El recurso técnicamente recuperable de 545 billones de pies cúbicos de gas shale y de 13.000 millones de barriles de crudo no convencional que existen en México colocan al país como uno de los destinos con mayor atractivo para las inversiones en el ramo a lo que se suma una reforma que permite la apertura de la cadena productiva.

Según el estudio “Desarrollo internacional de recursos no convencionales: de ser posible ¿dónde y a qué velocidad?”, publicado por Accenture, la cuenca de Burgos, que forma parte de la continuación del yacimiento Eagle Ford del sur de Estados Unidos, es considerado el tercero de una lista de los nueve mayores campos con potencial para desarrollo en el mundo.

Ubicada en los estados de Coahuila, Tamaulipas y Nuevo León, principalmente, la cuenca tiene reservas por hasta 393 billones de pies cúbicos de gas y 6.300 millones de barriles de crudo no convencional, según cálculos de la Administración de Información Energética (EIA, en inglés).

Gracias a los trabajos de explotación de gas convencional, ya que de la cuenca de Burgos se extraen hoy en día 1.061 millones de pies cúbicos diarios de gas no asociado, que representan 18,2% de la producción nacional, la zona ya cuenta con vías de acceso y ductos de transporte. Otro punto a favor es la cercanía con Estados Unidos, el país con la mejor mano de obra calificada para la extracción de shale, según el estudio de Accenture.

Por otro lado, la reforma energética mexicana, cuya legislación secundaria podría promulgarse en agosto, permitirá a Petróleos Mexicanos (Pemex) formar alianzas con inversionistas extranjeros para obtener el máximo potencial de la Cuenca, aunque “para que la reforma puede tener efecto, México necesita para finalizar leyes secundarias que detallan el régimen fiscal”, indica el análisis.

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Seguridad y agua, retos. Sin embargo, el desafío clave en el desarrollo de recursos no convencionales en Burgos es la competencia con otros recursos, particularmente con el gas que se importa de Estados Unidos, el gas convencional, particularmente con líquidos, que se extrae en aguas someras e incluso, el gas seco de campos terrestres. Como resultado de lo anterior, Pemex ha destinado poco presupuesto para el desarrollo del shale, como se observa en los planes de perforación de sólo 14 pozos en el 2014.

Finalmente, aspectos como el saneamiento de las finanzas del propio Pemex, una fuerte inyección de capitales extranjeros y esfuerzos para abastecer agua junto con “equipos de escolta”, que provean seguridad en esta compleja zona del país, serán los mayores retos para el desarrollo del shale de Burgos, según Accenture.

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