Sin dominar el idioma ni conocer en profundidad el mercado brasileño, el argentino Felipe Leonard (36) decidió que su destino sería Brasil y viajó hacia allá hace dos años, de la mano de de una compañía argentino-belga. Estando allá lo contrató el Grupo Gamma, donde actualmente es gerente general. “Este país me intrigaba mucho, no conocía nada de Brasil salvo que era un monstruo que estaba andando muy al galope”, dice Leonard.

No es un caso particular. Por estos días lo que más se necesita en Brasil son ejecutivos calificados y capaces de sostener el nivel de crecimiento del país. Las cifras así lo demuestran: según el Fondo Monetario Internacional, a partir de 2009 la inversión extranjera directa creció 38%, aun cuando en el mundo disminuyó 24%. A esto se suman las buenas perspectivas para los BRIC. Ejemplo de ello es el documento “Dreaming with BRICs: The Path to 2050 de Goldman and Sachs” donde se estima que el proceso de crecimiento de este bloque será por sobre el promedio mundial durante los próximos años.

Este contexto se ha traducido en una serie de acciones de parte de las empresas para captar y retener talento. Es el caso de Petrobras y de la iniciativa del multimillonario Eike Batista. Mientras este último está invirtiendo en una universidad naval en Rio de Janeiro para formar ingenieros y gerentes para el nuevo complejo de Açu, la empresa de energía anunció el nuevo ciclo de conferencias del proyecto de Atracción de Talentos. En esta actividad se dan a conocer las carreras prometedoras de la organización mediante presentaciones de empleados de la compañía en universidades.

“Consiste en suplir la carencia de mano de obra de alguna forma. Ya sea robando a la competencia, buscando personas jubiladas, europeos o latinoamericanos, etc. Cada empresa tiene una estrategia distinta y esto depende del sector. En la industria del petróleo es más fácil encontrar gente de Houston, Angola o Venezuela, por ejemplo”, explica Roberto Machado, managing director de Michael Page.

Y dada su escasez, el talento se está pagando muy bien para los estándares de América Latina. Así lo reveló la consultora internacional Mercer, a través del Estudio Anual de Compensaciones y Beneficios “Total Remuneration Survey 2011” (TRS), y donde los ejecutivos brasileños lideraron el ránking de los mejor remunerados.

Para sacarse partido. El proceso de búsqueda de empleo para cargos más estratégicos suele pasar por una empresa de captación o a través de las sucursales de las compañías en la región o el extranjero. Pese a ello, también existe el espacio para candidatearse a uno de estos cargos.

Los especialistas en reclutamiento aseguran que se debe poseer un cierto bagaje de conocimientos y competencias. Es necesario tener un indicio, al menos, de portugués y experiencia internacional. El inglés es el idioma más demandado por las empresas, pues pocos brasileños lo hablan, pero en Brasil se agradece al extranjero que maneja la lengua local.

“El conocimiento del portugués es un gran punto a favor de los candidatos y, por esto, también existe una mayor comodidad con un profesional que habla español. Mi recomendación es que el candidato que domina el español comience a hacer el esfuerzo para aprender portugués”, dice Vivian Manasse Leite, profesora de gestión cultural de la São Paulo Business School (BSP).

“El brasileño tiene un estilo de comunicación muy dubitativo, que transfiere al otro la responsabilidad de entender el mensaje”, dice Manasse, de la BSP.

La experiencia regional e internacional es igualmente imprescindible. “Cuando se trata de directivos de primer nivel de reporte, se busca que tengan experticia a nivel regional, que manejen los riesgos y conozcan varios mercados. A su vez, que posean habilidades blandas”, dice Karina Pérez, directora de operaciones de Robert Half en Chile. “No todo el mundo tiene este perfil. Hay que saber actuar, porque cambia algo ahora, pero se vuelve a modificar en seis meses más. Por eso se tiene que sentir cómodo con los cambios organizacionales”.

A esto hay que agregar que dado el contexto económico brasileño, las compañías buscan ejecutivos que sepan adaptarse a un ambiente dinámico y en crecimiento, y a la complejidad laboral, debido al alto grado de burocracia y largas horas de trabajo. “Brasil es una excelente “escuela” para el desarrollo profesional”, dice Manasse.

Los puntos negros. Ante el festival de halagos que concita Brasil hoy, la violencia sigue siendo todavía la principal preocupación. Según el último Estudio Global de Homicidios de la ONU, se produjeron 43.000 en 2009, es decir, 22,7 por cada 100.000 habitantes, aunque hay estados como Pernambuco que superan los 60.

También existen complicaciones legales y burocráticas. Le tocó a Felipe Leonard cuando recién llegó con una empresa más pequeña, mientras sacaba el proyecto adelante. “Brasil es conocido como un cementerio de emprendimiento de empresas de afuera, porque el esquema impositivo es bastante complejo”, dice el argentino. “Tiene más de 50 impuestos que cambian por estados, lo que les da una complejidad a las empresas para la instalación y reconversión, lo que requiere de asesores muy buenos”.

El brasileño Machado, de Michael Page, reconoce que la burocracia de su país es un tema significativo, así como la violencia urbana. “Le tocará viajar de una ciudad a otra y muchas veces la ruta estará interrumpida, el aeropuerto será un caos…”

También hay que agregar las dificultades legales para los extranjeros. Aun cuando el mercado laboral se ha abierto significativamente, existe un límite al número de extranjeros que pueden trabajar en una empresa. “Algunas compañías españolas estaban complicadas, como Telefónica, Movistar y Banco Santander, porque la legislación brasileña no lo facilita”, dice Martín Ibáñez-Frocham, socio de Mercer.

En el plano de la cultura y de los signos, el brasileño tiene un estilo que a primeras sorprende y con el que es necesario acostumbrarse. “Puedes tener una reunión laboral y pareciera que terminó fenómeno, pero no”, dice Leonard. “Es que ellos son distintos a lo que uno está acostumbrado, por lo mismo hay que habituarse a esos códigos”.

Esto ocurre justamente, aclara Manasse, porque el profesional tiene que saber desenvolverse de una manera multsensorial para estar capacitado para captar información. “El brasileño tiene un estilo de comunicación muy dubitativo, en el cual transfiere en el otro la responsabilidad de entender el mensaje. Hay admiración por el “buen oyente”, en contraste con la apreciación del “buen comunicador”.

Para este experto, “los extranjeros no tienen el conocimiento, a priori, de las claves para descifrar los mensajes implícitos. El hábito de muchos brasileños, no siempre percibido, es dejar las frases abiertas, dejando la conclusión por parte del buen oyente”.

El humorista argentino Peter Capusotto lo sintetiza en el personaje de Duda da Silva, un dubitativo cantante brasileño que nunca termina una estrofa y cuyo principal hit es “¿O qué será que será?”.

En cualquier caso, Brasil es hoy un mercado de tal magnitud y dinamismo que este tipo de consideraciones pasa a segundo plano. “Creo que no es una moda Brasil por el potencial y tamaño que tiene”, sintetiza Leonard. “Me agrega mucho valor entender este país y tener contactos”.