Cancún, México. Los gobiernos del mundo buscaban este miércoles superar un punto muerto entre naciones ricas y pobres sobre las medidas necesarias para combatir el calentamiento global y evitar un nuevo revés, luego del fracaso de las negociaciones de la ONU el 2009 en Copenhague.

Existen profundas diferencias sobre el futuro del Protocolo de Kioto para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de las naciones ricas hasta el 2012.

Un fracaso en la búsqueda de estos modestos (en Cancún) pasos sería otro golpe al proceso de la ONU, después de que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y otros líderes mundiales sólo lograron pactar un acuerdo vago y no vinculante en Copenhague en 2009, cuando muchos habían puesto sus esperanzas en un tratado.

Japón, Canadá y Rusia dicen que no extenderán el pacto a menos que las naciones más pobres también se comprometan a recortar emisiones, mientras las economías emergentes, lideradas por China, insisten en que el mundo desarrollado debe brindar resultados primero.

La secretaria de Relaciones Exteriores de México, Patricia Espinosa, de aspecto cansado tras 10 días en las conversaciones en el balneario mexicano de Cancún, advirtió que quedaba mucho trabajo por hacer para acordar pasos destinados a frenar las olas de calor, inundaciones, sequías y el aumento de los niveles del mar.

"Creo que un paquete ambicioso, amplio y equilibrado está a nuestro alcance", dijo a delegados en las negociaciones que finalizarán el viernes. "Eso no significa que ya lo tenemos en nuestras manos", agregó.

Establecimiento de nuevo fondo. Los negociadores intentan establecer un nuevo fondo para ayudar a los países en desarrollo a combatir el cambio climático, elaborar formas de proteger los bosques tropicales, ayudar a las naciones pobres a adaptarse al cambio climático y acordar un nuevo mecanismo para compartir tecnologías limpias.

Un fracaso en la búsqueda de estos modestos pasos sería otro golpe al proceso de la ONU, después de que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y otros líderes mundiales sólo lograron pactar un acuerdo vago y no vinculante en Copenhague en 2009, cuando muchos habían puesto sus esperanzas en un tratado.

"El fracaso (...) no es una opción, o arriesgamos acelerar la erosión de confianza y la legitimidad de las negociaciones de la ONU como el foro para resolver el cambio climático", dijo el primer ministro de Samoa, Tuilaepa Lupesoliai Neioti Sailele Malielegaoi.

Alden Meyer, de la Unión de Científicos Comprometidos, un grupo con sede en Estados Unidos que trabaja por un ambiente sano, dijo que las conversaciones podrían no resistir dos reveses sucesivos.

"Aquí son dos golpes y uno está fuera", dijo Meyer, adaptando una metáfora del béisbol donde los que batean usualmente tienen tres intentos para golpear la bola.

La confianza en las conversaciones de la ONU ya ha sido afectada por Copenhague, que sólo acordó un tratado no vinculante para limitar el aumento de las temperaturas promedio del mundo a menos de 2 grados centígrados sobre la era preindustrial.

Si no se logra un éxito en Cancún, la fe en las interminables conversaciones de la ONU podría terminarse.

La necesidad de que un pacto sea acordado por unanimidad -desde los países más pobres de Africa a Estados Unidos- complica las conversaciones de la ONU, en especial en una era de cambio del equilibrio del poder mundial.

El primer ministro de Noruega, Jens Stoltenberg, dijo que algunos países están dando marcha atrás aún de los acuerdos logrados en Copenhague, como un pacto de 140 naciones en que los países ricos brindarán US$100.000 millones en ayuda por año desde el 2020.

Los textos propuestos que circulan en Cancún dan dos opciones, la de US$100.000 millones en un caso y de un porcentaje mucho más alto, equivalente al 1,5% del producto interno bruto de las naciones ricas, destinado a la ayuda para la lucha contra el calentamiento global.

"El resultado de Cancún es incierto", dijo Stoltenberg.