La celebración de los 50 años de la marca de artículos para el hogar Somela, a principios de octubre, no fue una ceremonia cualquiera para los directivos del Grupo Sigdo Koppers Juan Eduardo Errázuriz y Juan Pablo Aboitiz. Tras 25 años como controladores de la empresa, la habían vendido recientemente al Grupo Electrolux.

“Fue duro”, dice Errázuriz, vicepresidente ejecutivo del holding SK, al recordar todo el proceso de desvinculación de CTI, la fabricante de electrodomésticos chilena que manejaba las marcas Fensa, Mademsa y Somela. “No somos un grupo de comprar y vender. Desarrollamos esa compañía con mucho esfuerzo y la proyectamos en el largo plazo”. Pero había que hacerlo. Sigdo Koppers (SK) había llegado a un grado de madurez en que necesitaba concentrarse en un expertise: los servicios a la minería. Y no podía darse el lujo de mantener una compañía pequeña que no lograba sinergias con el resto de sus operaciones. Para competir en electrodomésticos se necesita una fuerte inversión en I+D, explica Errázuriz.

Y para eso se requiere una escala que CTI no lograba dentro de SK, pero sí dentro de Electrolux. Pero la venta de CTI en US$625 millones significó un paso grande: a los pocos días compró el 100% de la empresa belga Magotteaux en US$790 millones, una compañía que fabrica bolas de acero para la molienda, usadas en la minería del cobre, plata, hierro y en la industria del cemento. Incluyendo esta adquisición, las empresas del grupo representan ventas por US$2.123 millones anuales a juio de este año. Si se suman los ingresos de la distribuidora de automóviles SK Bergé –de la que SK posee el 40%–, la cifra alcanza los US$3.109 millones.

La belga es ahora la compañía más grande del holding, con ventas por US$ 720 millones anuales esperadas para este año, sobrepasando a la clásica proveedora de servicios de explosivos para la minería Enaex, que registró ventas por US$ 410 millones el año pasado. El 60% de los ingresos de Magotteaux viene de la minería, y si a eso se suma la industria del cemento, la cifra llega al 80%.

La movida era lógica. SK necesitaba consolidarse como proveedor de un rubro promisorio en la región: la minería. “Estábamos muy fuerte en ingeniería, en transporte para minería, en puertos, en tronadura, pero nos faltaba la parte intermedia de servicios a la minería, teníamos un vacío y nos interesaba generar una cadena de valor para los clientes”, dice Errázuriz, quien controla la sociedad a través de un pacto de accionistas junto a la familia Aboitiz y otros cuatro inversionistas más, con el 12,5% de las acciones cada uno (el restante 25% está en manos de AFP y otros inversionistas institucionales).

“Empezamos a revisar todas las alternativas hasta que apareció ésta”. Las perspectivas son buenas. “De aquí a 2019 se proyectan inversiones por sobre los US$ 234.000 millones en minería en Chile y Perú”, dice Errázuriz. “Ambos países producen el 37% del cobre del mundo, y después de las inversiones, podrían llegar al 50%”, confía el ejecutivo.

Con esta y otras inversiones, el grupo espera duplicar su tamaño en ventas de aquí a cinco años. “Deberíamos llegar a los US$4.000 millones sin considerar el área automotriz. Y a US$6.000 si la incluimos”, dice Aboitiz.

La joyita. Magotteaux tiene 12 plantas productivas en diez países (principalmente en la propia Bélgica, Brasil, Estados Unidos, Canadá y Tailandia) y 38 oficinas comerciales en 24 países. “Se espera que dicha transacción genere sinergias operativas para el grupo, brindando un adecuado acceso geográfico a nuevos mercados y a nuevos clientes”, dice el informe de Feller Rate.

La empresa es una especie de joyita. Aparte de ser líder mundial en su área, es fuerte en I+D. Tiene centros de desarrollo en Bélgica, Sudáfrica y Australia y ha patentado más de 20 tecnologías y procesos propietarios en 60 países. “Eso le da una ventaja y le permite diferenciarse”, dice Aboitiz. “La región de Bélgica a la que pertenece tiene políticas públicas fuertes en incentivos a la innovación y nueva tecnología muy fuerte, y eso ayuda a que el desarrollo continúe”.

Cuentas claras. La empresa ha previsto que sus índices de liquidez no se resientan. Todos los recursos obtenidos por CTI (cerca de US$315 millones por el 50,1% de la propiedad de CTI) se destinarán a la compra de Magotteaux, además de un crédito puente por poco menos de US$380 millones, a 18 meses del banco francés BNP Paribas.

El segundo paso es un aumento de capital por US$370 millones, aprobado a fines de octubre por la junta de accionistas y a concretarse en enero de 2012. Los integrantes del grupo controlador suscribirán la parte que les corresponde y se espera que el resto de los inversionistas también lo haga. “Lo que va a quedar libre va a ser suficiente para el mercado chileno”, dice Aboitiz.

“Y vamos a quedar con recursos para los planes de inversiones”. ¿El foco? Capitalizar a las filiales y potenciar los negocios en Chile, Perú y Brasil. “Uno de los temas a evaluar es cómo se va a financiar la compra, porque de eso depende que se mantenga el precio financiero”, dice Rina Jarufe, analista de Fitch Ratings. “Y desde ese punto de vista, nos parece muy positivo el aumento de capital”.

Con eso, a la empresa le quedará el camino despejado para echar a andar los US$300 millones que pretende invertir en 2012-2013 (a los que se suman otros US$100 millones de Magotteaux). El 30% de eso se invertirá en el extranjero.

“La política financiera de la compañía es que los proyectos de las filiales sean financiados directamente por éstas, ya sea a través del uso de generación interna de caja de las propias filiales o de financiamiento externo”, dice Gabriela Clivio, gerenta de estrategia de la corredora VanTrust Capital. “Y eso es positivo”.

El proyecto petroquímico en Perú, junto con el grupo local Brescia, es quizá la inversión más fuerte del grupo: US$850 millones en total, en cuatro años. Además, busca expandirse en Brasil. Ya aumentó su presencia tras la compra de Magotteaux, que tiene una fábrica en ese país y abastece a parte de la industria cementera. Pero también quiere ampliar sus operaciones en arrendamiento de equipos y maquinarias.

“Ya partimos con el negocio de arrendamiento de equipos, con una empresa en Curitiba”, dice Errázuriz. “Y esperamos tener novedades en el primer trimestre del próximo año”. También tienen negocios en Colombia, en el área de arrendamiento de equipos y servicios a la minería.

Pero quizá el salto más importante para SK es haber puesto un pie en Asia, donde Magotteaux tiene una presencia fuerte. Y es que la diversificación geográfica es una especie de seguro frente a su principal flanco débil: una alta sensibilidad a los ciclos económicos, por las industrias a las que provee.

Errázuriz prefiere mirar más allá de las crisis. “No conozco ningún proyecto de inversión que se haya pospuesto o parado por todo lo que está pasando”, dice. “El desarrollo de este tipo de iniciativas es de tres, cinco y seis años. Por eso, ahora es la oportunidad de partir”.