Santiago. Chile enfrenta crecientes necesidades de energía eléctrica, ante lo cual requiere el desarrollo de proyectos de generación a gran escala para garantizar el crecimiento del país y posibilitar el abastecimiento energético a costos razonables.

Según estudios del Ministerio de Energía, antes del 2020 será indispensable agregar unos 8.000 megawatts (MW) al Sistema Eléctrico Nacional, adicionales a los actuales 16.900 MW, energía que es prácticamente imposible proveer de forma relevante por las Energías Renovables No Convencionales (ERNC).

Este tema tiene prioridad en el debate nacional, y algunos expertos señalan que falta de decisión política del gobierno para impulsar grandes proyectos en medio de la incertidumbre que se ha creado a partir de la paralización de numerosos proyectos por orden judicial.

Los más emblemáticos son el Parque Eólico de la isla de Chiloé, en el sur, que ha enfrentado dificultades con comunidades indígenas, y el rechazo al proyecto de la termoeléctrica Castilla, en la norteña Tercera Región, tras el fallo de la Corte Suprema.

Según el ministro de Energía, Jorge Bunster, "los altos precios de la energía, la creciente judicialización de los proyectos, la preocupación por el cuidado del medio ambiente y el impacto en las comunidades aledañas, entre otros temas, han dado argumentos para sostener un debate que aún no encuentra consenso".

Agregó que por estos hechos a veces se pierde "el desafío que significa desarrollar el sistema eléctrico chileno, de tal forma que nos permita generar energía más limpia, segura, económica y sustentable, y que a la vez logre satisfacer los requerimientos que el desarrollo económico y social de nuestro país tendrá durante las próximas décadas".

En los últimos 15 años, el desarrollo eléctrico del país estuvo marcado por el gas natural argentino.

De 1997 a 2006 su disponibilidad a bajos precios dio lugar a la construcción de cuatro gasoductos y alrededor de 4.000 MW de capacidad de generación con ese combustible.

La posterior decisión de Argentina de interrumpir el abastecimiento obligó a Chile a reconvertir a diesel las centrales existentes de ciclo combinado, y construir centrales a carbón y petróleo para enfrentar el crecimiento de la demanda en esos años.

De esa forma se aumentó la participación de combustibles fósiles en su matriz eléctrica, al pasar de 32% en 1996 a 62% en 2011.

Este tipo de medio para generar electricidad genera impactos negativos en el medio ambiente, además de que el país se convierte en dependiente energéticamente del extranjero, al enfrentar los vaivenes de los precios en el mercado internacional.

Casi el 80% de todas las centrales de generación construidas en los últimos 15 años en el país son térmicas, que tienen la particularidad de poder instalarse cerca de los centros de consumo.

En la última década, la falta de planificación a largo plazo postergó las inversiones en transmisión eléctrica, razón por la cual ahora se carece de la capacidad en varios tramos de las líneas de transmisión y se enfrentan frecuentes situaciones de congestión, lo cual impide transportar energía producida en forma más barata a la zona central del país.

El Ministerio de Energía ha identificado tres desafíos para los próximos años.

El primero de ellos es construir la capacidad de generación eléctrica que el país necesitará para sostener el crecimiento esperado de su Producto Interno Bruto (PIB), al hacer uso de los recursos que el país posee con la incorporación de nuevos actores al mercado y con el impulso al desarrollo de las ERNC.

En segundo reto es revertir la actual debilidad de la transmisión eléctrica, al robustecer y extender las redes para bajar el costo de la energía, transportar energía barata desde donde se produzca e interconectar los dos principales sistemas eléctricos del país, los cuales representan más del 98% de la demanda eléctrica del país.

El tercer desafío es impulsar la eficiencia energética, crear una cultura a este respecto en la población y en la industria, y desarrollar programas e iniciativas que han probado su eficacia en otros países, con la finalidad de reducir 12 por ciento el consumo eléctrico proyectado para el año 2020.

En respuesta a esos retos, el gobierno impulsa los proyectos de ley de la Carretera Pública Eléctrica para modernizar la distribución de electricidad; la interconexión de los sistemas de interconexión eléctrica; la eficiencia energética, y el desarrollo de las ERNC.

En un inicio se planteó que para el 2020 el 20% de la matriz eléctrica tuviera su origen en este tipo de energías, pero esa decisión ha sido revocada.

En la Estrategia Nacional de Energía 2012-2030, presentada por el presidente Sebastián Piñera en marzo pasado, se indicó que la meta de 10% para 2024 era insuficiente.

Al ser un país sin petróleo ni gas natural, Chile está obligado a promover la energía proveniente del viento y el sol, como aquella que origina en procesos geotérmicos y en las mareas, que es más limpia y que en la actualidad representa sólo 3% de su matriz energética.

Chile se ha autoimpuesto la meta de ser un país desarrollado en la próxima década, pero para ello requiere dar una solución sostenible y de largo plazo a las necesidades de energía eléctrica.