Lima. Contemplar el crecimiento de una ciudad moderna o el de un sitio arqueológico desde las alturas, es un sueño que está a punto nuevamente de cristalizarse en Perú teniendo como objetivo incentivar el turismo.

En la capital peruana se construyó el primer cable riel en 1912, que cubría la ruta de la Alameda de los Descalzos hasta el Cerro San Cristóbal de 400 metros de altitud, un recorrido aproximado de tres kilómetros en 45 minutos y transportando seis pasajeros en una caseta de madera; un cable sostenía el portasillas, empero el alto costo del mantenimiento y su poco uso obligó a cerrarlos en 1915.

El tema de contar con miradores de altura, en los últimos años, ha sido puesto nuevamente sobre el tapete, por cierto con una visión y una infraestructura de avanzada.

El más visible es el denominado Teleférico de Kuélap, con un recorrido de cuatro kilómetros, una propuesta cuya construcción debe iniciarse en el primer semestre de este año a un costo de US$17 millones; Kuélap es un centro arqueológico de la cultura preinca Chachapoyas, en la ceja de selva de la región Amazonas (norte).

Con el teleférico no solo se podrá acortar el tiempo que demanda acercase a dicho sitio, a 3.000 metros sobre el nivel del mar, al que se llega por vía carrozable y luego por un sendero peatonal que lleva directamente a la ciudadela, sino que el visitante tendrá un panorama amplio del entorno natural, con una colorida fauna y flora, y la difícil topografía.

Otro proyecto, aún en cartera, es el teleférico de Choquequirao, en los límites de las sur andinas regiones de Apurímac y Cusco, a 1.400 metros de altitud, cubriendo una distancia de cinco kilómetros.

Arribar a Choquequirao, en estos días, demanda hasta dos días, con una última caminata de 30 kilómetros cuesta arriba.

El tercer teleférico sería el de Lima, que operaría entre el Parque de la Gran Muralla, a espaldas del Centro Histórico, hasta el Cerro San Cristóbal, en una ruta de poco más de un kilómetro a cubrir en un tiempo de ocho minutos; aún sin fecha de ejecución.