A unos 45 kilómetros de la capital paraguaya, a orillas del río Paraguay, avanza con pasos acelerados la construcción del “Complejo Agro Industrial Angostura SA” (Caiasa), que es un emprendimiento realizado entre las firmas Bunge y Louis Dreyfus.

De acuerdo con los datos suministrados, el objetivo es la industrialización de la soja.

Los datos proveídos por los impulsores del emprendimiento dan cuenta que Caiasa apuesta a dar valor agregado a la oleaginosa que el Paraguay produce en abundancia, pero que en la actualidad es exportada casi en su totalidad para que sea industrializada en otros países.

Además añaden que la industrialización es la “respuesta lógica” a la mano de obra ociosa que genera la mecanización de la agricultura.  

La inversión es de unos US$160 millones, y tiene previsto un plazo de ejecución de 22 meses. Las obras abarcan 70.000 m² entre la planta industrial y depósitos, además de contar con un área de 136 hectáreas, propiedad del complejo.    

Para que se tenga una idea de la magnitud de la obra, según los datos de la empresa, cada una de las tres celdas que se construyen tendrá el tamaño de 220 metros de largo por 60 metros de ancho, que equivale a dos canchas de fútbol.

Siempre de acuerdo con los datos de los inversores, en el máximo de la obra se estima que habrá 800 empleados de empresas de montaje y construcción trabajando a tiempo completo en su culminación.

La capacidad nominal de procesamiento de la planta es de 4.000 toneladas de semilla de soja por día.

Los impulsores del proyecto estiman que para que una industria de este porte funcione a plenitud requerirá el crecimiento sostenido y sustentable de la producción agrícola, apostando a la innovación tecnológica; marco jurídico y económico estables y confiables; provisión de energía eléctrica garantizada, buen sistema de comunicación y red logística eficiente.

Además, apertura hacia el mundo, sustentados en buenos acuerdos comerciales, enfocados a los mercados de alimentos y biocombustibles; medidas gubernamentales que favorezcan y protejan a la industria nacional en el contexto del comercio internacional; una industria nacional fuerte potenciaría la producción primaria, generando además claros beneficios como valor agregado a una materia prima que actualmente se exporta en su estado natural.

A lo anterior también se suma el desarrollo y apertura de nuevos mercados en el exterior, desarrollo a otras industrias y servicios adyacentes (energía, construcción, transporte carretero y fluvial, alimentación, viviendas, talleres, etc); calificación de mano de obra directa e importante generación de empleo indirecto; reducción de la marcada estacionalidad de la oferta y demanda de la soja y la consecuente racionalización de la oferta y demanda de logística.