Muchos ejecutivos aseguran que es muy marcada la diferencia en el ambiente cuando asisten a las conferencias de la industria petroquímica que se realizan en Estados Unidos y las que se llevan a cabo en América Latina. En las primeras dominan la aprensión y la cautela mientras que en las segundas predomina el optimismo.

El clima de negocio es muy desigual. Mientras las compañías estadounidenses siguen lidiando con la debilidad de la economía de su país, sus pares latinoamericanas disfrutan de una mayor demanda de productos y avanzan con sus planes de expansión. En algunos países es como si la crisis no existiera.

“¿Qué crisis? ¡Aquí no pasa nada!”, dice Jorge O. Bühler-Vidal, director de la firma Polyolefins Consulting, con sede en Brunswick, Nueva Jersey, repitiendo la respuesta que obtuvo cuando les preguntó a ejecutivos de la industria brasileña sobre el impacto en sus negocios de la recesión económica mundial. La coyuntura más bien ha tenido un impacto positivo, permitiéndoles adquirir equipos a muy bajo costo en Europa. Y los prospectos de la industria latinoamericana, dicen los expertos, seguirán mejorando los próximos meses.

“Este año se ve mucho más optimista”, dice Rina Quijada, CEO de IntelliChem, una firma con sede en Houston que provee inteligencia de mercado a la industria petroquímica. “La región ha visto en los últimos doce meses una consolidación de productores, acompañada de un crecimiento en la demanda en el Perú, Colombia, Brasil y Argentina”.

El buen pronóstico, sin embargo, no se extiende a México, país cuya economía es muy vulnerable a la debilidad de Estados Unidos y donde las empresas compiten con las importaciones estadounidenses, dice Quijada.

En el otro extremo está Brasil, que no sólo está registrando una robusta demanda, sino que también concentra los mayores planes de expansión en la industria latinoamericana. “Incluso están invirtiendo en lo que llamamos las plantas verdes, que operan a base de etanol elaborado con caña de azúcar, y no con hidrocarburos”, dice Quijada. La primera de estas fábricas, que está en su última fase de construcción, pertenece a Braskem, firma que no oculta sus planes de ubicarse entre las cinco mayores petroquímicas del mundo en los próximos diez años. “Esa es una gran innovación. La producción de la planta, que arranca en agosto, ya está súper vendida”, dice Quijada.

Según Bühler-Vidal, el hecho de que Brasil haya asumido el liderazgo dentro de la industria petroquímica latinoamericana es testimonio de la visión de largo plazo de sus empresas, ya que curiosamente nacieron en un país que hasta hace muy poco carecía de reservas importantes de hidrocarburos. “Uno habría esperado que Venezuela y México fuesen los grandes productores petroquímicos, pero por mucho tiempo Brasil y Argentina asumieron el liderazgo”, dice el consultor.

Mientras las compañías brasileñas salen a la conquista del mundo, sus pares mexicanas están inmersas en un estado de frustración tras años de estancamiento o crecimiento anémico. Una de sus grandes dificultades ha sido garantizar el suministro de materia prima por parte de la petrolera estatal Pemex. Algunas petroquímicas mexicanas han mirado al exterior. Sus planes para ampliar la producción dentro del país son muy escasos.

Más de US$3.000 millones se invertirán en la industria petroquímica peruana

El caso más emblemático fue la suspensión, hace unos años, del Proyecto Fénix, que iba a ser el mayor complejo petroquímico del país y que requería de una inversión de US$2.600 millones. Pensado como un joint venture entre un consorcio privado y la estatal Pemex, que iba a tener una participación de 49%, su cancelación “significa que no habrá incrementos sustanciales en la capacidad de la industria petroquímica en los próximos cinco años”, según un informe elaborado por la firma Business Monitor International. México seguirá dependiendo de las importaciones de productos petroquímicos para cubrir las necesidades internas, dice el informe.

La falta de un suministro confiable de materia prima también limita las aspiraciones de expansión petroquímica en otros países. “Argentina quisiera tener más producción, porque la demanda crece más rápido que la producción actual de petroquímicos, pero su gran obstáculo son las limitaciones en conseguir materia prima”, dice Quijada.

Otro impedimento en Argentina, según Bühler-Vidal, es la inestabilidad legal. “Al no tener la seguridad, uno no puede decir voy a hacer esto porque la semana que viene cambia todo”, dice.

Venezuela, en tanto, viene avanzando, al menos sobre el papel, en la planificación y el desarrollo de varios proyectos, algunos de ellos impulsados por la estatal Pequiven en asociación con la brasileña Braskem. Pero algunos de esos proyectos han sido armados y desarmados con el transcurso del tiempo y la caída de los precios del petróleo en el último año ha recortado la capacidad venezolana para financiar algunas de estas iniciativas.

“El problema venezolano es que ha habido mucho entusiasmo por hacer muchas cosas, y como todo es complicado, terminan adquiriendo compromisos que exceden la capacidad de desarrollarlas todas al mismo tiempo”, dice Bühler-Vidal. “Ahora se dieron cuenta de que no pueden hacer todas esas cosas y han empezado a limitarse un poco y a demorar los proyectos”.

Colombia, por su parte, también ha cobrado un mayor atractivo para la industria. Los analistas dicen que varias petroquímicas de ese país han desempolvado sus planes de desarrollo que tenían guardados hace años. Se prevé que este año entre en marcha al menos una operación petroquímica.

Otro país atractivo para el sector es el Perú, debido en gran parte al descubrimiento de los yacimientos de gas natural de Camisea y a los esfuerzos del presidente Alan García por impulsar la actividad petroquímica. “Desde que él está en el poder, el gobierno ha tomado medidas para que las empresas puedan ir a invertir en el país, ya sea con nuevas leyes o construyendo caminos, la idea es ver maneras de facilitar, en vez de complicar, las cosas”, dice Bühler-Vidal.

Por lo pronto, hay tres grandes proyectos en cartera. Uno de ellos es el de la estadounidense CF Industries, que a fines de año iniciaría la construcción de su planta petroquímica en Marcona (Ica), en la cual invertirá US$2.000 millones para producir 1,3 millones de toneladas de urea al año.

Del mismo modo, el grupo peruano Brescia en asociación la chilena Sigdo Koppers formó el consorcio Nitratos del Perú para construir un planta de amoníaco que operaría a partir de 2012 con una inversión de US$600 millones. En tanto, la empresa australiana Orica construirá su planta de nitrato de amonio también en Ica a comienzos de 2011 con una inversión de US$500 millones. Definitivamente, toda una explosión petroquímica.