La Habana. Las lluvias y la humedad residual dificultan la cosecha tabacalera en la occidental provincia cubana de Pinar del Río, donde se encuentran los principales cultivos de la hoja de tabaco en la isla.

La fatídica mezcla de lluvia y humedad merma las aspiraciones de los tabacaleros que -hasta la fecha- recolectan más de 14 millones de cujes de la hoja. A pesar de las condiciones climáticas, en la zona prosigue la cosecha con el uso de tecnologías como la plantación en hilera doble y la siembra de variedades resistentes a plagas y enfermedades.

Todos los habanos se hacen de la misma forma en que históricamente se han confeccionado por torcedores y torcedoras, cuyas experimentadas manos no pueden ser igualadas por máquina alguna.

La Empresa de Tabaco Torcido de Pinar del Río espera producir unos 5.500.000 puros este año, de los cuales la mayoría serán destinados a la exportación, dijo el director de esa entidad, Orlando Acosta. Las marcas de habanos Romeo y Julieta, Vegas Robaina, Hoyo de Monterrey, entre otras, son algunas de las producciones del año en curso de la citada empresa, ubicada a unos 170 kilómetros al oeste de La Habana.

En la producción de 5.200.000 puros para la exportación y de 300.000 para el mercado nacional están inmersas las fábricas, ubicadas en los municipios de Pinar del Río, Consolación del Sur y Candelaria, donde se utiliza, en lo esencial, la materia prima procedente del llamado macizo tabacalero de Vueltabajo, cuna del mejor tabaco del mundo.

La provincia de Pinar del Río aporta más de 50% de la materia prima a la industria nacional de habanos y en la actualidad está enfrascada en una temporada que ha sido desfavorable para las cosechas, muchas de ellas resembradas hasta en tres ocasiones.

Las lluvias y el inestable clima obligaron a continuar las siembras durante todo el mes de febrero para reponer las pérdidas provocadas por las precipitaciones, sobre todo en los territorios de Guane, San Juan y Martínez, San Luis y Viñales.

Salvo excepciones, todos los habanos se hacen de la misma forma en que históricamente se han confeccionado por los torcedores y torcedoras, cuyas experimentadas manos no pueden ser igualadas por máquina alguna.