Los pasillos de los centros comerciales tienen nuevos inquilinos, luego de los cambios de algunas marcas que –pese a intentar posicionarse– no encontraron su público.

Las razones son variadas. Unas admiten que su precio y sus características no pudieron enganchar al mercado local o que el nivel de consumo va decreciendo y dificulta el negocio, mientras otras afirman que el concepto de su tienda no era afín a los consumidores habituales de esos espacios.

En el último año, según un recorrido del Diario El Universo, al menos seis locales cerraron en San Marino; dos en Mall del Sol y tres en el Policentro. En Riocentro de Samborondón se cambiaron dos y en el Village Plaza cuatro tiendas de ropa y zapatos, en el último año.

En San Marino un caso reciente es el de Imaginarium, tienda de juguetes que dejó su espacio para ser ocupado por una de zapatos.

La representante de la empresa, Mónica Córdova, atribuye el cierre a la tendencia de consumo. En Guayaquil, comentó, se demanda juguetes como Play Station, muñecas y otros equipos de entretenimiento digital, en tanto que los artículos relacionados con la educación no tienen mucha acogida, además que como sus precios eran considerados altos, los clientes “siempre andaban buscando descuentos”.

Además, detalló que desde hace dos años la marca tenía la intención de dejar la ciudad porque reportaba pérdidas, por lo que ahora tienen proyectos de expandirse en Quito y Cuenca, e incluso luego abrir una tienda en Samborondón.

La tienda de ropa de María Susana Rivadeneira, en San Marino, también optó por un cambio de espacio. En junio, planea abrir un local en Plaza Lagos y manifestó que en un centro comercial cerrado las personas “no se dejan atender” y lo que busca su negocio es “crear un ambiente más exclusivo y generar una experiencia de compra”.

En el Policentro, en junio pasado, cerró uno de los dos locales de ropa Maela Grey. Una de las socias de la tienda, quien pidió la reserva, argumentó que en los cuatro últimos años el poder adquisitivo ha decrecido, a la par que aumentan los costos de importación y los gastos de almacén.

“Si antes entraban y compraban tres vestidos, ahora entran, preguntan el precio y tal vez regresen otro día”, detalló.

Según su percepción, las ventas que se mueven son en casa, donde se comercializa ropa traída del extranjero en maletas, y por no pagar impuestos ni salarios puede ser hasta unos US$20 más barata.

El analista de marketing, Andrés Seminario, declaró que las tiendas cierran por ventas bajas, pero que hay dos factores que inciden: restricción del poder de compra y el aumento de centros comerciales.

Por ejemplo, dijo, antes los malls de la Kennedy competían por los clientes de Samborondón, pero ahora ese segmento ya tiene sus propios lugares de compra y eso acorta las ganancias del resto.