Asunción. La yerba mate, en la década del 70 y 80, fue el “boom económico” que impulsó a lo que hoy es este distrito. Se estimaron unas 10.000 hectáreas con un promedio de producción de ocho a diez toneladas de hoja por hectáreas.

La mayoría de los pobladores tenían sus plantaciones de acuerdo a sus posibilidades y todos recibieron de una u otra forma beneficios económicos: el comerciante, albañil, herrero, carpintero, etc. Los productores se posicionaron económicamente, mejoraron sus comodidades hogareñas, compraron tractores y otras máquinas.

Todo lo que tienen hoy prácticamente fue de esa época. Las siguientes décadas cayó el precio del producto a tal punto que en algunos años dejaron de cosechar porque lo hacían a pérdidas. Unas tres mil hectáreas fueron destroncadas, para producir otros rubros más rentables en aquel entonces.

Hace unos tres años, de nuevo se recuperó el interés por este rubro, que mejoró el precio, y se inicio la etapa de recuperación. En este menester tuvieron mucha participación los industriales, quienes acompañaron a los productores a recuperar la fertilidad del suelo, la técnica del corte, aumentó la cantidad de plantines por hectáreas, y lo que antes eran 1.200 por hectárea llega ahora a los 3.000 plantines. Igualmente, se intensificaron los cuidados culturales, a tal punto que hoy se tiene un promedio de siete toneladas de hoja por hectárea. Anteriormente, solo se alcanzaban tres toneladas. Se estima que actualmente existen en la zona unas 7.000 hectáreas de yerba.

La zafra empieza en mayo/junio y culmina en agosto/setiembre. Para cortar 10 toneladas de hoja se emplean 15 hombres.

Para mover este trabajo, entre mayo y setiembre se involucran unas 600 personas, entre cosecheros, tractoristas, camioneros, operarios de las plantas, entre otras. Se calcula que el 60% de la producción de hojas verdes va a otros mercados de las ciudades circunvecinas y semielaborado (mborovire) a Encarnación, Asunción, Coronel Oviedo, Misiones, Caaguazú y el resto absorben los industriales locales.

Entre las industrias locales están: San José, El Labrador, Flor de Sudecia, La Sudetiana, San Blas, Oro Verde, entre otros.

Con la nueva tecnología se abandonaron los secadores y barbacuá tradicional, o quedan muy pocos. Actualmente, se cuidan hasta los mas mínimos detalles, ya se usa muy poco productos químicos y se incursiona a los orgánicos.

En el proceso de la cosecha los productores se esmeran en cortar adecuadamente, para que no aparezcan cuerpos extraños ni suciedades. Así también, la mayoría de los industriales modernizaron toda sus infraestructura. Hoy, el procesar yerba mate es mucho más rápido; a temprana hora del día los tareferos (cortadores de hojas) se presentan en los yerbales con “ponchadas” y tijeras de podar.

Las hojas cortadas son depositadas sobre la “ponchada” hasta completar unos 150 kilos, aproximadamente. A este atado lo llaman “raído“, el mismo fardo que los “mensú” transportaban por varios kilómetros en los montes del Alto Paraná, en tiempos de José Tomás Alika, uno de los personajes más tenebrosos de la época de los yerbales.

La tarea de los “tareferos” culmina a partir del mediodía, alzan lo cosechado a un tractor u otro tipo de transporte para trasladar al secadero de la planta fabril. Ahí las hojas se introducen en un tubo cilíndrico caliente llamado “sapecadora”, que las chamusca a manera de extraerle el agua. Luego las hojas caen sobre una cinta, que las transporta al barbacuá o secadero; allí permanecen rotando sobre una cinta durante aproximadamente 6 horas, para luego entrar en la “cancheadora” para ser picadas, para salir convertidas en mborovire (hoja seca semimolinada). Esto luego se embolsa y se carga en un depósito especial (noke) que aísla de la humedad. Allí se deposita embolsado o suelto, para estacionar al menos por un año, antes de salir a la venta. Al objeto de obtener una buena calidad de yerba mate, sus cultores cuidan el más mínimo detalle, desde los plantines hasta el depósito de estacionamiento.