Ignoto, una de las más recientes muestras exhibidas en la galería Lucía de la Puente, estaba compuesta por un grupo de litografías antiguas intervenidas por formas geométricas y diferentes imágenes impresas en vinil.

Con esta muestra, Jorge Cabieses, autor de la obra, cerró un ciclo de experimentación artística que se inició hace más de un año con otra muestra. Hoy, que un artista peruano pueda tener una muestra de arte diferente cada año en galerías locales no es atípico.

Sin embargo, hace dos décadas, la situación era más complicada. La crisis económica y el terrorismo hacían que la compra y venta de arte contemporáneo sea muy limitada. 

No obstante, este mercado ha crecido gracias al resurgimiento económico del país. El aumento de los ingresos ha posibilitado que el número de personas con la capacidad de pagar miles de dólares por una pieza de arte se incremente. El dinamismo del sector inmobiliario en Lima –urbe donde se concentra prácticamente toda la oferta de arte contemporáneo del país– también ha sido importante. Gracias a este rubro, la ciudad cuenta con más paredes o ambientes donde las personas pueden colocar piezas de arte.
El número de galerías en la última década ha crecido de alrededor de 5 hasta aproximadamente 15.

Asimismo, Lima tiene dos importantes y remodelados puntos de encuentro para el arte contemporáneo: el Museo de Arte Contemporáneo y el Museo de Arte de Lima. El año que pasó reflejó la buena salud de este mercado: por primera vez en su historia, la capital peruana fue sede de Art Lima y Perú Arte Contemporáneo, dos importantes ferias internacionales de arte en las que participaron decenas de galerías extranjeras y varias locales. “El salto que se ha dado respecto a hace diez años es muy grande. Ahora no solo hay más coleccionistas, sino también más coleccionistas informados”, dice Lucía de la Puente, dueña de la galería que lleva su nombre.

“El interés por el arte peruano está creciendo no solo por parte de los coleccionistas, sino también por parte de las instituciones. El año pasado, por ejemplo, hemos vendido obras de artistas peruanos al MomA (el Museo de Arte Moderno de Nueva York) y a entidades como UBS y el Deutsche Bank”, comenta la galerista.

Valor y verdad. ¿Qué determina el precio de una pieza de arte? De acuerdo con los expertos, los elementos que entran a tallar son el estilo, la calidad técnica, la trayectoria del autor, el valor que le dan los curadores, entre otros. En el mercado peruano se pueden encontrar piezas de hasta US$20.000. Sin embargo, por algunas obras peruanas se habría llegado a pagar entre US$600.000 y US$800.000. 

Además de los coleccionistas e instituciones extranjeras, la participación del comprador local es muy importante en este reducido mercado. Muchos de ellos son coleccionistas locales. También hay compradores ocasionales con mucho conocimiento y educación visual. Varios de ellos suelen ser empresarios, coinciden los expertos. “El comprador de obras de arte es alguien que tiene una pasión por este tema y que va más allá de consideraciones económicas”, dice Luis Agusti, catedrático y secretario general de la Universidad del Pacífico.

Según el coleccionista de arte Jack Cohen, en el Perú también existe el comprador que ve en la obra de arte una inversión. Es decir, el que compra una pieza con la esperanza de que el valor de esta aumente en un futuro. En los últimos años ha surgido un nuevo cliente: el corporativo. Se trata de empresas locales que adquieren arte. Muchos de estos clientes son hoteles, bancos o importantes edificios. “Para una empresa, una pieza puede significar un elemento de imagen corporativa. Ellas pueden comunicar un mensaje a través del arte”, explica Luis Agusti.

Retos a la carta. Si bien el mercado del arte ha crecido, este aún es muy pequeño respecto a sus pares de la región. De acuerdo con Jack Cohen, una pieza de un artista top colombiano o brasileño puede valer a nivel internacional entre US$800.000 y US$3 millones (mientras que una peruana a duras penas llega a US$50.000).

El caso brasileño es muy resaltante. Según la European Fine Art Foundation, en 2012 los artistas visuales brasileños vendieron US$603 millones y sus ventas respecto al año anterior crecieron 10%. Solo US$29 millones de la cifra registrada en ese país corresponden a ventas en el exterior, con lo que se comprueba el dinamismo de su mercado. 

El Perú, por el contrario, no posee cifras consolidadas sobre las ventas de artistas o galerías. “El peruano ha abandonado a sus artistas. Muchas veces se los valora más cuando ya han fallecido. ”, dice Jack Cohen. Si bien los trabajos de Ramiro Llona, Eduardo Tokeshi, Fernando de Szyszlo, Gerardo Chávez, son reconocidos a nivel local y en parte en el extranjero, los expertos consideran vital para el crecimiento del mercado –y la mejora de los precios– que el peruano apueste más por esos y otros artistas nacionales.

Según Cohen, el país necesita promover más el interés por el arte y la educación visual. “Si los peruanos se limitan solo a comprar arte como inversión, el mercado no se moverá. Este crecerá cuando haya más clientes a los que les guste lo que están comprando”, indica. Para Cohen también es importante que los compradores den una oportunidad a artistas nuevos. “El arte intimida a las personas. Por ello se deben realizar más ferias de arte donde las galerías muestren las obras. Estos son espacios muy amigables”, propone Cohen. Para la galerista Lucía de la Puente, crear nuevos espacios para mostrar arte –centros culturales y galerías– es también muy importante para impulsar el mercado. “Las universidades tienen un gran potencial”, dice. Llevar la oferta artística a otras zonas de Lima –para empezar– también es un asunto pendiente, coinciden los expertos.

La falta de articulación e informalidad en la cadena del arte contemporáneo también es un problema para el rubro. Muchas muestras en Lima se exhiben no bajo el paraguas de un contrato sino tan solo a través de un acuerdo de palabra. Es más, en muchas ocasiones, los artistas deciden vender de manera independiente sus trabajos (para no pagar comisión a la galería). Sin embargo, no siempre reciben el dinero justo por su obra (en muchos casos, tampoco pagan impuestos). Según muchos artistas, las galerías cobran comisiones demasiado altas. Las galerías argumentan que existen costos fijos (servicios, mantenimiento de las piezas, impuestos, etc.) que se deben cubrir al margen de que las obras se vendan o no. Para Luis Agusti llegar a un equilibrio que beneficie a los actores del mercado está en manos de ellos mismos. Un largo camino les espera.