Lima es una de las pocas capitales latinoamericanas que carecen de metro. Durante el turbulento primer gobierno de Alan García se inició la construcción del llamado tren eléctrico, pero el proyecto fue abandonado por razones presupuestarias y denuncias de corrupción. Un cuarto de siglo después revivió de la mano del propio García. Y fue ganado por un consorcio encabezado por la compañía local Graña y Montero y la brasileña Odebrecht, una de las empresas de ingeniería más grandes de América Latina.

Odebrecht es una compañía altamente descentralizada, El presidente de la compañía para América Latina, Luiz Antonio Mameri, cuenta que cada contrato de ingeniería en el extranjero tiene un director que trabaja como el presidente de una compañía autónoma. “Estos hombres traen muchas oportunidades para evaluar”, dice.

Además de su rubro clásico, la ingeniería civil, Odebrecht se ha diversificado hacia nuevos negocios. En petróleo y gas ofrece servicios de perforación y mantención de plataformas, además de participar en un bloque de exploración en Angola. Este año creó Odebrecht Defensa y Tecnología (ODT) para desarrollar sistemas de conocimiento avanzado, como equipos aeroespaciales, radares, misiles, sistemas de comunicación, control y mando. Fue elegida (sin licitación, según el estado de São Paulo) para la construcción del astillero y la base naval donde se fabricarán cuatro submarinos convencionales y uno nuclear, en cuya construcción también participa.

Según Paulo Lacerda de Melo, vicepresidente de la compañía, la política es entrar en estos nuevos proyectos con socios locales (en el caso del submarino es la francesa DCN), pero conservar el control mediante participaciones mayoritarias. La única excepción es la petroquímica Braskem, en la cual posee un 38% del capital, en sociedad con Petrobras y BNDESPar.

Lacerda afirma que grandes empresas mundiales, fondos de inversión y empresas de primera línea han buscado a Odebrecht para realizar joint-ventures y proyectos conjuntos. Entre los más recientes y con los que se logró acuerdo están la gestora de recursos Gávea Investimentos en el sector inmobiliario, el fondo de inversiones FIF-FGTS en sanitarias; la singapurense Temasek en petróleo y gas y los fondos Ashmore y Tarpon en la producción de etanol.

Con estos nuevos socios Odebrecht quedo con un alto nivel de capitalización, con lo que fueron postergados los planes de abrir el capital de las subsidiarias.

Cuando Odebrecht tuvo un conflicto con el gobierno ecuatoriano, fue defendida por Lula y la cancillería brasileña.

El grupo contempla inversiones en 2010 por US$ 9.400 millones, un 50% más que el año anterior. A nivel internacional, sus principales negocios están en África y en América Latina, donde, aparte del mercado local, se destaca Perú. “Los gobiernos se han fortalecido y existe un enorme déficit en infraestructura”, dice Mameri. Sólo en ingeniería, América Latina representa el 70% de los ingresos, y Brasil, el 38%.

Uno de los proyectos en curso es la construcción de la Ruta del Sol, en Colombia, una carretera de 530 km, una concesión ganada en 2009 y de la que Odebrecht posee el 60%. En Perú participa en las carreteras IIRSA Norte e IIRSA Sur, y actúa como constructora e inversionista en un proyecto hidroeléctrico que comenzará a ser construido este año, con un desembolso de US$ 1.000 millones. En Argentina está construyendo trechos de un gasoducto y en Panamá participa de la construcción del metro.

Dado su giro, la oferta de mano de obra es la gran barrera para la expansión de los negocios de Odebrecht. Durante un año la empresa necesita a unos 700 practicantes recién formados en ingeniería y gestión, pero los trabajos fuera de Brasil requieren experiencia. De los 92.000 funcionarios de planta, la mitad trabaja en el extranjero.

“En todo el mundo emergente, la cadena de construcción nunca estuvo tan caliente como en los últimos cinco o seis años”, dice Lacerda.
La oferta de proyectistas, proveedores de equipos y tecnología es uno de los principales obstáculos que tendrá que enfrentar Odebrecht en los próximos años.

Cristo redime. Pero no es el único: muchos negocios de Odebrecht están acompañados de polémica. En Ecuador su operación de la represa hidroeléctrica San Francisco terminó en un conflicto legal con el gobierno de Rafael Correa. Y en Perú se han multiplicado voces críticas a su cercanía con el poder político. La nueva licitación del tren eléctrico se dio en medio de denuncias de supuestas irregularidades. Odebrecht ganó la licitación días después de conocerse públicamente que un grupo de empresas brasileñas (entre ellas Odebrecht) donó US$ 833.000 para construir una efigie monumental muy parecida a la del Cristo Corcovado de Rio de Janeiro.

Nadie del gobierno peruano desmintió la información. Alan García, que de revolucionario en los 80 terminó gobernando como paladín de los valores, señaló que él mismo donó casi US$ 36.000 para la obra. Los representantes de Odebrecht en Perú se excusaron de comentar.

El Cristo del Pacífico, de unos 37 metros de alto (incluyendo una base de 15 metros), está ubicado en el distrito Chorrillos, frente al mar.

Fue construido en tiempo récord y ha sido criticado por arquitectos y la alcaldesa de Lima, Susana Villarán. Pero más que Cristo, en sus negocios internacionales Odebrecht cuenta con un aliado poderoso y muy terrenal: el gobierno brasileño. Como quedó demostrado en el conflicto con Ecuador, la empresa actúa como avanzada de intereses geopolíticos. Los préstamos para construir la represa fueron concedidos a Ecuador por el BDNES. Cuando el gobierno de Rafael Correa impugnó el contrato, Odebrecht encontró dos decididos defensores en la cancillería y por el propio Lula da Silva. Planalto e Itamaraty, un dúo de peso.