ElEconomista.com.mx. La reforma energética debe ser visualizada como parte de una política que va más allá del país y en el caso de la electricidad la apertura que se plantea debe tomar en cuenta que se hace en un contexto de apertura mundial en donde se busca combatir el calentamiento global y promover las energías renovables en países donde las emisiones de carbono son bajas y no donde estos niveles son realmente altos, dice Rubén Flores, ex comisionado de la CRE.

En entrevista con El Economista, el especialista explica que por ejemplo en China se habla de la instalación de una gran cantidad de megawatts de energía renovable, pero no se habla de que no es ni la cuarta parte de la capacidad en construcción.

“Hay una política que es parte de los cambios tecnológicos y producto de los tratados de libre comercio en donde las empresas ya reciben en cualquier lado el trato de compañía nacional”, refiere.

La reforma permitirá que en México, como en Texas por ejemplo, la empresa pueda tener su propio proveedor de electricidad a un precio más competitivo, asevera.

“Esta medida es parte de la evolución que se ha venido haciendo con el Tratado de Libre Comercio”, añade.

Sin embargo, pese al antecedente del TLC, lo que es notorio es que la reforma eléctrica, en los términos en que está planteada, es mucho más complicada que la de hidrocarburos, sobre todo en el apartado relacionado con las energías renovables.

“La Ley de la Industria Eléctrica es mucho muy técnica en su formación, no es posible pensar en una iniciativa donde el problema principal es una mala traducción de los conceptos del mercado (...) La ley no puede hacer un espejo conceptual de lo que se hizo afuera con lo que se quiere hacer en México”, añade.

Lecciones a aprender

Lo que se tiene en México, dijo, es un modelo de mercado de Estados Unidos, de Maryland y de Pensilvania, mezclado con cosas chilenas y brasileñas.

La ley del 2008 nos dice que para el 2024 se necesita tener 35% de la base de energía renovable y sólo se puede alcanzar si los grandes consumidores compran certificados de energía limpia a los productores de energía renovable.

“Lo mejor que se puede hacer es poner a competir a renovables contra renovables, sin apoyos, y lo último que hay, que es lo que se debe de hacer: comprar a precios de mercado con base en la competencia. Ése es el mejor precio que se puede alcanzar”, expresa.

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