Si un turista cree que venir a Buenos Aires este verano y usar el transporte público será lo mismo que en el pasado, está muy equivocado. Las  tarifas han aumentado, y mucho. La ciudad lentamente está dejando de ser el modelo de urbe barata para movilizarse.

En diciembre pasado la tarifa mínima de los colectivos (buses) pasó de US$ 0,2 a US$ 0,3, un aumento real de casi 35%. En cuanto al subte  (tren subterráneo), traspasado por el gobierno nacional al de la ciudad de Buenos Aires, que encabeza el opositor Mauricio Macri, ya el año pasado las tarifas casi se duplicaron a US$ 0,5. Macri ha anunciado más aumentos, que según todas las estimaciones llevarán la tarifa a US$ 0,7.

Hasta principios del año 2012 todo el transporte público de Buenos Aires estaba subvencionado por el gobierno nacional. El escenario de hoy ha cambiado: en manos de la ciudad el subte ya no cuenta con subsidio, y los únicos que los mantienen son los colectivos y los ferrocarriles. Según el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), el gobierno destinará durante el 2013 más de $14.000 millones (unos US$ 2.850 millones) sólo en la Región Metropolitana de Buenos Aires; sin embargo, esto implica una reducción del 18%. Como escribió Lucio Castro, director del Programa de Integración Global del CIPPEC, “la necesidad de frenar este rubro del gasto ante un escenario fiscal ajustado sugiere que el gobierno nacional intentará mantener los subsidios en valores nominales similares a los del 2011”. Por otro lado, como los subsidios en transporte han sido focalizados en los usuarios de la tarjeta SUBE, quienes no la tienen están pagando en los colectivos ya un incremento significativo. Según los datos del CIPPEC, ese incremento podría trepar para estos usuarios ocasionales en un 82% en el caso de los colectivos y en un 100% en los ferrocarriles.

Lucas Llach, economista y profesor de la Universidad Torcuato di Tella, coincide con este diagnóstico. “Con la inflación general y tarifas fijas aumentaba el costo de los subsidios, incluso el costo en términos reales”, afirma. Para Llach el gobierno está haciendo una leve corrección por motivos básicamente fiscales. El problema es que nadie espera que el aumento del boleto vaya a provocar “un aluvión de inversiones en transportes”.

BAJO TIERRA

“El actual sistema de subsidios debe ser reformulado para que no desborden la capacidad que tiene el Estado de sostenerlos, y también para que no promuevan inequidades”, afirma Nicolás Tereschuk, uno de los editores del blog www.artepolitica.com.

Pero el elemento más interesante, de acuerdo a Tereschuk, es el de la trasparencia: “Lo primero que hizo el recientemente creado Ministerio de Transportes fue difundir qué monto recibe en materia de subsidios cada empresa de transporte de pasajeros”. Ante este escenario, para este politólogo, es notoria la diferencia de manejo que hay entre la ciudad y la nación: “Mientras Mauricio Macri adopta medidas drásticas, el gobierno nacional viene adoptando medidas graduales”. Así, la ciudad renovará todos los trenes de la línea A del subte, manteniéndola 56 días sin servicio, mientras que el gobierno nacional trabaja en las mejoras de la Línea del Ferrocarril Sarmiento por las noches, sin interrupción.

Juan Pablo Piccardo es el presidente de Subterráneos de Buenos Aires (SBASE), la empresa del gobierno de la ciudad que estudia, diseña y realiza los planes de expansión de la red de subtes. En entrevista con AméricaEconomía cuenta que el principal objetivo para este año es la seguridad del usuario. Para ello contrataron en 2012 los servicios del Metro de Barcelona, que detectó algunos puntos críticos. Por eso, aparte del reemplazo total de los carros de la Línea A del subte (comprados por el gobierno nacional, pero exhibidos como logro de la ciudad), se espera “el recupero del mantenimiento de los 582 coches restantes”. En cuanto a las tarifas, Piccardo confía en que la gente entenderá que el gobierno nacional ya no las va a subsidiar.

María Eugenia Vidal, segunda autoridad del gobierno de la ciudad, confirmó la tarifa de US$ 0,7 y de paso señaló que la disyuntiva es restablecer los subsidios o aumentar la tarifa. En este sentido le pidió al gobierno nacional que los dejara trabajar tranquilos: “Pareciera que está más preocupado de que al gobierno de Macri le vaya mal que la gente viaje mejor”.

EL FERROCARRIL

Motivada por la “Tragedia de Once”, el accidente ferroviario ocurrido el 22 de febrero de 2012 en donde murieron casi 50 personas, la presidenta Cristina Fernández anunció hace menos de un mes la “renovación ferroviaria más importante de los últimos 50 o 60 años”, consistente en el recambio de todos los trenes, pasoniveles y vías de los ferrocarriles Mitre y Sarmiento por un monto de US$ 4.900 millones (unos US$ 1.000 millones). En la oportunidad la presidenta comentó que una tarifa del subte de US$ 0,7 le parecía “una barbaridad”, en contraste con el pequeño aumento de tarifa que la renovación ferroviaria implicará para los ocho millones de usuarios de estas líneas. Este aumento podría no ser tan pequeño si las demandas del gremio ferroviario por un reajuste en sus salarios de entre el 25% y el 28% (más del doble de la inflación oficial) se hacen efectivas a partir de marzo próximo.

El economista kirchnerista Alejandro Robba está convencido de que, si en lugar de la presidenta el anuncio lo hubiera hecho Mauricio Macri, se habría anunciado además un alza importante en la tarifa. Para este economista, “si uno lee entre líneas lo que dijo la presidenta, existen dos modelos: uno, el del gobierno nacional que subsidia el consumo y la demanda interna de distintos servicios; y el otro, que puede verse nítidamente en la ciudad de Buenos Aires, en donde al menor indicio se aumenta la tarifa”. Dicho de otro modo, en la capital argentina conviven dos modelos: el de colectivos y ferrocarriles y el del subte. Lo cierto es que Buenos Aires ya no será ejemplo de transporte público barato en Sudamérica. Y esto se deberá básicamente a la renovación del parque ferroviario y del subte, que en menor o mayor medida lo tendrán que pagar los usuarios. Los más afectados serán aquellos que no cuenten con tarjeta SUBE. Así es que, turistas, ya saben: a andar con moneditas si quieren usarlo.