Las que alguna vez fueron las atochadas piscinas donde se criaban millones de salmones en Puerto Montt y Chiloé comienzan a retomar su actividad con una apariencia distinta. Las jaulas tienen el doble de

tamaño –alrededor de 40 metros– y casi la mitad de los peces. Todas son nuevas, están más ordenadas y cada elemento en ellas está rotulado. Su entorno también es más limpio: los peces muertos son previamente tratados y sacados de los centros de cultivo en containers sellados, a diferencia de antes cuando eran retirados en bolsas plásticas a la vista de todos.

El panorama sería ideal si no fuera porque este nuevo estilo, que significó una inversión de cerca de US$400 millones a la industria, aún no permite a las empresas consolidar su recuperación tras el desastre que significó la plaga del virus ISA –infección mortal para los salmones, aunque sin efectos en la salud humana–, que obligó a las empresas a eliminar el 80% de sus activos biológicos e hizo caer la producción desde 650.000 toneladas en 2008 a menos de 300.000 el año pasado.

Durante la primera mitad de este año la industria se está acercando a los niveles de exportaciones y producción pre crisis, con 187.000 toneladas en el primer semestre de 2011, 23% más que el mismo período de 2010. Pero muchos dudan que eso sea sostenible. La etapa destinada a generar la “Salmonicultura 2.0” sigue marcada por la incertidumbre sanitaria, la baja en el precio internacional del salmón y la caída de las acciones de las compañías presentes en la bolsa.

La autoridad está atrasada en la elaboración de los 17 reglamentos asociados a la modificación a la Ley de Pesca y Acuicultura de abril de 2010. Algunos ya están en la Contraloría para su revisión, pero otros están recién en etapa de borrador. Y mientras no se pongan en práctica, las mejoras de la Ley –que incluye cambios laborales, nuevas exigencias sanitarias y refuerza las facultades de fiscalización– serán difíciles de implementar.

Las medidas que se han puesto en marcha son demasiado recientes como para generar la confianza de los inversionistas. “La cuestión principal aquí es la sanitaria y el tema reglamentario está lento”, dice Alejandro Santibáñez, presidente de la Confederación Nacional de Trabajadores del Salmón (Conatrasal). “Y no sabemos por qué”.

Tras inspecciones submarinas, en agosto el Servicio Nacional de Pesca denunció ante los tribunales a 5 productoras por arrojar desechos al fondo marino. Una de ellas había sido sancionada un par de meses antes por no respetar los períodos de descanso de las jaulas.

Por eso, la noticia de la aparición de un nuevo brote de una cepa inocua del virus ISA en 23 centros de cultivo este año generó alarma. “Vemos con incertidumbre lo que pueda pasar en la industria”, dice Francisco Mercadal, analista de la clasificadora de riesgo FitchRatings. “El tema importante en los próximos períodos será el funcionamiento de un nuevo esquema sanitario regulatorio en la industria”. Si eso no tiene éxito, podría haber de nuevo un problema sanitario importante, dice.

Los empresarios conocen los riesgos. “Lo importante es no tener una crisis sanitaria porque ahí sí que nos vamos al diablo de nuevo”, dice el presidente de Cultivos Yadrán, Felipe Briones, compañía que exportó en 2010 US$1,6 millón.

En la época de oro de su producción salmonera, Chile se transformó en el segundo productor después de Noruega y llegó a exportar US$ 2.235 millones en 2008, casi el doble de los envíos de vino, que alcanzaron ese año US$ 1.375 millones. Hoy los noruegos producen más de tres veces lo que produce Chile. Los salmones llegaron a ser el tercer producto más exportado del país (después del cobre y el molibdeno) en 2007 y experimentaron un explosivo crecimiento: entre 1998 y 2008 sus exportaciones crecieron 216% en valor.

La llegada del letal virus llevó a las empresas a una complicada situación financiera por la que tuvieron que renegociar pasivos por US$ 1.600 millones con la banca. Muchas consiguieron algunos años de gracia para el pago, por lo que la carga puede ser pesada en adelante. Posteriormente, algunas empresas buscaron vías de financiamiento para salir a flote, como la apertura a bolsa o el aumento de capital.

El incipiente repunte del sector salmonero y la incertidumbre que gira en torno suyo no sólo es un tema en Chile. A comienzos de agosto, un duro editorial de The New York Times calificó de “insostenible” la forma en que se cultiva el salmón en Chile y su mal manejo del virus ISA.

Paradojalmente, el aumento en la producción tras la salida de la crisis está jugando en contra de las empresas. Debido a la mayor oferta, el precio del salmón en los mercados internacionales ha caído más de 35%, desde unos extraordinarios US$ 7 la libra hace un par de meses hasta cerca de US$ 5. Si bien los nuevos valores aún están por sobre los históricos, las empresas tienen costos mucho más altos. “Nadie anticipaba una reducción tan brusca”, dice Bombin. “Y no vemos que se vaya a revertir”.

Según Briones, de Cultivos Yadrán, los precios actuales aún son rentables. Pero el tema ya hizo reaccionar a Marine Harvest, que anunció recientemente un recorte en sus gastos desde casi US$ 200 millones hasta US$ 36 millones para este año, además de una baja en la producción y una estrategia de mercados más fina. “Vemos tiempos difíciles en los próximos doce meses”,  dijo Alf-Helge Aarskog-Scott, director ejecutivo del grupo de inversionistas a la prensa. “Estamos preocupados por el equilibrio del mercado en los próximos trimestres”.

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Índice color salmón. La incertidumbre está influyendo en los precios de las acciones de las empresas. El Índice Salmón, que reúne a cinco de las principales productoras (AustralisSeafoods, AquaChile,  Multiexport, Invertec y Pesquera Mar de Chiloé), ha caído 11,6% desde que comenzó su medición, el 1 de julio de este año al 30 de agosto. “El nuevo modelo productivo aún está a prueba”, dice Emilio Bombin, analista del departamento de estudios de la corredora Tanner. “El índice ha bajado muchísimo más fuerte de lo que nosotros esperábamos”, dice Jorge Fernández, gerente del área salmones de la Pesquera Camanchaca.

El ejecutivo dice que la caída responde a que el mercado se adelantó a una posible recesión en Estados Unidos. Camanchaca cotiza en bolsa pero no es parte del Índice Salmón pues la mitad y su primera actividad es de pesca extractiva.

Aunque insuficientes, las medidas sanitarias tomadas desde el año pasado han requerido una inversión de la industria de unos US$ 400 millones para adecuar sus instalaciones y procesos a la normativa del nuevo sistema productivo, que incluye períodos de descanso de las piscinas de seis meses, topes de densidad, prohibición de importación de ovas, además de registros y una fiscalización más severa.

Eso se suma a otros US$ 500 millones en capital de trabajo que invirtió la industria para incrementar la producción hasta las 650.000 toneladas que las salmoneras producían antes de la aparición del virus ISA, según un informe sectorial de FitchRatings.

No es el único costo que sube. El alimento de los peces, que significa el 50% de los costos de producción, ha aumentado debido al alza en el precio global de los commodities. “Desde hace cuatro años, el costo del alimento se ha más que duplicado”, dice Julio Traub, presidente de la Asociación de Productores de Salmón Coho y Trucha (Acotruch), gremio que reúne a las empresas pequeñas y medianas del sector. “En 2006 y 2007 la tonelada bordeaba los US$ 650 y hoy está a US$ 1.450”. El producto se fabrica sobre la base de harina de pescado, aceite de pescado y/o soja. Tan sólo el primero ha subido desde US$ 600 la tonelada a US$ 1.500. Y las proyecciones son que se mantendrán así o podrían seguir subiendo.

Hasta el momento, las empresas han soportado estas alzas con una fuerte disminución de la mortalidad producto de las nuevas medidas sanitarias. “Ésta es una tremenda ventaja, porque el costo por kilo se reduce”, dice el gerente general de Camanchaca, Ricardo García.

Otro aumento de los costos, según Traub, es la mano de obra. Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), a nivel nacional el índice de remuneraciones de junio subió 5,8%, mientras que el Índice de Costo de Mano de Obra subió 6,5% en un año. “Hoy resulta más barato tener máquinas que trabajadores y en la medida que el costo de la mano de obra se va incrementando las empresas van a tender a contratar menos gente”, dice el dirigente gremial. El gerente del área salmones de la Pesquera Camanchaca, Jorge Fernández, dice que la baja del dólar está haciendo que la tecnología sea cada vez más barata. Y ellos la están comprando.

Durante su época de auge, la industria del salmón llegó a emplear a 32.000 personas directamente y representaba el 25% de la economía de la región de Los Lagos. De ellos, 25.000 quedaron cesantes tras la crisis del virus ISA. Las productoras comenzaron a recontratar empleados, lo que se ha visto en una caída en los índices de desempleo de la zona: en la Región de Los Lagos bajó de 8,3% a 4,9% anual en el trimestre abril-junio, mientras que en la Región de Aysén bajó de 6,6% a 4%, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas.

Con todo, es difícil alcanzar los niveles pre crisis. “Hoy no llegamos al 40% de los trabajadores que se desempeñaban en este sector antes del ISA”, dice Santibáñez, de la Conatrasal. “Antes, en un centro de cultivo donde trabajaban 25 personas ahora trabajan seis y el resto ha sido reemplazado por maquinaria, como alimentadores automáticos”.

Para el dirigente sindical, la contratación de mano de obra salmonera puede incrementarse más en la Región de Magallanes, donde hay más de 1.000 concesiones licitadas. Eso sí, dados la distancia enorme desde los centros de cultivo a lugares poblados, el aislamiento y las condiciones climáticas extremas, el costo de este tipo de mano de obra sería mayor que el que existe en Los Lagos y Aysén.

En medio de las alarmas, el gobierno decidió reinstaurar la mesa del salmón, una instancia surgida tras la emergencia del virus ISA en la que, esta vez, participarán el gobierno, los grandes productores y las pequeñas compañías representadas a través de Acotruch. La estrategia es el desarrollo de nuevos mercados, como el de Brasil, “que hoy recién estamos empezando a trabajar”, dice el subsecretario de Pesca, Pablo Galilea. El país fue el tercer destino de las exportaciones de salmón del primer semestre de 2011. Captó el 10% con casi 20.000 toneladas precedido por Japón y Estados Unidos, los principales mercados tradicionales.

Las metas oficiales son ambiciosas. El gobierno quiere que la industria alcance niveles de exportaciones de US$ 5.000 millones en 2020. “Si el tema sanitario se maneja en forma responsable, esta industria va a alcanzar la meta”, dice Galilea. “Esperamos que en 2012 la industria recuperará el nivel de actividad que tenía previo al inicio de la crisis del virus ISA”, dice José Ramón Gutiérrez, presidente de SalmonChile (el gremio que reúne a las grandes productoras) y presidente de Multiexport.

Pero no todos los productores son tan optimistas. Ricardo García, de Camanchaca, dice que el panorama estará más claro el próximo año. “Todo dependerá de las capacidades financieras, de las decisiones de negocio que las empresas tomen para alcanzar los niveles de producción que han declarado que van a llegar”, dice el ejecutivo de la compañía que en 2008 llegó a ser la tercera salmonera del país. “Y eso depende de las condiciones sanitarias que se vayan observando”, explica el ejecutivo.

“No sé si estará el mercado para recibir US$ 5.000 millones de salmón”, agrega Julio Traub, de Acotruch. “Es una meta demasiado ambiciosa”. Así las nuevas jaulas tendrán que esperarpara vivir su real esplendor.