México.- Telefónica enfrenta una situación más compleja que AT&T para la subasta IFT-7, pues la operación semestral de su filial mexicana registró un descenso de 14.3% en sus ingresos totales y de 19.9% en ingresos por servicios, ubicando en 574 millones de euros (US$ 668.934 millones) el primero y en 449 millones de euros (US$ 523.260 millones), el segundo.

En ochos días, en la mañana del lunes 6 de agosto, arranca la subasta de seis bloques de espectro de 20 MHz con cobertura nacional desde la banda de los 2.5 Gigahercios. Los postores confirmados son AT&T y Grupo Telefónica, y por criterios de tenencia espectral fijados por el regulador desde febrero para la licitación IFT-7, el primero de ellos sólo puede pelear hasta por cuatro de esos bloques y el segundo, Movistar, tiene la posibilidad de ir por todo el paquete.

El total de 120 MHz de la 2.5 GHz son catalogados por la industria como un espectro con la naturaleza de soportar una mayor capacidad de información en relación a otras frecuencias radioeléctricas, además de tener la fuerza para traspasar con mayor facilidad las construcciones en zonas urbanas y también de “combinarse” con otras bandas para ofrecer servicios mejorados de telecomunicaciones; así, por ejemplo, fue que Telcel pudo configurar su red 4.5G “GigaRed”, utilizando espectro de 2.5 que compró a MVS con otro de 1.7/2.1 GHz que logró en la subasta de 2015.

Pese a su pérdida operativa de US$217 millones para el segundo trimestre del año, expertos del sector han considerado que AT&T tendrá una mejor posición que Movistar para comprar más de un bloque de 2.5 en la subasta IFT-7, pues el alza de sus ingresos generales por 8,1%, hasta los US$697 millones para el periodo abril-junio, más los 753.000 nuevos usuarios netos en el trimestre y el hecho de que el operador da el último estirón a su inversión programada de US$3.000 millones desde que llegó al país en 2014, hacen creer que AT&T necesita y que puede estar mejor preparado para ofertar los 350 millones de pesos (US$18.770 millones) que cuesta cada uno de esos seis bloques de espectro para seguir creciendo en México.

Telefónica Movistar enfrenta una situación un tanto más compleja que AT&T para la subasta IFT-7: la operación semestral de su filial mexicana registró –medido en euros, como reporta la empresa española al IBEX de Madrid­– un descenso de 14,3% en sus ingresos totales y de 19,9% en los ingresos por servicios, ubicando en 574 millones de euros (US$ 668.934 millones) el primero y en 449 millones de euros (US$523.260 millones), el segundo.

Movistar dijo esta semana en su informe a los inversionistas que los cambios regulatorios y una mayor agresividad de parte de sus competidores en el segmento de prepago –el mayor componente de su base de clientes– han complicado su operación en México. Excluyendo ese escenario, los ingresos generales sólo habrían descendido 0,6% para el periodo abril-junio, según Telefónica a la Bolsa de Madrid.

“México resulta un mercado complicado para Movistar. Desde que arribó, el operador intentó ganar cuota de mercado para competir de igual a igual a Telcel y esto en momentos en que tanto América Móvil como Telefónica peleaban por ser los líderes de América Latina. En ese sentido, México era un capítulo más de esa batalla”, evoca Juan Gnius, analista de la firma de telecomunicaciones Telracom.

“Sin embargo, las inversiones realizadas no se transformaron en realidades de negocio que colocaran a México como un activo estratégico para Telefónica. Después de las adquisiciones iniciales que conformaron la operación de Movistar en el país, el operador no aprovechó las posibilidades de consolidación, aunque su nombre fue mencionado en los casos de Iusacell y Nextel; tampoco ha avanzado firmemente en redes fijas, pues la compra de algún cablero le hubiera posibilitado diversificar ingresos y empaquetar servicios. Vale recordar que desechó la posibilidad de ofrecer TV de paga en 2015, a pesar de contar con licencia para el servicio”, dice Gnius.

Grupo Telefónica ha reconocido que su negocio mexicano no vive sus mejores horas y por eso metió en una misma bolsa a los mercados que más conflicto le generan en América: Colombia y México, que fueron a dar a la unidad “Hispam Norte”, y de esas dos, la operación en el país norteamericano es la que mayores dolores de cabeza le provoca.

Aun con una apreciación de 5,16% en lo que va del año para el peso mexicano frente al dólar, contra la recuperación del 3,25% del peso colombiano con relación a la misma moneda y mismo periodo, el negocio de Colombia representa mejores cifras para Telefónica, versus la operación de México; al menos para el primer semestre del 2018. 

Por volumen de accesos totales, México representa 70,48% más negocio que Colombia: 26,26 millones de cuentas mexicanas contra 18,51 millones de suscripciones colombianas; sin embargo, las unidades generadoras de ingresos de Movistar en Colombia producen más valor en ARPU y en usuarios de contrato, además de que Telefónica participa allá de manera importante en el segmento de las telecomunicaciones fijas y de TV de paga, de ahí que aunque su filial colombiana cayó en 4.6% sus ingresos totales, su resultado fue de 721 millones de euros (US$840.246 millones) en entradas, 147 millones de euros (US$171.312 millones) más que en México.

Grupo Telefónica perdió en tribunales contra el Estado colombiano sobre una diferencia en temas de reversión de activos de hace dos décadas, pero eso no provocó que durante el primer semestre replegara sus inversiones en aquel país. En el periodo las redujo en 42,5% y la misma cifra en México, aunque allá éstas se ubicaron en 66 millones de euros (US$76.915 millones) y en 45 millones (US$52.442 millones) en México; es decir, 68,18% más de Capex a Colombia en la primera mitad del año y todavía sin los efectos de la subas del 2.5 GHz aquí. 

Todo ello se puede ver reflejado en que el negocio móvil de Colombia –telefonía celular y terminales– le generó 438 millones de euros (US$ 510.441 millones) en el semestre, 86,52% más que en México y de ello, la clave está en que la Movistar colombiana tiene 62,97% más usuarios de pospago, 3 millones 772.300 de esos clientes y por tanto, también, el consumo promedio mensual se ubica en 60% arriba del mismo rubro mexicano, un ARPU móvil de 4 contra 2,4 euros (US$2,7).

Sólo la operación mexicana de Movistar tiene un rubro con mejor posición que la colombiana: en churn, ­el indicador de fidelidad del usuario, México tiene una cifra de 2,4% y Colombia, una de 3,2%.

En los últimos cinco ejercicios, de 2013 a 2017, Telefónica liga una baja de 16,45% en los ingresos de su operación mexicana; de 1.580 millones de euros (US$ 1.748 millones) en 2013, a 1.336 millones de euros (US$1.556 millones) el año pasado. Sólo su OIBDA ha mejorado en 13,53% su margen para ese periodo de referencia, de 266 millones de euros (US$263.378 millones) hace cinco años, a 302 millones de euros (US$ 351.948) en 2017, un indicio que indicaría la maniobrabilidad con la que Movistar pelearía en la IFT-7. 

“La subasta de la 2.5 presenta una nueva oportunidad para conocer las intenciones de Telefónica en México”, añade Juan Gnius, de Telracom. “Ese espectro le posibilitará ofrecer servicios de mayor ancho de banda con agregación de portadoras, es decir, combinar el espectro que posee con otro de 2.5 GHz. De esa manera, habilitaría la posibilidad de ofrecer nuevos servicios o dotar de mayor robustez a los que presenta al mercado”.