Excelsior.com.mx. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) alertó que entre 1992 y 2002 se duplicó el consumo de Coca-Cola en los niños mexicanos, lo que ocasiona graves problemas de sobrepeso y desnutrición.

Durante la presentación del informe Derecho a la Alimentación en México, Olivier de Schutter, relator especial de la ONU, explicó que el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y Canadá provocó en el país el incremento en la disponibilidad y en el consumo del refresco.

De Schutter afirmó que el desequilibrio en la dieta, el sobrepeso y la obesidad ocasionan enfermedades como la diabetes, el cáncer y los padecimientos cardiovasculares.

Además agregó que, a pesar de que el gobierno federal ha desarrollado acciones que han funcionado para reducir la pobreza, para hacer efectivo el derecho a la alimentación aún falta apoyar decididamente a los pequeños productores agrícolas, muchos de ellos indígenas, a quienes se les descuidó por apoyar únicamente a los grandes agricultores comerciales.

ONU resalta estragos por la coca-colonización. La Organización de las Naciones Unidas advirtió este martes que el Tratado de Libre Comercio ha tenido consecuencias adversas para la salud de los mexicanos, sobre todo para la población infantil, pues en una sola década se duplicó el consumo de refrescos entre los niños, al mismo tiempo que se redujo la ingesta de frutas y verduras.

Para Olivier de Schutter, relator especial de la Organización de las Naciones Unidas sobre Derecho a la Alimentación, el tratado comercial entre Estados Unidos, Canadá y México provocó en el país azteca un aumento en la disponibilidad y consumo de bebidas gaseosas, con el consecuente agravamiento de los problemas de sobrepeso y diabetes.

Desde la entrada en vigor del TLC, en 1994, “hemos visto que las inversiones de las empresas agroalimentarias de Estados Unidos a México han aumentado de un 5% a un 10% al año, y parte del resultado de eso es que el consumo de Coca-Cola entre los niños mexicanos se duplicó entre 1992 y 2002”, detalló el diplomático durante la presentación del Informe sobre el derecho a la alimentación en México.

Además manifestó que se trata de una bebida que puede encontrarse hasta en “el último rincón y pueblo del país”, pasando por regiones marginadas y estados tan diversos como Guerrero, Nayarit, Oaxaca, Sonora, Chihuhua y Tamaulipas.

Simultáneamente, según De Schutter, México empezó a enviar su mejor producción de vegetales hacia los países del norte y esto, sumado a la mayor disponibilidad de alimentos procesados, provocó que los mexicanos adoptaran una dieta muy desbalanceada.

“Lo que sucede en México, como en muchas otras naciones, es que cada vez más, las frutas y verduras se están exportando a los mercados de alto valor —Canadá y Estados Unidos— y la población mexicana tiene dietas menos nutritivas, hechas de comidas muy procesadas con alto contenido en grasas, sal y azúcar”, afirmó De Schutter.

Por ejemplo, en Baja California Sur, la mejor producción de fresas, papayas y otras frutas producidas en forma orgánica se va al mercado norteamericano, donde se paga un precio mucho mejor por ellas que entre los consumidores mexicanos.

De acuerdo con De Schutter, lo que ocurre en México es un cambio radical en los hábitos alimenticios que está pasando también en otras economías emergentes y “que los nutriólogos llaman coca-colonización”, dijo.

De Schutter recordó que este proceso de cambio de hábitos alimenticios ha generado en México simultáneamente una situación donde hay altos niveles de sobrepeso y, por otro lado, graves problemas de desnutrición.

En ese sentido recordó que el 70% de la población adulta padece sobrepreso, a su vez el secretario ejecutivo del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), Gonzalo Hernández Licona, recordó que en 2010, 24% de la población sufrió pobreza alimentaria.

Por su parte, el director del Frente Democrático Campesino de Chihuahua, Pedro Torres, recordó que la inseguridad alimentaria “ha aumentado en forma dramática pues en el 2006 afectaba a 14,8 millones de personas y ya para el 2010 afectaba a 19,5 millones de personas”.

Es decir, uno de cada tres niños indígenas en México sufre de malnutrición crónica. Además el profesional manifestó que hay situaciones muy graves en varias regiones como es la Sierra Tarahumara donde “la entrega de despensas está muy por debajo de las necesidades, atiende sólo la emergencia a corto plazo”.

Más vale prevenir. De Schutter aseguró que los efectos del desequilibrio en la dieta y del sobrepeso y la obesidad son enfermedades como la diabetes, el cáncer y los padecimientos cardiovasculares.

Insistió en que los impactos ya empiezan a sentirse y que para el 2017 México gastará alrededor de US$5.600 millones al año sólo para atender los casos de diabetes.

“Esto es el resultado de políticas públicas que no han tomado en cuenta esta dimensión de salud y de nutrición al formular las políticas agrícolas” señaló.

Asimismo dijo que aunque el gobierno federal ha desarrollado políticas que han funcionado bien para reducir la pobreza y mejorar el acceso a los alimentos en México, para hacer efectivo el derecho a la alimentación, aún falta apoyar decididamente a los pequeños productores agrícolas, muchos de ellos indígenas, a quienes se les descuidó por apoyar únicamente a los grandes agricultores comerciales.

Para De Schutter, la única forma de garantizar la disponibilidad de alimentos de calidad para toda la población mexicana, no sólo para la que vive en las grandes urbes, es impulsar a los pequeños productores nacionales y ayudarles a tener mejores sistemas de distribución.

“Se tiene que reconstruir el sistema de alimentos locales, vinculando a los productores locales con los consumidores nacionales, proveyendo a las poblaciones de alimentos frescos y nutritivos, y al mismo tiempo aumentando los ingresos de los agricultores locales”, detalló.

En tanto, expuso que aunque el gobierno federal tiene estrategias eficaces para apoyar a los grandes agricultores comerciales en México, los pequeños quedan a la deriva “esos pequeños productores necesitan acceso a los mercados locales”.

Nadie bebe más que los mexicanos. Un mexicano consume cada año, en promedio, 163,3 litros de refresco, mientras que un estadunidense toma 118,1 litros, de acuerdo con un estudio de la Universidad de Yale.

Les siguen los chilenos con 116,2 litros, los brasileños con 89,1, los colombianos con 65,3 y los peruanos con 55,7.

“La principal razón de que seamos el consumidor número uno de refrescos en el mundo es una falta total de regulación de publicidad y de campañas de orientación alimentaria”, afirmó el director de la organización El Poder del Consumidor, Alejandro Calvillo.

Al referirse al informe presentando este martes por el relator especial de la ONU sobre el Derecho a la Alimentación, quien advirtió que el aumento del consumo de refrescos es uno de los mayores deterioros de la alimentación que se ha sufrido en México, Calvillo dijo que las empresas refresqueras se han logrado posicionar hasta en las comunidades más pobres del país, consiguiendo desplazar, incluso, el consumo de leche y atole.

De hecho, un reciente estudio de El Poder del Consumidor destaca que en la última década el consumo de refrescos creció 60% entre las familias  de más bajos recursos.

“La gente en México está gastando más en refresco que en frijol, por ejemplo, y esto se agudiza mucho con el Tratado de Libre Comercio, lo que nos refleja una situación del  abandono de la seguridad alimentaria en el país”, expuso Calvillo.

El activista señaló que éste es un fenómeno que se está presentando en todo el país, pero que es más grave en las zonas rurales, ocasionando además de un severo problema de obesidad y sobrepeso, otro de desnutrición y anemia.

De acuerdo con el Centro de Investigación en Nutrición y Salud del Instituto Nacional de Salud Pública, bebidas como el refresco aportan el 21% de las calorías que se consumen en todo el día, cuando lo recomendado es que sólo aporten el 10%, lo explica su contribución a la obesidad.

Pero además, el alto consumo de refrescos está ligado también a problemas de desnutrición en zonas rurales y marginadas.

“Entre los más pobres, el consumo de refrescos no sólo se asocia con la obesidad, que es clarísimo;  hay estudios científicos que demuestran que se asocia con anemia”, insistió Calvillo.

Chiapas, relató, es un foco rojo, pues se ha encontrado a mujeres dando de beber refresco en mamilas a sus bebés, entre otros motivos, por la falta de acceso a agua potable.

En comunidades indígenas de Guerrero, mientras tanto, El Poder del Consumidor encontró que hasta 70% de los niños de primaria de la región toman refresco en el desayuno, y sólo 20% leche.

En este contexto retomó la propuesta de la organización que dirige y que ha venido trabajado sobre este tema desde hace seis años, de establecer impuestos a los refrescos, mismos que deberían ser  destinados, explicó, a la introducción de bebederos en las escuelas.

Según la propuesta, con un 20% de impuesto a los refrescos se reduciría el consumo hasta en un 24%.