Río de Janeiro. Decenas de manifestantes paralizaron este jueves en la Amazonía brasileña las obras de la hidroeléctrica de Belo Monte, que será la tercera mayor del mundo y que ha soliviantado a los indios y defensores de la selva.

La ONG Xingú Vivo calculó que la protesta aglutinó a 150 personas, incluyendo indios de las etnias Juruna, Xypaia, Kuruaia y Canela, pero el consorcio Norte Energía, responsable de la construcción, contabilizó solo a cerca de 60 activistas.

El grupo irrumpió de madrugada en Belo Monte, que se construye en el río Xingú a su paso por el municipio de Altamira (estado de Pará, norte), para exigir que la constructora cumpla con su compromiso de compensar a los campesinos e indios por los impactos de la obra, según dijeron portavoces de la ONG en un comunicado.

La constructora interrumpió las obras y se llevó a los cerca de 4.500 trabajadores de las instalaciones por motivos de seguridad, al igual que en pasadas ocupaciones, que han sido realizadas de forma recurrente desde el comienzo de la ejecución del proyecto en marzo de 2011.

La Fuerza Nacional de Seguridad envió un grupo de policías al lugar para mediar con los activistas, algunos de los cuales fueron forzados a salir del recinto, según denunció la ONG.

La abogada Maira Irigaray, que participó en la ocupación, dijo que "los policías sacan a los activistas para hacer después lo que quieran con los indios".

Según su versión, los policías detuvieron momentáneamente a uno de los manifestantes, el mexicano Iván Castro Torres, quien poco después fue puesto en libertad en la carretera que conduce a la represa.

Los indios demandan compensaciones por parte de la empresa debido a que ha empeorado la calidad del agua del río, lo que pone en peligro su subsistencia.

Los campesinos que viven en la zona reivindican inversiones en infraestructuras, que Norte Energía lleve líneas eléctricas a sus viviendas y títulos de propiedad de sus tierras, según la nota.

Belo Monte, que será la tercera mayor hidroeléctrica del mundo, con una potencia máxima de 11.233 megavatios, inundará 516 kilómetros cuadrados de selva amazónica, según datos oficiales, y desplazará de sus hogares a unos 50.000 campesinos, según activistas.