A principios de este año, en la presentación de los resultados de 2020, la naviera Hapag-Lloyd ya dejaba entrever que 2021 sería un buen año para sus accionistas (entre ellos la chilena Sudamericana de Vapores (CSAV), que posee un 30% de su propiedad). En ese momento, tras cerrar el año con un incremento del 3% en ingresos, la quinta mayor naviera (sinónimo para no repetir naviera?) a nivel global esperaba que su EBITDA y EBIT superaran los del año anterior (sin especificar cuánto), pero advertía que las previsiones estaban sujetas a la gran incertidumbre que rodea a la industria, con volatilidad en los fletes y diversos retos operacionales por la pandemia.

Las complicaciones por las que pasa hoy el comercio internacional de contenedores por la pandemia –con sucesivos cuellos de botella, alta demanda y fletes por las nubes [ver ¿La tormenta (portuaria) perfecta?– sin embargo, está haciendo que las perspectivas de Hapag-Lloyd y de toda la industria se queden cortas. Y es que, tras sumar un positivo primer trimestre, la compañía registró un incremento del 51% de sus ingresos en el primer semestre 2021: con unos reseñables US$ 10.551 millones, que contrastan con los US$ 7.005 millones del mismo periodo de 2020. “En un mercado con una fuerte demanda por transporte de contenedores, nos hemos beneficiado por la significativa mejora en los fletes y miramos atrás a una muy buena primera mitad del año”, dice su CEO, Rolf Habben Jansen en un reciente comunicado, en el que asegura que han podido reducir su deuda neta en US$ 1.500 millones.

El valor del flete promedio en los primeros seis meses del año de Hapag-Lloyd fue de US$ 1.612, mientras que en el mismo periodo del año pasado este fue de US$ 1.104. Sus volúmenes de transporte, por otro lado, crecieron 4% en el primer semestre de este año y el precio promedio del combustible empleado en los buques, conocido como búnker, fue un 6% menor. Todo ello, son noticias positivas para la empresa y sus accionistas, que han visto cómo sus beneficios escalaban hasta los US$ 2.724 millones (frente a los US$ 285 millones de la primera mitad de 2020), y su margen EBITDA pasaba de 18,4% en el primer semestre de 2020 a 40,2%.

Estos buenos resultados de la naviera ya en el primer trimestre le sirvieron a la chilena CSAV (cuyo socio mayoritario es el también chileno Grupo Luksic, y con la que se fusionó en 2014, en un escenario de fuerte crisis en la industria) para mejorar sus clasificaciones de riesgo. ICR alzó su clasificación de solvencia y bonos de BBB+ a la denominación  A-, mientras que Feller Rate pasó su clasificación de BBB- a BBB. “Si las perspectivas de Hapag-Lloyd son positivas las de Vapores también lo van a ser y eso es lo que ha ocurrido en el último tiempo. Ya van tres escalones de calificación de mejora desde 2017 hasta la actualidad y esto está representando en gran parte el beneficio que está asociado a la operación de Hapag-Lloyd”, dice José Delgadillo, analista de Corporaciones de ICR, quien asegura que la naviera ya había experimentado una mejora de sus finanzas en los últimos años como consecuencia de las sinergias logradas con la fusión con CSAV y United Arab.

Para el conjunto del año, por otro lado, Hapag-Lloyd asegura en su nota de prensa que en un escenario todavía de alta demanda espera cerrar con un Ebitda de entre US$ 9.200 y US$ 11.200 millones, lo que supondría triplicar sus resultados de 2020, y un Ebit de US$ 7.500 millones a US$ 9.500 millones (que contrastaría de forma destacada con su Ebit de US$ 1.501 del año anterior).