1990. Acabó el primer gobierno de Alan García. La crisis económica flagelaba al país y el terrorismo era un problema muy serio que les quitaba el sueño a millones de peruanos. Ese año  Jorge Heraud, catedrático y actual director del Instituto de Radioastronomía (Inras) de la Pontificia Universidad Católica de Perú (PUCP), se trazó un objetivo: lanzar un satélite diseñado y construido en el Perú. Veintitrés años pasaron desde que se fijó esa meta. Hoy es una realidad. 

En noviembre de 2013 el Inras lanzó los dos primeros satélites peruanos. El primero de los satélites es el PUCP Sat-1, cuya expectativa de vida es no mayor de 15 años. Este es un nanosatélite de forma cúbica de 10 cm por lado y 1.240 gramos de peso. Luego de ser lanzado, este satélite ‘dio a luz’ –ya que lo llevaba en su interior– a otro satélite. Se trata del Pocket-PUCP, diseñado en el Inras. Pesa sólo 97 gramos y la BBC lo catalogó como el satélite más liviano del mundo. 

Según explica Heraud, líder del proyecto, ambos aparatos fueron diseñados y construidos en Perú. Si bien el bachiller en Ingeniería Mecánica Eléctrica con un posgrado en Cosmología en Stanford trabaja en el campo aeroespacial desde la década de los 60, el proyecto de la PUCP empezó en 2007. “No sólo hemos diseñado y construido los satélites, sino también toda la infraestructura para probarlos”. 

Cuando se habla de satélites, muchas veces se les vincula a la feroz carrera espacial que emprendieron Estados Unidos y la desaparecida URSS durante décadas. Sin embargo, lanzar satélites actualmente es más accesible y menos costoso que en años pasados. “La razón por la cual se pueden hacer satélites hoy es porque ya existe un estándar. Es fácil de lanzar y es barato porque fue enviado en el cohete de un satélite más grande. Recién se convirtió en satélite cuando fue lanzado al espacio”, añade Heraud. El titular del proyecto prefiere no dar detalles del precio del proyecto. Heraud se concentra en sus alcances. 

“Hicimos un satélite porque es difícil, no porque es fácil. Es un proyecto académico que nos ha permitido aprender, no solo a diseñar, sino también a construir", señala Jorge Heraud, de la PUCP.

El proyecto de la PUCP tiene diversos objetivos académicos y de investigación en ingeniería espacial. El PUCP Sat-1 cuenta con 19 sensores de temperatura, mientras que el Pocket-PUCP cuenta con tres. Los sensores sirven para medir lo que sucede en el interior de los aparatos y, con ello, saber más sobre su funcionamiento y resistencia. “Hicimos un satélite porque es difícil, no porque es fácil”, comenta Heraud. “Es un proyecto académico que nos ha permitido aprender, no solo a diseñar, sino también a construir un satélite. Ese es un gran logro para el país. Somos de las pocas universidades en América Latina que ha construido su propio satélite”. En el proyecto han participado tanto alumnos como egresados de la universidad. 

Encuentros cercanos. Los satélites de la PUCP no son los únicos en órbita. En enero pasado, la Universidad Alas Peruanas (UAP) transportó a la EEI –a través de un cohete de la NASA– el UAP SAT-1. La casa de estudios ha informado que el proyecto costó US$1,6 millón, y su diseño y programación fueron desarrollados por alumnos y profesores de la universidad. “La misión del satélite peruano UAP SAT-1 es recolectar información sobre el clima en el espacio, y marcará un hito en el desarrollo aeroespacial y satelital peruano”, manifestó en una conferencia Juan Carlos Marca, director del proyecto UAP SAT-1. El satélite se puso en órbita a fines de febrero. 

La Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) también ha diseñado y construido un satélite. Se trata del Chasqui 1. El proyecto –cuyo costo ascendió a US$621.000– empezó en 2010. Al igual que en el caso de la PUCP Sat-1 también es un nanosatélite. Fue transportado por un cohete ruso,  que llevó provisiones a la Estación Espacial Internacional  (EEI), para ser lanzado a principios de febrero pasado.

“A partir de este proyecto empezamos, a su vez, a trabajar otros proyectos aeroespaciales”, comenta José Oliden, director del Centro de Tecnología de Información y Comunicación de la UNI (CTIC). De acuerdo con Oliden, el objetivo del proyecto fue fomentar el desarrollo de temas aeroespaciales y la preparación de recursos humanos en diferentes disciplinas. 

El Chasqui 1 tendrá la facultad de tomar fotos en baja resolución de la tierra y enviar algunas señales de parámetros satelitales. El proyecto de la UNI –que ha contado con la participación de más de 70 personas– ha sido apoyado por la Universidad Estatal del Suroeste de Rusia y ha servido para generar una gran cantidad de material académico. “Varias tesis de maestría, de bachiller y diferentes papers han resultado a raíz del proyecto”, indica José Oliden. El proyecto será monitoreado desde la CTIC en Lima. 

Tanto la UNI como la PUCP ya están desarrollando nuevos proyectos de satélites. Para José Oliden y Jorge Heraud, esas iniciativas son sólo el primer paso para, más adelante, desarrollar otros grandes proyectos o lanzar satélites más grandes y con mayores capacidades. Ambos expertos coinciden en que el aprendizaje durante ambos procesos de diseño y fabricación es el principal activo generado por los satélites. “Se ha obtenido una catarata de información”, resalta Heraud. Según el director del Inras, el país incluso podría en unos años especializarse en la fabricación de satélites pequeños. 

El Estado peruano también tiene planeado lanzar un satélite. Éste sería comprado en los siguientes meses. Según el ministerio de Defensa, el satélite que el Perú adquirirá próximamente permitirá capturar imágenes precisas para detectar campamentos o desplazamientos narcoterroristas. 

Sin embargo, el aparato tendría también usos civiles, como la prevención de desastres naturales, la protección del medio ambiente,  el análisis de la agricultura y de los recursos hídricos, entre otras funciones. 

Aún no se tiene fecha para la adquisición estatal. Para ello –según ha indicado el gobierno– el satélite debería tener la capacidad de transmitir imágenes en alta resolución. 

Sin embargo, –como señala el experto Daniel Díaz, de la UNI– sólo se podrán aprovechar de manera eficiente los datos del satélite estatal si se cuenta con una buena infraestructura de telecomunicaciones. Éste sería el mayor reto que tendría el Estado en este campo. 

Las universidades consideran muy importantes los pasos que se han dado hasta ahora en el campo aeroespacial. Sin embargo, enfatizan en que fabricar satélites más grandes (de telecomunicaciones o de observación) demoraría más de dos décadas.