Nigeria. Cuando los exploradores petroleros llegaron por primera vez del extranjero a su remoto pueblo de Nigeria, Inengite Ikpesu los recibió con brazos abiertos pensando que estaban allí para expandir el comercio de aceite de palma de la comunidad.

Más de 50 años después, este frágil jefe de la aldea de Oloibiri, de 75 años, todavía se arrepiente de su ingenuidad.

"Dijeron a los ancianos que buscaban aceite. Nos entusiasmamos porque pensamos que se trataba de aceite de palma", dijo Ikpesu, sentado en su porche en su casa cerca de donde Shell D'Arcy, el predecesor de Shell Nigeria de hoy en día, desarrolló el primer pozo petrolero del país en 1956.

"Nuestra felicidad se transformó luego en pena cuando vimos los derrames de petróleo", señaló Ikpesu.

Después de cinco décadas de contaminación, corrupción y conflictos generalizados, la saga petrolera de Nigeria ofrece innumerables lecciones de lo que no hay que hacer como gran productor de energía.

El país miembro de la OPEP ha sufrido 2.400 derrames de petróleo desde el 2006, y muchos se ellos se pudrieron sobre los riachuelos del Delta del Níger.

Sus vías fluviales manchadas de petróleo y devastadas reservas de pescado ofrecen una cruda advertencia para Estados Unidos, que intenta limpiar el peor derrame de crudo de su historia en el Golfo de México.

El 20 de abril, una explosión en una plataforma petrolera en el Golfo de México causó la muerte de 11 operarios y destruyó un pozo submarino de la firma británica BP, iniciando un derrame de millones de litros de crudo que están devastando las costas estadounidenses.

El derrame ensució 190 kilómetros de costa estadounidense, puso en peligro las multimillonarias industrias de la pesca y el turismo y produjo la muerte de aves, tortugas marinas y delfines.

El presidente de Shell en Nigeria, Mutiu Sunmonu, dijo a Reuters que comparar el Delta del Níger con el Golfo de México era injusto, señalando que la mayoría de los derrames en Nigeria son causados por sabotajes y ladrones de crudo que perforan oleoductos.

La firma anglo-holandesa dice que compromete a limpiar los derrames sean cual fuera su causa, pero asegura que grupos armados e incluso comunidades locales le impiden a veces llegar a las zonas de vertidos.

Lección de historia. Estudiar los antecedentes petroleros de Nigeria proporciona advertencias a los productores de crudo más nuevos, como Ghana, la otra nación del oeste africano que desea evitar que el recurso natural se convierta en una maldición para su economía.

Standard Bank estima que entre 1970 y el 2007 el Gobierno nigeriano recibió ganancias nominales directas por hidrocarburos por US$436.000 millones, o alrededor de US$1,2 billones de hoy en día.

Décadas de malas gestiones del gobierno y corrupción han forrado los bolsillos de una pequeña elite, mientras que la vasta mayoría de los 140 millones de habitantes de Nigeria sobrevive con menos de dos dólares al día.

"Lo lamentamos. Sólo ahora nos comprendemos lo importante que es el petróleo", dijo Ikpesu, levantando la voz.

"Si tuviese el poder de poner frente a mí a las compañías que nos han vaciado, no me molestaría en matar a todos, tal como ellos mataron a nuestro pueblo con su contaminación", gritó.

Pesca artesanal. Antes del hallazgo de petróleo, los taros en Oloibiri eran tan grandes como el brazo de un niño y los aldeanos podían pescar con sus manos en el estanque local, según un sacerdote del lugar.

"Si vas al monte, nuestros estanques ya no contienen peces. La zona con aceite de palma ya no está rindiendo. Eso se debe al petróleo", dijo el reverendo Sunny Ikobho.

Esta remota aldea, ubicada a 40 minutos por tierra desde la capital del estado de Bayelsa, Yenagoa, presenta pocas evidencias de que alguna vez fue el principal centro de producción petrolera de Africa.

A la vera del camino que conduce a Oloibiri, un simple cartel con manchas negras dice "Pozo de Oloibiri, perforado en junio de 1956, 3660 metros", indicando el lugar donde se descubrió petróleo por primera vez en el país más poblado de Africa. La producción del pozo se detuvo hace décadas.

La mayoría de las edificaciones son pequeñas casas de uno o dos niveles con techos corrugados y las carreteras están repletas de agujeros gigantes. La red de suministro eléctrico no es confiable y tampoco el abastecimiento de agua.

"No percibimos nada de las ganancias (del petróleo), no recibimos nada. Ese es el motivo por el que ve el lugar como está", dijo Goodnews Ngieri, un granjero de 74 años luciendo una camisa vieja hecha jirones y vaqueros gastados.