Asunción. La enorme hidroeléctrica Yacyretá, que abastece en torno a un 20% de la energía argentina, no es rentable, al menos en el papel, debido al también enorme caudal de intereses que Paraguay adeuda a Argentina por la construcción de esa obra en la frontera, unas cifras que Asunción quiere renegociar.

No es la primera vez que ambos países hablan de pasar a limpio los libros de cuentas, pero esta vez tienen una fecha límite, el 27 de marzo, cuando se cumplen los 40 años de la entrada en vigor del tratado entre ambas partes, que exige la revisión de los términos en esa fecha.

Un informe elaborado en 2009 para el Congreso paraguayo por la entidad binacional que gestiona la represa calculaba que ese organismo adeudaba US$15,840 millones, el 93% al Gobierno argentino y el resto a bancos, organismos multilaterales y proveedores.

Cada año las cargas financieras suben US$1.000 millones, mientras que su producción energética solo vale US$900 millones, según Juan Schmalko, el director paraguayo de la hidroeléctrica, lo que significa que si la entidad fuera una empresa privada estaría en la quiebra.

Los intereses emanan del gasto que hizo Argentina en las obras, iniciadas en 1983, una década después de la firma del tratado, y paradas, sin completarse, en 1998, por lo que sus turbinas solo alcanzaron el potencial previsto en 2011 tras la retomada de los trabajos en los últimos años.

Paraguay, que contribuyó a la construcción con el 80% del terreno anegado, usa esos retrasos como argumento a favor de la renegociación de la deuda.

También ha sugerido que los "aportes" de las partes de los que habla el tratado no son préstamos, y por tanto no se tendría que pagar intereses por ellos, según explicó a Efe una fuente de la entidad binacional.

Schmalko dijo la semana pasada que la deuda, en base solo al capital aportado por Argentina y no a los intereses, sería de unos US$6.000 millones.

Argentina también tiene un incentivo para una revisión de las cifras, debido a la posibilidad de un alza de la tasa que paga a Paraguay por la energía adicional que utiliza.

Esa tarifa, según el tratado original, se debe basar en el costo de producción, pero la inclusión de los costos financieros en ese valor supondría una sangría para el erario argentino.

Actualmente, Argentina abona una tarifa menor acordada entre los dos gobiernos a través de las llamadas "notas reversales", que no pasaron por la aprobación de las legislaturas respectivas.

En los últimos ejercicios, Argentina ha pagado más de US$100 millones al año a Paraguay en compensación por la cesión de energía.

Aunque los dos países se deben repartir la energía a la mitad, Paraguay consume mucho menos, debido a su menor demanda y a su deficiente red de distribución eléctrica, por lo que el excedente lo absorbe Argentina.

Así, en 2012 más del 87 % de los 20.091 gigavatios hora generados por Yacyretá acabaron en hogares e industrias argentinos.

La generación podría aumentar un 40% con un nuevo programa de inversión, que prevé la instalación de más turbinas y la construcción de una nueva central hidroeléctrica en un brazo del río Paraná llamado "Aña Cuá", entre otras medidas, según la fuente.

Una comisión binacional analiza actualmente ese proyecto y revisa las cifras de deuda y las tarifas, de cara a presentar un informe el 7 de febrero que servirá para las negociaciones entre ambos países.

Las dos capitales llegaron a un preacuerdo sobre el tema en 2006, que al final se desbarató por disputas sobre los detalles.

Entonces se determinó que la deuda con Argentina era de US$10,885 millones, de los cuales Paraguay reconocería US$4,688 millones, que pagaría en los siguientes 42 años con la venta de energía al país vecino.

La negociación actual se da en medio de un sentimiento generalizado entre los paraguayos de que tanto en Yacyretá como en Itaipú, la otra represa que comparte con Brasil, Paraguay no recibe lo suficiente de sus socios, según dijo a Efe Carlos Mateo Balmelli, un exdirector paraguayo de Itaipú.

Balmelli aseveró que Paraguay debería tener libertad para vender su excedente energético a quien quiera, con lo que lograría tarifas más altas. Ese será previsiblemente otro ingrediente en el debate sobre la deuda.