Asunción. Que el panorama de la industria frigorífica de la región es complicado no es un secreto para nadie. Que se ha dado un extraño proceso de sobreinversión con relación al ganado disponible en Uruguay, Argentina y Brasil es sabido. Por eso la noticia del foco de aftosa en Paraguay puede ser la gota que colme el vaso y genere una crisis industrial más importante y de fuertes repercusiones locales.

Mientras este lunes casi todas las miradas se dirigían hacia el centro de Paraguay, otras miradas experimentadas de la ganadería enfocaban hacia Brasil y observaban otros nubarrones.

La mezcla de crisis financiera en Europa, conflicto sanitario en Rusia y escasez de ganado en la región está provocando olas cada vez más altas que golpean las acciones de los frigoríficos brasileños que poco tiempo atrás compraban empresas de los países sudamericanos a velocidad de vértigo.

Con la crisis, el dinero ya no fluye hacia los gigantes de la industria frigorífica. Los créditos escasean, el ganado también y el negocio se vuelve cada vez más difícil.

En particular la noticia que sacudió a San Pablo esta semana fue la venta por parte de Marfrig de Keystone. No por la operación individual en sí. Una transacción de mediano porte para los números globales, a través de la cual la empresa de Marcos Molina consigue US$400 millones frescos.

Lo importante es que parece marcar el final de una etapa y el comienzo de otra.

Se terminó la etapa de compras de la empresa: ahora hay que empezar a hacer frente a la deuda y para eso inicia una fase de ventas, porque muchos analistas consideran excesiva la deuda.

Un informe publicado esta semana por el diario O Estado de São Paulo fue particularmente crítico respecto a la situación de la empresa. Según este, y a partir de “fuentes del mercado”, los bancos de Brasil, Itaú, Bradesco y Santander tienen juntos 5.000 millones de reales (US$2.652 millones) puestos en Marfrig, que se suman a los 3.500 millones de reales (US$1.856 millones) que aportó el oficial Banco Nacional de Desarrollo (Bndes). La crisis financiera golpea duro porque los bancos ya no están dispuestos a prestar dinero que no tienen certeza de recuperar y empiezan a necesitar recuperar lo ya prestado. Por eso según O Estado “cerraron las canillas”. Y por transitiva el Bndes no quiere poner más dinero. Ciertamente la devaluación del real alivia la situación. Hace más liviana la deuda y más rentable la exportación. Es justamente la excesiva valorización de la moneda brasileña uno de los factores que han perjudicado a las empresas brasileñas en el primer semestre de este año.

Las acciones de Marfrig están en descenso. Han perdido la mitad de su valor en lo que va del año, un comportamiento bastante peor que el del promedio de las acciones del Bovespa que ha caído 18%.

Según el informe del diario paulista que se basa en datos de Bloomberg “los títulos de deuda de Marfrig pagan una tasa de interés 11% superior a los bonos del Tesoro de Estados Unidos, la tasa más alta de las empresas brasileñas que cotizan en bolsa. Eso empieza a generar un drenaje de dinero para cubrir el servicio de deuda que amenaza con devorarse cualquier eventual ganancia”.

La venta de Keystone no cambió la perspectiva del mercado, las accciones bajaron 4,4% el lunes. Los papeles venían especialmente golpeados desde la retirada del fondo GWI, que abandonó en los primeros días de agosto cuando, en medio de uno de los tanto coletazos de la crisis europea, decidió sacar su 5,22% del paquete accionario, gatillando una fuerte caída de la valorización de la empresa. Bloomberg estima que los bonos a 2020 de la empresa están pagando actualmente 14,7% anual. En el segundo trimestre del año reportó pérdidas por 93 millones de reales (US$49 millones), su peor resultado en los últimos cuatro años.

Un análisis del banco HSBC, este lunes, calificó a Marfrig como “el jugador más vulnerable del segmento proteínas”.

Aquí en Uruguay la empresa es la principal por su volumen de faena. Pero casi nunca ha podido usar los cuatro frigoríficos que compró. Actualmente tiene dos plantas funcionando: cerró esta semana su planta en Colonia con motivo de las licencias anuales, mientras permanece cerrada la de Tacuarembó por el incendio que dañó sus instalaciones el 18 de julio pasado.

La situación es difícil para todos los frigoríficos. JBS Friboi también ha cerrado plantas en Brasil ante la falta de materia prima y la necesidad de bajar costos.

Los problemas parecen haberse vuelto mayores para los frigoríficos de gran escala. Muchos son los que se preguntan cómo se sostendrá el más nuevo y lujoso frigorífico uruguayo, Breeders and Packers Uruguay, con una actividad de faena que generalmente no llega a la mitad de su capacidad instalada y sin habilitación todavía para importantes mercados.

Es en ese marco que aparece la aftosa en Paraguay. Allí están los tres grandes brasileños Marfrig, Friboi y Minerva. Para los frigoríficos brasileños que apostaban a una performance regional, el país tenía un papel importante dentro de un portafolio. Los problemas que pudieran surgir en un país podrían ser compensados por otro. Por eso era importante Paraguay: era el único lugar del Mercosur con cierta disponibilidad de ganado. Ahora con un bloqueo de exportaciones que persistirá hasta diciembre y con una cuota mayor de incertidumbre, una pieza estratégica de la faena ha quedado en suspenso. El uso de la capacidad instalada vuelve a depender exclusivamente de Brasil, Argentina y Uruguay, donde la escasez de ganado es muy aguda.

En el mercado brasileño se manejan versiones en cuanto a que Marfrig buscaría vender plantas frigoríficas para hacer frente a la deuda. Sin embargo, Marcos Molina negó dicha posibilidad en diálogo con O Estado. Consultado sobre si descartaba totalmente la venta de frigoríficos, dijo que no tenía sentido “¿para reducir la deuda? Pero si la deuda de Minerva es del mismo tamaño que la nuestra”.

Lo tenso de la situación y lo escaso de la oferta hace improbable que la exportación en pie quede liberada completamente. En Uruguay la faena repuntó la semana pasada, pero apenas para mostrar que las empresas compraron un poco más previo al cierre. “No puedo abrir la empresa para perder plata”, comentó un empresario local en una de las conversaciones que se generaron en la Expo Prado.

Sin embargo, y a pesar de todos los problemas, es bueno recordar que en Brasil las industrias frigoríficas tienen y tendrán un respaldo monolítico del gobierno. Se han convertido en un emblema del país como potencia emergente de escala mundial. Por otra parte, el dinero que los bancos privados y estatales han puesto en muchas de ellas es tanto, que la única salida es hacia delante, logrando que las empresas crucen estos momentos tormentosos. Por otra parte, la devaluación de las monedas de la región alivia la pérdida de competitividad, la obtención de la nueva cuota en Europa es otro factor de alivio y los mercados internacionales permanecen firmes.

Mientras en el Mercosur el precio del novillo en dólares cae, en Australia sube y la competitividad inalcanzable que tuvieron hasta hace dos semana los australianos ha devenido en una situación de paridad. Pero la compleja situación de las empresas brasileñas es ilustrativa de las tensiones a las que estará sometida la cadena cárnica y el mercado del ganado gordo y los fuertes estímulos que persistirán sobre la cría y el engorde acelerado. La presión para bajar costos en el corto plazo deberá ser articulada con la necesidad impostergable de que aumente la oferta de ganado. Esa dicotomía será permanente por mucho tiempo. Cuanto más se profundice la crisis europea más arduo será el esfuerzo por bajar costos, pero mayor será la suba del dólar en Brasil y Uruguay. No por el precio de la carne, que sigue firme a nivel mundial, incluso en Europa. Sino por la aversión al riesgo que hará que el financiamiento se vuelva persistentemente escaso.

El blindaje uruguayo y brasileño ante la crisis financiera tiene una grieta importante. Para Uruguay ocurre nada menos que en su sector económico principal, que atraviesa el momento más difícil de la era posaftosa. Mientras, el Parlamento analiza nuevos impuestos a la tierra, sin que esté claramente evaluado el impacto que tendrán sobre el complejo cárnico. Si a nivel de las industrias el esfuerzo por bajar costos será una obsesión, para los productores ganaderos no podrá ser muy distinto. La buena noticia es que la salida es producir más ganado porque el problema que subyace a todas las empresas es la capacidad ociosa que limita la eficiencia.

La baja del precio del novillo y la suba del dólar están permitiendo un reacomodo de la competitividad de Brasil y Uruguay respecto a Argentina y Australia.

A la vez, el año 2011 tendrá como una de sus características haber sido un año sin la habitual división entre zafra y poszafra.

Para ilustrar estas tendencias vale la pena recordar los precios que se daban en el pico de la zafra. Al final de abril, cuando habitualmente ocurren en Uruguay los precios más bajos del año, el novillo estaba en US$4 por kilo de carcasa. Los productores se quejaban de que en San Pablo se pagaban US$4,25 y los brasileños no acceden a los países de América del Norte. Los industriales argumentaban que en Australia el mismo novillo que accede a Japón y Corea se pagaba a US$3,70.

En Australia los precios se han mantenido casi incambiados, pero el precio del novillo en Brasil y Uruguay ha aterrizado a los US$3,65.

Es una paridad que parece más lógica que las brechas del pasado pero que no estaba en los cálculos, porque un precio más bajo en setiembre que en abril es un hecho con pocos antecedentes.