocio de las ERNC algo rentable. En América Latina, pese al potencial, los proyectos de este tipo de generación no han avanzado mucho porque los usuarios no pagan un precio mayor por ella ni existen efectivos métodos de subsidios, lo que no les permite una rentabilidad atractiva para llevar a cabo la inversión. “La velocidad de avance varía de caso a caso, pero la energía eólica, las pequeñas hidroeléctricas y la biomasa son las ERNC más avanzadas”, dice Gustavo Nieponice, socio y director general para las oficinas de Santiago y Buenos Aires del área latinoamericana de energía y minería de The Boston Consulting Group. “Pero aún no son competitivas con las fuentes tradicionales”.

No obstante, para el italiano Conti, incrementar la generación a través de vías renovables en América Latina le ayuda a todo el resto del negocio de Enel basado en las tradicionales plantas termoeléctricas. “Al incrementar la generación de energía renovable en América Latina, las generadoras europeas pueden cumplir con las exigencias de bajar sus emisiones de CO2 de su matriz y mirar con más tranquilidad su negocio en el Viejo Continente basado principalmente en termoeléctricas”, dice Suárez, de UniCredit. Hace sentido. En Europa, no son muchas las fuentes energéticas renovables que van quedando sin explotar, por lo que gracias a la cobertura global de Enel, reducir sus emisiones de gases invernaderos en la generación eléctrica de América Latina le genera bonos para su negocio europeo.

Es una estrategia que empezó a vislumbrar desde 2001, cuando creó su primer proyecto de ERNC en la región (un proyecto eólico en Costa Rica) y que ha ido profundizando al incrementar su presencia en ocho países con proyectos de ese tipo. Sus 32 plantas de ERNC en América Latina se reparten en México, Guatemala, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Panamá y Brasil, países donde en su conjunto posee una capacidad instalada de 668 MW.

Actualmente Enel Green Power posee operaciones en Chile, donde está desarrollando proyectos vinculados a la geotermia en el norte del país, una operación que tendría un potencial de 100 MW. “Esperamos cristalizar en breve esta iniciativa, con la puesta en marcha de la primera planta de energía eléctrica alimentada por geotermia de Sudamérica”, dice Valenzuela. En este país, además, se prepara a levantar 850 MW en siete parques eólicos, más que toda su capacidad de generación actual.

No obstante, es la hidroelectricidad la principal fuente de energía desarrollada en la región, con 31 plantas en seis países. Muchos de ellos son pequeños y medianos generadores, como el que construye en Guatemala, en el departamento de Quinche. Ahí la compañía construye la planta hidroeléctrica Palo Viejo, de 84 MW. En Costa Rica la italiana es controladora del parque eólico Tilarán, de 24 MW, y se acaba de adjudicar una licitación en Brasil de 90 MW del mismo tipo de energía, a través de su subsidiaria en ese país. El listado es aún más largo. “Enel Green Power tiene 4.000 MW en su pipeline en la región en esta fuente energética para el largo plazo”, dice Introvigne, del banco Leonardo. Un ejemplo de ello es la planta que posee en Panamá a través de Enel Fortuna, con una capacidad de 300 MW, la segunda infraestructura civil más grande del país después del Canal, y que cubrirá el 25% de la energía requerida por el país centroamericano. Una estrategia que, gracias a su presencia global y posibilidad de escoger los mercados más adecuados para distintas inversiones, le está permitiendo a Enel dar la vuelta de tuerca y hacer que los dos verdes de moda en el mundo de los negocios coincidan. Power.