El nuevo puente en la laguna Garzón le costará al Estado uruguayo al menos US$5,5 millones. Pese a que el Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP) negocia con el argentino Eduardo Costantini para que financie la mitad del costo, el empresario no está dispuesto a pagar más de US$2,5 millones de la totalidad del puente que costará entre US$8 millones y US$9 millones.

Hace dos años, cuando el propietario del emprendimiento inmobiliario Las Garzas propuso construir el cruce para que los interesados en las viviendas puedan pasar sin dificultades, comprometió el dinero para invertir en la obra. Pero el puente comenzó a encontrar palos en la rueda con planteos de ambientalistas, que preferían mantener el actual sistema de balsas para pasar de un lado a otro.

El tiempo transcurrió y la polémica pública por el presunto impacto ambiental del puente hizo que el gobierno encargue una alternativa. Fue así que llegó el proyecto del arquitecto Rafael Viñoly, que propuso utilizar madera y adecuar el puente con un diseño exclusivo, para convertirlo casi en un atractivo turístico.

Desde la idea original a la propuesta de Viñoly (que sufrió cambios importantes, pero que sorteó la habilitación ambiental) se incrementaron los costos, y es por ello que ahora el gobierno deberá hacerse cargo de más de la mitad.

“Nosotros como siempre tenemos un compromiso de financiar el puente”, dijo Costantini. Pero sostuvo que no pagará más de lo que había prometido en un principio.

A raíz de los cambios que sufrió el proyecto, el costo del puente oscila entre US$8 millones y US$9 millones.

El jueves antes de Semana Santa, el titular del MTOP, Enrique Pintado, dijo en un acto público de rendición de cuentas de su gestión que la cartera negociaba con Costantini la financiación de la mitad del emprendimiento. Pero el empresario insistió que se dispone a invertir en la construcción del puente US$2,5 millones, lo que significa poco más de un tercio del valor total de la obra.

Una fuente oficial explicó que las principales diferencias del proyecto inicial con el que luego llevó Viñoly, y fue modificado por las sugerencias del MTOP y la Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama), es que el puente tendrá el triple de metraje y muchos más pilares de cemento para sostener el diseño circular.

Las idas y vueltas. La idea de realizar un puente sobre la laguna Garzón fue presentada por Costantini como forma de dar acceso directo desde José Ignacio a su proyecto inmobiliario que está ubicado en la zona.

En 2007, el argentino presentó el proyecto Las Garzas para hacer un barrio privado de 500 casas a construir en un plazo de diez años.

Su proyecto fue aprobado por la Junta Departamental de Rocha, pero Costantini exigió que para llevarlo a cabo primero debía construirse el puente.

El complejo inmobiliario ya tiene varias casas construidas y el restaurante Malandrino del complejo, y el Beach House que incluye una pileta con yacuzzi, otra para niños, gimnasio, sala de estar y sauna. En 2009, se informó que el monto total de la urbanización sería de US$350 millones.

Pero la idea del puente viene de mucho tiempo atrás. Lleva más de 60 años de frustraciones.

En varias oportunidades hubo distintas opiniones sobre el tema. Durante el gobierno de Luis Alberto Lacalle, por ejemplo, la Intendencia de Rocha, bajo el mando de Irineu Riet Correa, se opuso a la administración central que impulsaba la construcción de un puente, en pos de mantener el patrimonio natural del lugar.

En marzo de 1994 el cruce de la laguna comenzó a realizarse en una balsa instalada por la Dirección Nacional de Hidrografía. Años después, en 1998 comenzaron a manejarse posibilidades de que la zona se urbanizara, tal como está cerca de concretarse en la actualidad.

En 2011, el gobierno realizó audiencias con los vecinos del lugar y grupos ambientalistas contrarios a la instalación del puente en la laguna. Tras las campañas contrarias a la obra, la entonces ministra de Vivienda y Medio Ambiente, Fernanda Muslera, solicitó informes a la Dinama “que compatibilizaran los ejes económicos y ambientales” para definir o no la instalación.

Fue allí que surgió la propuesta alternativa del arquitecto Viñoly, que consiste en la unión de 22 balsas con un impacto muy menor sobre el medio ambiente, según lo estimó el profesional.

Como la propuesta tampoco conformó, finalmente para la obra de Viñoly se desistirá de usar balsas y el puente será estático y con cemento. El nuevo proyecto permitirá la normal circulación de agua y arena.