Trece años tenía el empresario Manuel Medina en 1965, cuando se fue con sus padres de Cuba a Miami. La llegada a Estados Unidos "fue un shock", recuerda. "Yo no hablaba inglés, no conocía a nadie, en muchos sitios públicos había carteles de separación racial". Eran pobres: el padre manejaba un taxi y la madre era mucama. Se sentía fuera de lugar. "Fueron tiempos difíciles", dice. "De niño, en Cuba, yo soñaba con ser ingeniero, pero llegué aquí de 13 años y la adolescencia es una edad difícil. Tuve problemas, muchas peleas, broncas, no me concentraba en los estudios".

En la antesala del V Foro Multilatinas, encuentro organizado por AméricaEconomia Conferencias, Manuel Medina, Presidente y CEO de Medina Capital Partners y Fundador de eMerge Américas, nos contó su historia del sueño americano.

Medina será uno de los expositores del encuentro multilatino y expondrá sobre "El impacto de la creatividad en el crecimiento económico y social".

-¿Qué fue lo que cambió eso?

-Mi madre, que me cambió de escuela el último año. Por ella fui también al Miami Dade College. Fue una suerte, porque nunca había visto un ambiente más acogedor. Eso fue lo que me cambió la idea que tenía del mundo y ahí descubrí que para ser entrepreneur ayuda un título universitario. Busqué cuál era el camino más rápido de llegar a ser empresario.

-¿Y cuál era?

-Contabilidad. Pensé que era la manera más rápida de llegar a ser empresario, de tener credibilidad en el mundo de los negocios. Me fui a Florida Atlantic University a estudiar contabilidad y me gradué... y nunca voy a olvidar la sensación de no ser pobre que genera un diploma universitario. Entonces, conseguí trabajo de inmediato. Me contrataron en Price Waterhouse. Trabajé ahí tres años y después -sonríe- no he trabajado nunca más.

-Pero entiendo que con Price Waterhouse viajó mucho por América Latina...

-Cuando entré a Price Waterhouse eramos un grupo de jóvenes que íbamos a auditar empresas a América Latina. Ahí fue que hice muchos de los contactos que me iban a servir después cuando lancé mi propia empresa.

-¿Y eso cuándo fue?

-A fines de los 70 Miami pasaba por un boom del mercado inmobiliario; usted sabe que esta ciudad ha vivido con una sucesión de booms y busts. Había mucha gente buscando comprar departamentos en Miami y yo comencé a representar a inversores latinoamericanos. Yo en realidad representaba su dinero. Y no cobraba porcentaje, sino una comisión fija. También inspeccionaba las propiedades y me aseguraba de que todo fuera legal.

-O sea que su negocio empezó con América Latina.

-Y luego se amplió a inversionistas de otros lugares, de modo que cuando comenzó la crisis de la deuda externa ya no dependíamos de América Latina. También empezamos a construir, muy de a poco, con préstamos bancarios y adelantos.

I-Eso fue durante un boom, pero supongo que también le tocaron tiempos malos.

-Aquí el negocio inmobiliario está en auge o en depresión, y no se sabe cómo será el negocio hasta pasados tres a cinco años, así que uno nunca sabe cómo va a terminar. A fines de los 80 y hasta 1990 viví una crisis muy grande. Muchos bancos fueron intervenidos. Y nosotros habíamos tomado un préstamo grande, entre 60 y 70 millones de dólares, con cerca de 20 proyectos en desarrollo. Casi me fui a la bancarrota.

-¿Cómo se salvó?

-Uno de mis socios era un libanés con negocios en Kuwait, Albert Abela, un hombre que fue mi mentor además de financista. Tras la Guerra del Golfo (en 1991) me fui a ayudar en la reconstrucción de Kuwait. Ahí aprendí los contratos con el gobierno y también de tecnología de la información (TI). En 1996, me interesé con fuerza en internet, pero yo no pensaba en contenido, sino en la infraestructura, en los bienes raíces de internet.

-¿Fue entonces que creó Terremark?

-Terremark ya existía, era la empresa inmobiliaria. Sólo cambiamos de negocio. Y ofrecimos el servicio de centro de datos a las Fortune 500 y a las agencias de gobierno. Ofrecíamos almacenaje, ciberseguridad, acceso, toda la infraestructura de internet.

-Y fueron un éxito.

-Detrás de todo dispositivo conectado a internet hay una infraestructura que hacíamos nosotros. Si necesitábamos algo que no se producía anónimamente, había que comprar. Compramos 13 empresas.

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-¿Cuándo empezó a pensar en vender Terremark?

-Nunca pensamos en vender. Cotizábamos en Nasdaq, estábamos creciendo en forma increíble, pero toda empresa está siempre en venta. Cuando Verizon dijo que nos querían comprar yo les contesté que no, aunque subieron la oferta: nos estaban ofreciendo cinco veces los ingresos, exactamente 20 veces el Ebidta, más de US$2.000 millones.

-Esto fue en 2011. Usted se quedó con dinero y sin empresa.

-Fui a Verizon y los ayudé unos meses. No sabía qué hacer y me tomé seis meses para meditar, algo que nunca había hecho en mi vida. Fue como sacarme una adicción.

-¿Y de ahí salió su decisión de invertir en proyectos tecnológicos?

-Sí. Me traje a todos mis ejecutivos y lanzamos Medina Capital para invertir estratégicamente en proyectos tecnológicos.

-Y luego el año pasado usted lanzó eMerge Américas, ese foro y feria de tecnología de la información (TI).

-El primer eMerge sobrepasó todas las expectativas, tuvimos 6.000 participantes. Pero también estuvimos dos años planificándolo.

-¿No hay ya suficientes eventos dedicados a TI?

-No. No había uno para el intercambio de ideas entre América Latina, Estados Unidos y Europa. Yo espero que eMerge sea de los eventos más importantes. Estamos muy entusiasmados. Y por eso estamos llevando un eMerge itinerante a varias capitales de América Latina.

-Pero América Latina está pasando por un mal momento.

-Muchos dicen que no hay que expandirse cuando hay problemas en la economía. Pero sucede que se necesita hacer esto ahora. La baja de precio en la recolección de datos abre posibilidades increíbles.

-¿A usted le gusta el riesgo?

-Siempre he abrazado el riesgo. Con miedo a veces, pero lo he hecho.

-Bueno, usted es cubano y norteamericano, conoce bien muchos países de América Latina, ¿cómo se identifica en ese sentido?

-De verdad soy bicultural, me siento en casa tanto en América Latina como aquí en Estados Unidos. Y Miami también es una ciudad bicultural.

-¿Pero eso será tan bueno? ¿Qué opina de Donald Trump?

-En EE.UU. hay mucha frustración por la brecha de ingresos entre quienes ganan más y quienes ganan menos. Y en los últimos años los salarios no han crecido. Esa frustración es lo que aprovecha el señor Trump. Pero antes fueron los judíos, los italianos, los irlandeses: siempre hay alguien a quien culpar.