Santiago. “La iluminación es mi casa es eficiente. Tengo un sistema que permite que los artefactos no sigan gastando corriente cuando están apagados, pero siguen enchufados”, dice Juan Carlos Campos. “Incluso tenemos un control que regula la temperatura del agua caliente, lo que permite que si me voy a bañar y me sale el agua hirviendo, no tenga que dar el agua helada y termino gastando la misma energía”, cuenta orgulloso.

Y es que este colombiano, ingeniero Termoenergético y doctor en Ciencias Técnicas, especializado en equipamiento energético de centrales nucleares, es actualmente miembro del comité internacional creador de la norma ISO 50.001, creada con el propósito de certificar a aquellas empresas que buscan reducir su consumo de energía e intentan ser más amigables con el medio ambiente.

Campos ha trabajado en Cuba, Colombia, Ucrania y Rusia, entre otros países. Es gerente de Gestión Energética de la empresa colombiana E2 Energía Eficiente, dedicada a la implementación de la norma SGE (de responsabilidad)  en el segmento industrial y minero. Y profesor titular en Cuba y Colombia, una trayectoria profesional que lo trajo a la Expo Eficiencia Energética 2010 que se realizó la semana pasada en Chile, evento en el que conversó con AméricaEconomía.com sobre los pasos que deberán seguir las empresas latinoamericanas para participar de este proceso de certificación voluntaria que comenzará entre mayo o junio de 2011.

Según el experto, lo primero que hay que tener claro es que “realizar una gestión eficiente en el uso de la energía permite reducir los costos energéticos, de producción, lo que a su vez mejora la competitividad y la posición en el mercado”.

Los pasos son los siguientes:

"Esta certificación se considera un acto de Responsabilidad Social Empresarial, porque reduce los gases de efecto de invernadero".

1.- Establecer una política energética de la empresa.

2.-Desarrollar un proceso de planeación energética.

3.-Implementación y operación de esa planeación energética.

4.-Proceso de chequeo, que consiste en monitorear y analizar los resultados del proceso de implementación. En este punto se deben establecer las acciones correctivas y preventivas.

5.-Revisión con la gerencia de la empresa, básicamente para hacer los cambios correspondientes y ajustar los procedimientos de planeación realizados.

6.-Proceso de mejora continua, para aplicar los cambios y de nuevo comenzar el proceso.

7.- Chequeo anual de la empresa, lo que permitirá conseguir la recertificación cada dos años.

“Pero como esta certificación se considera un acto de Responsabilidad Social Empresarial, porque reduce los gases de efecto de invernadero, esto se convertirá en un requisito cliente- proveedor”, asegura Campos.

Manos al bolsillo. La inversión que una compañía debe hacer para ser certificada varía según la facturación energética que ésta tenga. Por ejemplo, si gasta US$500.000 mensuales, los costos de implementación aproximados serán de US$150.000. Si es de un US$1 millón mensuales, el monto subirá a US$600.000. 

Pero el experto insiste en que “lo que tú vas a gastar, lo vas a recuperar rápidamente por la recuperación de los costos energéticos. La experiencia muestra que en máximo un año se puede recuperar la inversión y comenzar a obtener ganancias".

A medio gas. A nivel mundial, Europa es una de las regiones más avanzadas. Ya cuenta con una norma que deben cumplir todas las empresas que forman parte de la Unión Europea (EN 16.001).

Estados Unidos, desde 2000, que también ya tiene una (ANSI) y si bien América Latina no encabeza la lista en cuanto a eficiencia energética, tampoco está en el último lugar. “Podríamos decir que estamos a un nivel medio y lo que nos queda para poder compararnos con los países más avanzados es avanzar en el procesamiento de esta norma”.

En cuanto al desempeño de los países, Brasil es uno de los más avanzados, ya que con Estados Unidos fueron los impulsores de la norma ISO 50.001. También participaron Chile, Colombia y Argentina, por lo que, según el experto, serían estos los países impulsores a desarrollar la aplicación en el resto de los países de la América Latina.

Campos destacó además el rol de México y Costa Rica, porque de Sudamérica para arriba, considera que estos son los países que más se han preocupado de esa temática. Además, dijo que si bien el país azteca ya se sumó al proceso de implementación de la norma, espera que pronto Costa Rica también lo haga.

Y es que la norma tiene dos desafíos importantes en la región. El primero, tiene directa relación con el conocimiento en gestión energética. Es decir, hay que capacitar a las personas y entidades que se van a desenvolver en esta área. El propósito es que “no tengamos que depender de nuevo de entidades certificadoras, de implementadoras extranjeras, sino que debemos lograr que nuestros países sean capaces de hacerlo”.

Lo segundo, es que las que las empresas se interesen por la implementación de la norma, y para eso es necesario divulgarlo, así el sector puede ir asimilando los requisitos de la norma y comprender los beneficios que obtendrá a largo plazo.

Expectativas. Juan Carlos Campos tiene claro que los procesos de asimilación no son rápidos. Hay una primera etapa que es lenta y tiene relación directa con el número de empresas que se certificarán por año. “Así ha pasado con la norma ISO 9.001 y con la 14.001, pero hay factores que creemos que pueden acelerar este proceso en el caso de la 50.001”.

Y aunque la norma establece 128 requisitos, el experto destacó los principales que se deben tener en cuenta: una política energética, contar con objetivos, metas, planes de acción y una estructura organizativa.

El impacto que se espera tener entonces es la reducción de los gases de efecto invernadero. “Hoy el 75% de los gases que provocan el efecto invernadero es dióxido de carbono y el 90% del dióxido de carbono se debe a los procesos de combustión para obtener energía. Entonces, la norma espera impactar el 60% de los gases que provocan el cambio climático”.

Hoy Juan Carlos, exitoso en el mundo por promover la eficiencia energética, asume que aún le queda una gran misión por cumplir: “que mis hijos también hagan lo mismo, pero aún no lo logro y ese es uno de mis principales desafíos”.